Cuando el Canciller habla de una tasa de mortalidad infantil que pasó de 4,0 a 9,2 por cada mil nacidos vivos, no está citando una estadística fría: está poniendo sobre la mesa el costo humano de una política diseñada para quebrar un país desde sus servicios más sensibles.

Nueva York escuchó una advertencia, no una queja. Ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, Bruno Rodríguez Parrilla habló como Canciller, pero también como vocero de un país que sabe reconocer el ruido de los tambores antes de que empiece la guerra.

Estados Unidos vuelve a construir un expediente contra Cuba, y no lo hace solo con sanciones, ni solo con acusaciones judiciales, ni solo con discursos sobre «crisis humanitaria». Lo hace combinándolo todo. Washington aprieta el cuello económico de la Isla y acto seguido señala la falta de aire como prueba de fracaso. Finalmente, sugiere que la solución podría venir desde afuera, con la vieja receta del cambio de régimen envuelta en lenguaje humanitario.

El Canciller denunció la instrucción de cargos contra el General de Ejército Raúl Castro como un acto políticamente motivado, reactivado treinta años después no para buscar justicia, sino para fabricar clima. Comparó el cerco energético, por sus efectos, con un bloqueo naval: una forma de guerra que no necesita barcos frente a las costas si consigue impedir que lleguen a nuestro país combustible, transporte, electricidad, medicinas y vida cotidiana. El bloqueo no es una abstracción ideológica; se mide en apagones, hospitales tensionados, alimentos más caros, niños enfermos y familias exhaustas.

Y se mide, sobre todo, en vidas. Cuando el Canciller habla de una tasa de mortalidad infantil que pasó de 4,0 a 9,2 por cada mil nacidos vivos, no está citando una estadística fría: está poniendo sobre la mesa el costo humano de una política diseñada para quebrar un país desde sus servicios más sensibles.

Cuando señala que la expectativa de vida de niños enfermos de cáncer cayó de un 85 a un 65%, tampoco describe una fatalidad inevitable, sino el rostro más cruel de una asfixia que golpea donde más duele: en los hospitales, en los tratamientos, en las familias que esperan una medicina, un equipo funcionando, una oportunidad.

El cerco energético mata sin disparar, porque apaga máquinas, retrasa terapias, encarece cada urgencia y convierte la enfermedad en otro campo de batalla.

Washington castiga y luego acusa a Cuba de sufrir. Provoca el daño y después se presenta como soljución. Asfixia y luego habla de «crisis humanitaria». Esa es la ingeniería del pretexto que la condena internacional del Canciller llevó a Naciones Unidas.

La intervención tuvo también un destinatario fuera de la sala: el pueblo estadounidense. El Ministro pidió que no se dejen arrastrar por las élites que han convertido la hostilidad contra Cuba en negocio político. Les recordó que una guerra no la pagarían los estrategas de Miami ni los halcones de Washington, sino jóvenes estadounidenses y cubanos puestos a morir por una mentira.

Cuba volvió a decir que está dispuesta al diálogo, pero no a la rendición; a la cooperación, pero no a la tutela; a conversar con Estados Unidos, pero no bajo amenaza. La columna vertebral del discurso es que la soberanía no se negocia y si llega el momento que nadie desea, Cuba combatirá hasta las últimas consecuencias.

Fuente: Granma

La Bixa orellana es según Roig conocida en nuestro país como bija, achote o achiote. Este autor plantea que la planta resulta silvestre en algunos lugares de las montañas orientales, cultivada en el resto de la isla, en jardines, patios y fincas. En muchos lugares parece que se ha escapado del cultivo y se ha vuelto espontánea, principalmente en la región cafetalera de Oriente.

Esta especie arborescente pertenece a la familia de las bixáceas, su altura promedio es de entre dos y cinco metros, pero puede llegar hasta los diez. Posee una copa baja, frondosa y extendida. Aunque es originaria de América tropical, probablemente del suroeste de la Amazonia, se le encuentra de forma silvestre o cultivada desde México hasta Brasil y el norte de Argentina, así como en el Caribe insular. En la actualidad se presencia se ha extendido por las áreas tropicales y subtropicales de casi todo el mundo.

La cubierta resinosa y aceitosa de las semillas de la bija contiene un pigmento, el cual está formado fundamentalmente por bixina y otros apocarotenoides. El mismo tiene amplio uso como colorante alimentario. En nuestro país se lo conoce como bijol y se emplea en la cocción de arroz amarillo, sopas y guisos. Otros platos de la región donde se incluye son la hallaca venezolana, el locro carretero boliviano y la cochinita pibil o el mukbil pollo yucatecos. Además de su empleo en la cocina, los mayas y otros pueblos originarios de América Central y del Sur han aprovechado el pigmento de la planta como pintura corporal y facial para sus rituales religiosos.

Desde el punto de vista medicinal, la bija tiene documentadas varias aplicaciones. En diferentes textos sobre plantas medicinales de la región se hace referencia a los usos tradicionales de la planta, muchos de ellos con algún nivel de validación preclínico o clínico de su empleo. Una forma particular de uso es como repelente de mosquitos y otros insectos, lo cual se refiere como una aplicación común por los Tsáchilas de Ecuador.

Estas son algunas recetas recomendadas para aprovechar la bija con fines terapéuticos:

  • Decocción: Se pone a hervir medio litro de agua con una cucharada de semillas de bija durante quince minutos, en recipiente tapado. Luego de aparta del fuego, se refresca y se filtra. En caso de amigdalitis o dolor de garganta se emplea tres veces al día esta preparación para realizar gárgaras. En cuadros diarreicos se recomienda beber una taza, equivalente a 250 mililitros, tres veces al día.
  • Emplasto: Se aplica en el tratamiento de heridas, quemaduras e inflamaciones de la piel. Para su preparación se ponen a freír aproximadamente dos cucharadas rasas de semillas machacadas en cuarenta mililitros de aceite vegetal, se deja enfriar y se filtra. Luego de lavar adecuadamente la lesión con agua hervida y jabón, se aplica este preparado en cantidad suficiente sobre la piel de la zona afectada, se cubre con un apósito o paño limpio y se cambia cada doce horas.
  • Maceración: También se recomienda para uso externo, en caso de infecciones en la piel o como antiséptico vaginal. Con este fin se dejan macerar entre nueve y doce hojas estrujadas en un litro de agua durante la noche, luego se filtra y se aplica en forma de fomentos tres veces al día en la piel, o se realizan lavados vaginales con el preparado.

La planta tiene también registrados usos por vía oral. Entre ellos, destaca una importante actividad hipoglicemiante de los extractos acuosos. Además, tiene demostradas propiedades antibacteriana, antipalúdica, antioxidante, analgésica y antiinflamatoria.

En dosis habituales a la bija no se le han observado efectos tóxicos, tanto por vía tópica como oral. En cambio, su ingestión a dosis muy elevadas puede tener un efecto purgante, así como toxicidad hepática y pancreática, con aumento de la insulina en sangre. Se han descrito también respuestas anafilácticas a la planta. Según la tercera edición de la Farmacopea Vegetal Caribeña, no debe utilizarse la bija durante el embarazo, la lactancia ni en niños menores de 12 años.

Siempre es necesario tener en cuenta que con toda aplicación tópica es necesario seguir estrictas medidas higiénicas para impedir la contaminación del preparado y así se pueda provocar una infección sobreañadida.

De esta forma las semillas y las hojas de la bija, continúan siendo hoy de utilidad en la cocina y por sus propiedades medicinales. En el caso de su empleo por vía tópica, ofrece numerosos beneficios para el cuidado de nuestra salud… ¡desde lo natural!

Fuente: Cubadebate

mayo 28, 2026 | Mirta Nuñez Gudás | Filed under: Cuba, De la prensa cubana, Medicina Natural y Tradicional | Etiquetas: , , |

Se cumple el Aniversario 63 del inicio de la colaboración Médica Cubana constituida por la solidaridad, profesionalidad y entrega en 165 países del mundo.

Presidieron el acto el ministro de Salud Pública de Cuba José Angel Portal Miranda, Arelis Marrero Guerrero, vicejefa del Departamento de Atención al Sector Social, la Dra Yudixa Sarmiento, secretaria general del Sindicato de los Trabajadores de la Salud, la Dra. Gretza Sánchez Padrón, directora de la Unidad Central de Cooperación Médica, viceministros de salud y directivos de salud pública de Cuba.

La directora de la Unidad Central de Cooperación Médica, la Dra. Gretza Sánchez Padrón hizo uso de la palabra para referirse a la solidaridad que caracteriza a los médicos cubanos.

En el acto fueron entregadas de manos del ministro de Salud Pública de Cuba la medalla Jesús Menendez de Segundo Grado y la Medalla Piti Fajardo a destacados trabajadores del sector.

Además, la Central de Trabajadores de Cuba otorgó a la UCCM el sello conmemorativo 85 aniversario de la CTC como reconocimiento a su labor humanitaria.

La viceministra Primera de Salud la Dra. Tania Margarita Cruz Hernández comentó sobre los principales logros de la colaboración Médica Cubana entre ellos la ardua labor de la Brigada Henry Reeves.

Cumple 63 años la Colaboración Médica Cubana caracterizada por su labor inquebrantable y su compromiso con la vida. Los galenos protagonistas de esta celebración fueron homenajeados por llevar en alto la bandera de la estrella solitaria y demostrar que Cuba salva vidas.

Fuente: Radio Rebelde

mayo 28, 2026 | Mirta Nuñez Gudás | Filed under: Colaboración médica, Cooperación, Cuba, De la prensa cubana, Salud | Etiquetas: , , , |