May
26
La Habana, Cuba. – Con un variado cronograma, que abarca jornadas científicas, educativas y acciones de reconocimiento social, los profesionales de la Enfermería en Las Tunas se alistan para celebrar el venidero tres de junio, el Día de la Enfermería Cubana.
Jhoanys Diéguez, jefa de este departamento en el territorio, comentó que las actividades han abarcado también la conmemoración del Día Internacional de la Enfermería, el pasado 12 de mayo.
La jornada incluirá un simbólico intercambio de plantas entre enfermeros de toda la geografía tunera y una visita al Centro Médico Psicopedagógico para celebrar un cumpleaños colectivo con los pacientes.
Como antesala, el pasado 20 de mayo, los enfermeros tuneros protagonizaron una bicicletada, para patentizar su apoyo a la Revolución y al centenario del comandante en jefe Fidel Castro Ruz.
Fuente: Radio Reloj
May
19
Diálogo con la joven doctora en Ciencias Iliovanys Betancourt Plaza –directora del Hospital General Clínico Quirúrgico Docente Calixto García.
El diálogo con la joven doctora en Ciencias Iliovanys Betancourt Plaza –directora del Hospital General Clínico Quirúrgico Docente Calixto García-, resulta incluyente. Las sesiones preparatorias para la Convención de Enfermería, durante la jornada nacional de esta especialidad, resultó una de las prioridades en la institución que representa un referente en la atención dentro del sistema de atención pública cubana.
“La Enfermería resulta un eslabón imprescindible y fundamental en la Medicina. Son profesionales capaces de hacer ciencia trabajando. Esta jornada, en nuestra institución, tiene la característica de haber comenzado en la primera semana del mes de mayo con sesiones donde compartimos historias de vida de nuestros profesionales.
“Han sido capaces, desde sus puestos de labor, contribuir a resaltar la personalidad de Victoria Bru Sánchez, primera mártir de la enfermería cubana, quien se formó en nuestro hospital y fallece en el ejercicio de su actividad; mientras combatía una epidemia de influenza en la provincia de Cienfuegos, con solo 42 años de edad.
“Así dimos inicio a nuestra jornada. Con esa importante referencia histórica. La visión de cómo la enfermera Victoria actuaría en nuestros días. De esta manera, dedicamos a las ciencias médicas y de la Enfermería, los días 12, 13 y 14 de mayo. Comenzamos de lujo: pudimos visitar con un grupo de enfermeras y enfermeros destacados, el Centro Fidel Castro, lo cual devino un regalo porque nos dieron información relacionada con la presencia del Comandante en Jefe, en cada logro de la Salud Pública cubana.
“Tuvimos en cuenta exposiciones durante sesiones de conferencias y de servicios. Todas las tardes fueron dedicadas a realizar visitas de enfermeras a las salas en las cuales trabajan, para que la ciencia transforme, los métodos de asistencia de Enfermería y de docencia en sus puestos de trabajo. De esta manera, podrán mostrar los resultados de sus investigaciones y cómo –desde la perspectiva actual- las enfermeras logran en este difícil contexto (con limitaciones de recursos básicos debido al genocida bloqueo impuesto por el gobierno de Estados Unidos), tener un adecuado control de sus pacientes, garantizar y optimizar los recursos y medios técnicos disponibles, gestionar mejor el tiempo para atender mejor a los pacientes y ofrecer prácticas docentes.
“El día 14 concluimos con una Plenaria, en la cual realizamos una presentación para que cada enfermera del hospital presentara una diapositiva que pudiera explicar los procesos de cómo eran y actualmente cómo se realizan, desde su perspectiva, el seguimiento al paciente grave, la academia, cómo se desarrollan de acuerdo con las posibilidades de superación profesional disponibles, de las gestiones y protocolos de hermanamientos con otros centros hospitalarios para garantizar la continuidad del servicio. Nada de esto está escrito. Sin embargo, funciona esta gestión de asesoramiento e intercambios de conocimientos”.
Fuente: Tribuna
May
13
En el Día de la Enfermería, Granma se acerca a la labor de dos mujeres que son un canto a la solidaridad y al humanismo de la enfermería cubana
Con alguna estrella llamada Piedad deben haber nacido aquellas personas que llevan un fonendoscopio a cuestas y calientan el lecho de algún enfermo, si es que en verdad hay estrellas designadas al nacer.
En caso de que no sea cierto –eso de las estrellas– habría que adjudicar a la trillada del destino (hecho por uno o no) el mayor mérito. Pero como sabemos que vestir bata blanca es vocación, mejor que sean ellas las que cuenten.
Tiene 26 años de graduada como licenciada en enfermería, pero antes de llegar a ese camino, Yurizán Betancourt Curbelo soñaba con aguas de piscina y movimientos sincronizados. Luego estudió en el preuniversitario vocacional, en Holguín, «y ya me dirigí a ser enfermera porque me gustaba la cofia, el uniforme».
No fue un camino recto. Apenas con 18 años, recién graduada, entró a trabajar en terapia intensiva en la sala de pediatría, luego en neonatología. «Era mi primera experiencia como trabajadora. Todo era nuevo: la incisión del cordón, las vacunas, escuchar el primer llanto… La responsabilidad era mucha».
Pero lo suyo, confiesa, siempre fueron los cuidados intensivos. «Me llena de satisfacción ver que un paciente, que está grave, se rehabilite con mis cuidados».
Yurizán también pertenece a la brigada Henry Reeve, y explica que, en 2019, durante la pandemia de covid-19, su primera misión fue en México: «llegas con miedo a un país en el que los hospitales estaban saturados, la población con temor. Pero sentí fuerza para ayudar, para salvar vidas. Esa era mi premisa».
Luego, en 2021, partió para Venezuela, y permaneció cuatro años y medio. Allí fue enfermera intensivista, luego asesora nacional en uno de los estados y finalmente jefa de enfermeras en el Centro Integral de Alta Tecnología Salvador Allende, en Caracas.
Dice que ser enfermera es una profesión «muy sacrificada y muy humana. Ponemos la cofia en alto porque somos la mano derecha del médico y nos quedamos 24 horas al lado del paciente».
En cambio, la historia de Ruth Monier Morales en esta profesión empieza por una figura inspiradora debido a los muchos hospitales que visitó de niña: «en ese entonces veía a la enfermera como la figura insigne: la que hacía el chiste, la que te sonreía y la que te inyectaba. Entonces dije que iba a serlo también».
Y así fue. Se graduó en 1997, «en pleno periodo especial, entre apagones, dificultades para llegar a los laboratorios…, pero nos graduamos».
Su profesión transcurrió en el Instituto de Neurología, luego en cirugía y por último en Atención Primaria de Salud, que según comenta, es «lo mejor que pudo haberme pasado porque me enamoré del consultorio».
Ruth también recuerda con nitidez sus años en Venezuela, como parte de una misión internacionalista. Dice que en el lugar que estaban, «un lugar con bastante oposición, nos hicieron guerras de todo tipo. No nos ayudaban, no nos ponían oxígeno. Pero vimos personas de 70 y 75 años que nunca habían visto un médico y entendimos el porqué estábamos ahí».
Ruth y Yurizán son asesoras nacionales de Enfermería en el Ministerio de Salud Pública. Y aunque disfrutan liderar, lo que las define es su esencia de enfermera.
«Mi esposo dice que soy enfermera 24 horas. Tiendo la cama como enfermera, almuerzo como enfermera, vivo como enfermera. Y en el barrio, sigo siendo la enfermera de todos. Por eso, solo rectificaría una cosa: tener más pacientes», confiesa Ruth.
Y Yurizán remata: «Es una labor muy sacrificada. Hay que reconocerlo en el mundo». Así es. Reconocido queda.
Fuente: Granma
