Abr
29
Nuestro país escribió una de las páginas más bellas de solidaridad al acoger en su tierra desde 1990 hasta 2011 a más de 26 000 pacientes afectados por el accidente de Chernóbil para recibir tratamiento médico y rehabilitación como parte de un programa integral. Un estudio, divulgado a nivel internacional, revela con detalle los resultados de este programa.
Cuatro décadas han transcurrido desde aquel fatídico 26 de abril, día en el que aconteció el peor accidente nuclear de la historia. La explosión del reactor 4 de la central nuclear Vladímir Ilich Lenin, al norte de Ucrania, provocó uno de los grandes desastres medioambientales que el mundo ha sufrido y dejó importantes lecciones para la sociedad y la comunidad científica.
Luego del accidente varias organizaciones internacionales y países ofrecieron asistencia técnica y ayuda humanitaria inmediata. Cuba fue uno de ellos, y de manera ininterrumpida desde 1990 hasta 2011 organizó y desarrolló un programa de atención médica integral masivo y gratuito.
Digno de admiración es que siendo el nuestro un país pequeño y pobre, haya organizado un programa de asistencia médica de tal magnitud, que curó a miles de niños y que ha dejado una profunda huella, sobre todo en Ucrania.
Detalles y precisiones
La sede principal del programa fue el campamento infantil de verano situado en la playa de Tarará, al este de la capital cubana. En esta instalación de 11 km cuadrados, con residencias donde habitualmente radicaban los niños y sus acompañantes, funcionaban dos hospitales, una clínica estomatológica, un parque de ambulancias, un centro de elaboración de alimentos, un teatro, escuelas, varios parques y áreas de recreación, entre ellas dos km de playa y otras comodidades e instalaciones necesarias para cumplimentar el objetivo propuesto.
El doctor Julio Medina, Director del Programa y del Hospital Pediátrico de Tarará, y el Doctor en Ciencias Omar García Lima, investigador titular del Centro de Protección e Higiene de las Radiaciones (CPHR), —institución que realizó la evaluación del impacto radiológico del accidente en los niños atendidos en Cuba—, publicaron en el número 60 de la revista científica de la Agencia Nuclear Cubana, Nucleus los resultados finales de este programa.
Cuba ha presentado esta información en todos los eventos científicos significativos que sobre Chernóbil se han realizado en el mundo. También especialistas cubanos han integrado el comité organizador de algunos de estos eventos.
Precisaron los autores del artículo que en el programa se atendieron 26 114 personas, de las cuales 21 874 eran niños. El 86 por ciento de los pacientes recibidos fueron de Ucrania, el 11,2 por ciento de Rusia y el 2,8 por ciento de Bielorrusia, Armenia y Moldavia. Se atendieron además 53 pacientes relacionados con el accidente de Goiania en Brasil. El año de mayor número de pacientes atendidos fue 1991 con 1 415 casos.
El estudio arrojó que la mayoría de los pacientes eran portadores de más de una enfermedad crónica. El 96,4 por ciento de los niños recibieron atención estomatológica. Se trataron 122 casos de leucemia y se hicieron 6 trasplantes de medula ósea. Hubo 117 casos con tumores de ellos, el 90 por ciento malignos. Un total de 1 687 pacientes fueron operados y se efectuaron 2 trasplantes renales.
Se realizaron 174 992 estudios en laboratorio clínico, 15 937 estudios microbiológicos, 50 788 investigaciones imagenológicas y 5 937 estudios de otra índole.
Importante destacar que las alteraciones psicológicas se manifestaron sobre todo en la primera década como un estrés postraumático con ansiedad, depresión, sobre valoración de las pérdidas objetivas y subjetivas del desastre, llegando a tendencias inadecuadas en la formación de la personalidad, refieren.
El programa fue capaz de extender su experiencia, por lo que constituye un referente en lo relativo a la atención médica ante situaciones de desastre, gracias a la experticia y la dedicación de los trabajadores de los sectores de la salud y la ciencia de nuestro país.
En Cuba se hicieron estudios que permitieron medir la contaminación interna por Cesio 137 en más de 8 000 niños con edades entre 1 y 17 años y estimar las dosis de radiación que recibirían. El primer corte de estos estudios con 4 500 casos fue publicado por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), que organizó una reunión de expertos internacionales en Cuba para analizar los resultados obtenidos en la isla. Esta es la única ocasión en que este organismo internacional dedicó una publicación sobre Chernóbil a autores de un solo país.
Las dosis totales en los niños atendidos en Cuba fueron muy bajas y se situaron en el intervalo de las dosis ambientales. Se demostró que no causaban daños a los cromosomas ni al ADN, considerado el blanco principal de las radiaciones.
Aunque el programa fue creado para la atención de los niños de áreas afectadas por la catástrofe que requerían atención médica —y por ello, algunos debieron someterse a intervenciones quirúrgicas y otros procederes— también Cuba ofreció cobertura médica a algunos adultos que viajaron como acompañantes, puntualizaron los expertos.
Además, aseveran, como parte de esta ayuda humanitaria, una brigada médica cubana laboró en distintas ciudades de Ucrania y existió una representación de Medicuba con la misión de registrar medicamentos cubanos allí».
Se realizaron estudios retrospectivos en un grupo de 3 500 niños ucranianos, atendiendo a dos criterios de evaluación, tales como la contaminación interna medida en algunos de ellos, y en otros, la contaminación superficial de los territorios. A todos se les analizó el comportamiento de la morbilidad, el peso y la talla, el hemograma periférico y la hemoglobina, las hormonas T4, TSH y las frecuencias de hiperplasias tiroideas. Solo este último parámetro mostró una tendencia al incremento en relación con la contaminación interna y la de los territorios
Se realizaron, además, dos estudios biomédicos prospectivos, utilizando las aberraciones cromosómicas y los micronúcleos en los linfocitos de la sangre periférica. En uno, se analizó el comportamiento de estos dos indicadores en un grupo de 14 pacientes con padecimientos hematológicos y lo más significativo fue la detección del aumento de micronúcleos en un caso que presentaba una enfermedad de origen viral.
En el segundo estudio se analizaron 69 niños de distintas localidades, algunas afectadas directamente por lo ocurrido en Chernóbil y de Kiev, ciudad no contaminada. En todos los grupos las frecuencias de aberraciones cromosómicas fueron similares, lo que evidenció que los niveles de dosis recibidos por los niños en las localidades que fueron objeto de estudio, no indujeron la aparición de aberraciones cromosómicas.
Otros estudios revelan que no se produjeron alteraciones detectables en el ADN, lo cual es muy significativo porque el ADN es considerado el blanco principal sobre el que actúan las radiaciones.
Fuente: Juventud Rebelde
