El ministro de Salud Pública de Cuba, José Ángel Portal Miranda, recorrió diversas instituciones sanitarias en la provincia de Santiago de Cuba durante su visita al territorio para participar en el desfile por el Primero de Mayo, constatando amplios procesos de rehabilitación estructural en varios centros hospitalarios.

En el Hospital General Dr. Juan Bruno Zayas Alfonso, el ministro intercambió con el equipo de dirección y visitó el servicio de Neurología, reabierto luego de una profunda reparación. Durante el recorrido, Portal Miranda conversó con pacientes y familiares sobre la atención que allí reciben.

Asimismo, el titular de Salud estuvo en el Hospital General Saturnino Lora, donde llegó hasta la sala de Medicina Interna, que próximamente comenzará a brindar servicios tras un amplio proceso de rehabilitación.

En el Hospital Infantil Sur, el ministro recorrió las salas de Respiratorio A y B, puestas en funcionamiento recientemente después de ser beneficiadas con una profunda reparación de sus diferentes áreas.Portal Miranda destacó que los servicios que allí se ofrecen tienen elevada importancia y sensibilidad para los santiagueros.

Además, realizó una visita a la Universidad de Ciencias Médicas, donde dialogó con el Consejo de Dirección y representantes de la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM), la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y la Unión de Jóvenes Comunistas en el centro.

Entre otras acciones evaluadas durante el encuentro, figuran el desarrollo del trabajo comunitario de los estudiantes, así como la marcha de la descentralización de la docencia y otras medidas implementadas para garantizar la continuidad del proceso docente ante la actual contingencia energética.

Portal Miranda concluyó afirmando que el pueblo cubano puede tener la certeza de que, aun en condiciones adversas, los trabajadores de la Salud seguirán cumpliendo su misión con responsabilidad, sensibilidad y sentido del deber.

Fuente: Cubadebate

El teléfono suena a las dos de la madrugada. Yohima lo agarra antes de que el timbre complete el primer ciclo. Del otro lado, una madre que acaba de perder a su hija. La niña había aprendido a esperar a que su mamá se durmiera para llamar a la doctora en secreto. “Y preguntarme qué otras cosas podía tomar para aliviar el dolor sin preocupar a su mamá”, recuerda Yohima.Esa llamada, la más difícil de su carrera, no la olvida.

Yohima Rubio Nerey es especialista en oncología y jefa del servicio de Oncopediatría del Hospital Infantil Sur de Santiago de Cuba, un centro regional que atiende las provincias de Santiago de Cuba, Granma y Guantánamo. Llegó casi por accidente, seducida por un profesor que se vestía de payaso para pasar visita, él se dio cuenta de que con ese disfraz lograba cosas en los niños que antes no lograba, un examen, una medicación… “Él vio en mí quizás la posibilidad de continuar su trabajo”, reflexiona.

No imaginaba entonces que su vida se debatiría en la frágil brecha entre ser madre y ser médico de niños. “No hay manera de cambiarse el atuendo y dejar de ser madre para empezar a ser médico”, confiesa. El límite se difumina a menudo, incluso, “resulta inevitable cuando los hijos nuestros se enferman, lo primero que uno piensa ¿será alguna enfermedad maligna?”. Es un trabajo muy difícil, “sin embargo, yo creo que sin mi familia no hubiera podido llevar este trabajo. Porque podemos estar teniendo un día de familia, incluso, puede ser el día de las madres, podemos estar haciendo actividades de familia y recibir la llamada de uno de mis pacientes o de sus padres porque mis pacientes tienen mi número de teléfono y constituye para mi familia como para mí una prioridad”.

Trabajar aquí, explica, “es muy complicado”. No solo por la enfermedad en sí —“el cáncer pediátrico es la primera causa de muerte en la infancia”— sino por todo lo que la rodea. “Nosotros, como cubanos al fin, tenemos apagones, resulta difícil elaborar los alimentos en casa, estamos agotados por el diario, el transporte es complejo”. Y luego llegan al hospital, y desde el largo pasillo los recibe un niño con un abrazo, devolviéndole el sentido a todo, “y entonces a pelear por ello”.

Pero pelear, en este rinconcito de Oriente, es un acto de ingeniería emocional y logística desgastante. “Hay dificultades con los medicamentos, por el bloqueo”, y lo dice con tal naturalidad que parece quebrar el cerco con su expresión. Yohima acota sin eufemismos: “hay medicamentos que son difíciles de adquirir o que son escasos. Hay otros que ni siquiera podemos adquirirlos porque la materia prima es de Estados Unidos”. Así, lo que debiera ser la primera línea de tratamiento, y los cuidados paliativos “no lo podemos aplicar”.

Las carencias se encadenan como una madeja asfixiante. El combustible no alcanza para los grupos electrógenos, y la sala de quimioterapia —que debe mantenerse hermética— se queda sin aire acondicionado. “Los niños que tienen quimioterapia puesta tienen calor”, describe. “Y aunque tú abras una ventana, no circula porque la sala es hermética”. Los refrigeradores que conservan los medicamentos peligran con cada corte eléctrico.

Luego está el traslado. “Desde Baracoa hasta aquí, desde San Luis hasta aquí, desde Guantánamo hasta aquí”. Los estudios de inmunohistoquímica hay que mandarlos a La Habana. Las tomografías, a Las Tunas: “Cuatro horas de camino por carreteras que no están en buen estado”. En una ocasión, tres pacientes salieron de madrugada, llegaron, y “hubo una caída del servicio eléctrico nacional que duró días. No se pudo realizar la prueba” y regresaron sin las imágenes. “No hay combustible”, reitera.

“Se pasa mucho miedo”, admite. “Miedo de no poder, de no estar a tiempo, perder más días… Nos atemoriza. Se pierde la efectividad del tratamiento”.

Pero Yohima no se queda en el lamento. Su voz se tensa, se vuelve precisa.

“Independientemente de todas las cosas difíciles que pasamos, como todo buen cubano, tenemos el latido cardíaco, los conocimientos. Y las emociones no necesitan combustibles, no necesitan petróleo para funcionar”.

Y entonces muestra con orgullo y alivio las paredes de su oficina. Equipada con lo necesario para pernoctar. Este espacio pequeño y cálido tiene algo que ningún bloqueo puede frustrar: una galería infantil. “Los niños, al llegar aquí, no querían cruzar el umbral de la puerta”, recuerda. Una compañera tuvo la idea de distraerlos con dibujos. “Se nos fueron acumulando y fuimos pegando los dibujos en la pared, algunos que no tenían color, los coloreábamos”. Los niños volvían y veían su obra, los motivaba y querían traer otro. “La idea es que vayan haciendo de este lugar un lugar de ellos, donde todo está bien, donde todo es seguro”.

También está la campana, idea en la que fueron pioneros en Cuba. Al final de la quimioterapia, el niño recorre el pasillo mientras las otras madres y los otros niños aplauden. Suena la campana. “Es increíble el efecto”, dice Yohima, y se le quiebra algo en la voz. “Nosotros vemos pasar imágenes por delante: cómo llegaron, cada cosa que pasaron, cada etapa… y llegaron hasta ese punto. Sabe bien”.

Recuerda entonces a una niña de tres años. La pequeña la sostuvo de la mano en su lecho final y le dijo: “Cuando yo sea grande, quiero ser tú”. Yohima le preguntó si quería ser médico. “No”, respondió la niña, “quiero ser tú”.

“Eso hace que aparquemos los temores”, dice Yohima, y el silencio que deja es más elocuente que cualquier denuncia. Porque el bloqueo no es solo una política. Es la madre que no puede estar con su hijo porque trabaja, es la abuela que cuida, es la electricidad que no llega, es el medicamento que no existe. Pero también es esta mujer que, cuando suena el teléfono un domingo, en medio del día de la madre, “se detiene el mundo”.

“No importa las papeletas que tenga por ganar o no”, sentencia. “Vamos con toda la fuerza a tratar de pelear sin hacerles daño.

“Y sí, perdemos a algunos niños pero también salvamos a muchos niños”. Nosotros vamos con toda la fuerza a tratar de pelear sin hacerles daño, sin ir más allá de lo que es permitido, sin exagerar, sin sobretratar cuando no hay criterio de hacerlo, le vamos con todo”.

“Tratamos de salvarlos de la enfermedad, y si eso no es posible, al menos que vivan con calidad, sin dolor. Y una cosa que siempre hacemos, independientemente de cualquier cosa, es acompañar”.

Fuente: Cubadebate

mayo 5, 2026 | Mirta Nuñez Gudás | Filed under: Cuba, De la prensa cubana, Oncología, Santiago de Cuba | Etiquetas: , , , |
Una delegación del Ministerio de Salud Pública de Cuba desarrolló una visita de trabajo a Brasil, donde tuvo encuentros con autoridades anfitrionas y organismos internacionales para ampliar la cooperación que existe hoy en este sector.

Según publicaciones en la red social X del embajador de la isla caribeña en el país sudamericano, Víctor Cairo, la agenda incluyó una reunión con el ministro brasileño de Salud, Alexandre Padilha.

Durante ese encuentro, precisó el diplomático, la parte cubana actualizó al titular acerca del negativo impacto del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos, al cual calificó de genocida.

También, agradeció los donativos de medicamentos realizados por el Gobierno brasileño a Cuba, víctima en la actualidad de un cerco energético norteamericano.

Cairo informó en la misma plataforma de microblogging sobre un diálogo con la representación de la Organización Panamericana de la Salud en Brasil.

Asimismo, se refirió a una “fructífera reunión del Comité Gestor Binacional Brasil-Cuba de Ciencia, Tecnología e Innovación y del Complejo Económico Industrial de la Salud”.

Ese encuentro, expuso, contribuyó a la profundización de las relaciones bilaterales entre ambos países.

Fuentes oficiales reconocen que la cooperación bilateral en el ámbito sanitario tiene antecedentes significativos, que incluyen la labor de profesionales cubanos en Brasil y acciones a favor de garantizar acceso a medicamentos y tecnologías.

Fuente: Prensa Latina

mayo 4, 2026 | Mirta Nuñez Gudás | Filed under: Bloqueo, Ciencia y Tecnología, Colaboración, Cuba, De la prensa cubana | Etiquetas: |