May
13
En el Día de la Enfermería, Granma se acerca a la labor de dos mujeres que son un canto a la solidaridad y al humanismo de la enfermería cubana
Con alguna estrella llamada Piedad deben haber nacido aquellas personas que llevan un fonendoscopio a cuestas y calientan el lecho de algún enfermo, si es que en verdad hay estrellas designadas al nacer.
En caso de que no sea cierto –eso de las estrellas– habría que adjudicar a la trillada del destino (hecho por uno o no) el mayor mérito. Pero como sabemos que vestir bata blanca es vocación, mejor que sean ellas las que cuenten.
Tiene 26 años de graduada como licenciada en enfermería, pero antes de llegar a ese camino, Yurizán Betancourt Curbelo soñaba con aguas de piscina y movimientos sincronizados. Luego estudió en el preuniversitario vocacional, en Holguín, «y ya me dirigí a ser enfermera porque me gustaba la cofia, el uniforme».
No fue un camino recto. Apenas con 18 años, recién graduada, entró a trabajar en terapia intensiva en la sala de pediatría, luego en neonatología. «Era mi primera experiencia como trabajadora. Todo era nuevo: la incisión del cordón, las vacunas, escuchar el primer llanto… La responsabilidad era mucha».
Pero lo suyo, confiesa, siempre fueron los cuidados intensivos. «Me llena de satisfacción ver que un paciente, que está grave, se rehabilite con mis cuidados».
Yurizán también pertenece a la brigada Henry Reeve, y explica que, en 2019, durante la pandemia de covid-19, su primera misión fue en México: «llegas con miedo a un país en el que los hospitales estaban saturados, la población con temor. Pero sentí fuerza para ayudar, para salvar vidas. Esa era mi premisa».
Luego, en 2021, partió para Venezuela, y permaneció cuatro años y medio. Allí fue enfermera intensivista, luego asesora nacional en uno de los estados y finalmente jefa de enfermeras en el Centro Integral de Alta Tecnología Salvador Allende, en Caracas.
Dice que ser enfermera es una profesión «muy sacrificada y muy humana. Ponemos la cofia en alto porque somos la mano derecha del médico y nos quedamos 24 horas al lado del paciente».
En cambio, la historia de Ruth Monier Morales en esta profesión empieza por una figura inspiradora debido a los muchos hospitales que visitó de niña: «en ese entonces veía a la enfermera como la figura insigne: la que hacía el chiste, la que te sonreía y la que te inyectaba. Entonces dije que iba a serlo también».
Y así fue. Se graduó en 1997, «en pleno periodo especial, entre apagones, dificultades para llegar a los laboratorios…, pero nos graduamos».
Su profesión transcurrió en el Instituto de Neurología, luego en cirugía y por último en Atención Primaria de Salud, que según comenta, es «lo mejor que pudo haberme pasado porque me enamoré del consultorio».
Ruth también recuerda con nitidez sus años en Venezuela, como parte de una misión internacionalista. Dice que en el lugar que estaban, «un lugar con bastante oposición, nos hicieron guerras de todo tipo. No nos ayudaban, no nos ponían oxígeno. Pero vimos personas de 70 y 75 años que nunca habían visto un médico y entendimos el porqué estábamos ahí».
Ruth y Yurizán son asesoras nacionales de Enfermería en el Ministerio de Salud Pública. Y aunque disfrutan liderar, lo que las define es su esencia de enfermera.
«Mi esposo dice que soy enfermera 24 horas. Tiendo la cama como enfermera, almuerzo como enfermera, vivo como enfermera. Y en el barrio, sigo siendo la enfermera de todos. Por eso, solo rectificaría una cosa: tener más pacientes», confiesa Ruth.
Y Yurizán remata: «Es una labor muy sacrificada. Hay que reconocerlo en el mundo». Así es. Reconocido queda.
Fuente: Granma
May
13
Hay imágenes que no necesitan explicación, pero sí merecen una historia. Cada día, quienes visitan el Hospital Provincial Clínico Quirúrgico Docente Faustino Pérez de Matanzas se topan con una valla de grandes proporciones donde un rostro sostiene, sin palabras, el peso simbólico de toda una profesión. Esa mujer de mirada serena y bata impecable, la primera a la izquierda, no es modelo anónima ni metáfora publicitaria: se llama Alianny Miranda Ceballos y representa, literal y profundamente, a las enfermeras de su institución. Mas, lo que la lona no revela es que detrás de esa imagen fija hay una vida en movimiento perpetuo, partida entre pasillos de hospital, aulas universitarias y la huella imborrable de una misión más allá de las fronteras.
Llega el Día Internacional de la Enfermería, y con él la oportunidad de escuchar voces que suelen quedar detrás del telón asistencial. Conversar con Alianny es intentar hallar a la persona que palpita bajo el símbolo; explorar sus batallas, sus motivaciones. Porque, si una valla nos recuerda lo visible, esta entrevista pretende alumbrar lo invisible: todo aquello que convierte a una enfermera en referente de una de las profesiones más humanas que existen.
—¿Cómo nació su vocación por la Enfermería? ¿Hubo algún momento o persona que la inspirara a elegir este camino?
—Mi vocación por la Enfermería nació desde muy joven, motivada por el deseo de ayudar a las personas y aliviar el sufrimiento humano. Siempre admiré la sensibilidad y entrega de las enfermeras que conocí durante mi infancia. Además, tuve familiares vinculados al sector de la Salud que influyeron mucho en mi decisión. Más que una profesión, entendí desde temprano que la Enfermería es una manera de servir y acompañar a los demás en momentos muy difíciles de sus vidas.
—Usted no solo se desempeña en la asistencia, sino que también ejerce la docencia. ¿Qué la motivó a formar a las nuevas generaciones y cómo logra el equilibrio entre el aula y el servicio?
—La docencia llegó como una extensión natural de mi profesión. Sentí la necesidad de transmitir experiencias, conocimientos y valores a las nuevas generaciones de enfermeros. Formar profesionales humanos y comprometidos también es una forma de cuidar. Lograr el equilibrio entre el aula y la asistencia no siempre es fácil, pero ambas funciones se complementan: lo que vivo en el servicio enriquece mis clases, y la enseñanza me obliga a mantenerme actualizada y crecer constantemente.
—La maternidad y la Enfermería tienen algo en común: ambas requieren amor, entrega, paciencia y sacrificio. Conciliar los tiempos no siempre resulta sencillo, porque nuestra profesión demanda mucho, física y emocionalmente. Sin embargo, mi hija ha aprendido a comprender la importancia de mi trabajo y se siente orgullosa de él. Siempre intento dedicarle tiempo de calidad y enseñarle valores como la sensibilidad y la solidaridad. No sé si seguirá mis pasos, pero sí deseo que crezca admirando el valor de servir a los demás.
—Cada 12 de mayo se celebra el Día Internacional de la Enfermería. ¿Qué significado personal y profesional tiene para usted esta fecha?
—Es una fecha que reconoce el esfuerzo silencioso de miles de profesionales que dedican su vida al cuidado. También es un momento para reflexionar sobre la responsabilidad y el compromiso que implica nuestra profesión. Más que una celebración, lo vivo como un homenaje a la vocación, la entrega y la resiliencia de las enfermeras y enfermeros.
—Su rostro aparece en una valla a la entrada del Faustino. ¿Qué sintió la primera vez que se vio allí y qué cree que simboliza ese homenaje para todas las enfermeras de la institución?
—La primera vez que me vi en esa valla sentí una mezcla de orgullo, emoción y también mucha responsabilidad. Más allá de lo personal, considero que ese homenaje representa a todas las enfermeras de nuestra institución; a esas que día y noche trabajan con sacrificio y amor, muchas veces sin visibilidad. Creo que simboliza el reconocimiento a una profesión imprescindible dentro del sistema de Salud cubano y universal.
—Como segunda jefa del Departamento de Enfermería de este hospital, ¿cuáles son sus principales responsabilidades y los mayores desafíos que enfrenta en la gestión diaria de un centro tan grande y con las numerosas carencias del sistema de Salud cubano?
—Mis responsabilidades incluyen la organización y supervisión del personal, la calidad de los cuidados, la formación continua y el acompañamiento a los equipos de trabajo. Uno de los mayores desafíos es mantener la calidad asistencial en medio de las limitaciones materiales y las carencias. Aun así, el compromiso humano y profesional de nuestros enfermeros permite sostener la atención a los pacientes con dignidad y sensibilidad.
—Usted cumplió misión internacionalista. ¿Cuáles fueron las experiencias humanas o profesionales que más la marcaron?
—Fue una oportunidad para crecer, conocer otras realidades y reafirmar el valor humano de la Enfermería cubana. Vivir lejos de la familia y enfrentar contextos diferentes implicó grandes retos, pero también dejó experiencias muy enriquecedoras y recuerdos imborrables relacionados con la solidaridad y el agradecimiento de los pacientes.
—¿Qué aprendizajes trajo de aquella misión y hoy aplica en su trabajo cotidiano, tanto en el cuidado directo a los pacientes como en el aula?
—De la misión aprendí a trabajar con mayor capacidad de adaptación, disciplina y sensibilidad. Aprendí que, incluso en condiciones difíciles, siempre es posible brindar cuidados con calidad y empatía. Esos aprendizajes los aplico a diario, enseñándoles a mis estudiantes que el conocimiento técnico debe ir siempre acompañado de humanismo.
—En todos estos años de entrega, ¿cuáles considera que han sido los mayores retos profesionales a los que se ha enfrentado y qué herramientas le permitieron superarlos?
—Los mayores retos han estado relacionados con asumir responsabilidades de dirección, enfrentar situaciones complejas dentro de los servicios y trabajar durante etapas muy difíciles para el sistema sanitario, en especial después de la pandemia. Para superar esos desafíos han sido fundamentales la preparación constante, el trabajo en equipo, la disciplina, la empatía y, sobre todo, el amor por la profesión.
—Como líder y profesora, ¿qué mensaje le gustaría dejar a los estudiantes de Enfermería que usted forma a diario; a esos que están dando sus primeros pasos?
—Que nunca pierdan la sensibilidad. La Enfermería no es solamente aplicar tratamientos o realizar procedimientos; es acompañar, escuchar, aliviar y brindar esperanza. Les aconsejo estudiar mucho, prepararse de manera constante y ejercer siempre con ética, responsabilidad y amor. Cada paciente merece ser tratado con dignidad y respeto.
—Por último, en el marco de este Día Internacional de la Enfermería, ¿qué valor o cualidad de las enfermeras y enfermeros cubanos desearía que la sociedad reconociera y apreciara más?—Me gustaría que la sociedad reconociera más la capacidad de sacrificio y la sensibilidad de las enfermeras y enfermeros cubanos. Detrás de cada guardia, de cada madrugada y de cada cuidado, existe una enorme entrega emocional y profesional. A pesar de las dificultades, seguimos trabajando con compromiso, vocación y amor por la vida.
Fuente: Girón
May
13
En reunión encabezada por las principales autoridades del Partido y el Gobierno en la provincia de Matanzas se chequeó la situación del sistema de Salud en el territorio, uno de los sectores más afectados por las consecuencias del bloqueo económico y con un impacto directo en la calidad de vida de la población.
Durante la cita se conoció que hoy no existe transmisión de arbovirosis en la provincia; sin embargo, persisten los brotes de hepatitis en Matanzas y Cárdenas, municipios con un escenario complejo debido a la situación existente con el abasto de agua y las irregularidades en la recogida de desechos.
El doctor Andrés Lamas Acevedo, director del Centro Provincial de Higiene, Epidemiología y Microbiología (CPHEM), expuso que hoy los febriles descienden, las enfermedades respiratorias se encuentran en zona de seguridad, mientras que las diarreicas tampoco representan un problema en la actualidad.
Asimismo, Mario Sabines Lorenzo, primer secretario del Partido en la provincia, insistió en la necesidad de adoptar medidas tempranas para evitar que con la llegada de las lluvias y las altas temperaturas se reproduzca el mosquito y exista un aumento de las enfermedades provocadas por este peligroso insecto.
Especialistas del CPHEM señalaron que, como medidas preventivas, durante los meses de mayo y junio se desarrollará la abatización del universo urbano; también se realizará tratamiento adulticida y próximamente el territorio contará con 25 bazucas con aditamentos para fumigar a base de agua.
De igual manera se informó que fueron asignadas cuatro nuevas ambulancias, lo que dejaría a la provincia en mejores condiciones para el traslado de los pacientes.
Se planteó, además, que hoy en centros asistenciales como el Hospital Pediátrico Provincial Eliseo Noel Caamaño y el Hospital Clínico Quirúrgico Faustino Pérez se implementa la telemedicina, valiosa herramienta que, a partir de las tecnologías de la información y las comunicaciones, propicia la interacción en tiempo real con especialistas de otros centros de Cuba.
También se analizó el Programa Materno Infantil y los esfuerzos que se realizan para atender a las embarazadas en cada municipio y eliminar factores de riesgo.
Trascendieron en este escenario preocupaciones relativas a la transportación de los trabajadores de la Salud hacia los diferentes centros asistenciales, la necesidad de mejorar la alimentación en los hospitales y la urgencia de buscar alternativas para garantizar la limpieza de los mismos.
Sabines Lorenzo enfatizó en la necesidad de trabajar ajustados al contexto actual, marcado por el déficit de combustible, sin descuidar el buen trato al paciente y la calidad en los diferentes servicios que brinda el sistema de salud.
Fuente: Girón
