Algunas evidencias sobre este patógeno, altamente transmisible, apuntan a que se trata de un virus sistémico, que muta, y en cuya detección temprana radica buena parte del éxito en su tratamiento.

Aunque todavía son disímiles las interrogantes que acompañan al virus SARS-CoV-2, causante de la COVID-19, su enfrentamiento en Cuba durante más de 16 meses permite identificar algunas certezas sobre esta pandemia.

1. Se trata de un virus sistémico, que muta.

De acuerdo con un trabajo publicado recientemente en el sitio web del Ministerio de Salud Pública (Minsap), algunas evidencias sobre este patógeno, altamente transmisible, apuntan a que se trata de un virus sistémico, que muta, y en cuya detección temprana radica buena parte del éxito en su tratamiento.

2. La COVID es una enfermedad viral que funciona por fases

En la publicación citada, el doctor Narciso Argelio Jiménez Pérez, especialista en Medicina Interna, Intensiva y Emergencia, e infectólogo del Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK), llamó la atención sobre las modificaciones en la evolución de los pacientes.

La COVID-19, dijo, «es una enfermedad viral que funciona por fases, es decir, tiene una primera semana que se conoce como de replicación viral o infección temprana y luego viene otra semana donde aparece la neumonía, las complicaciones y la gravedad.

3. Es importante mantener la vigilancia alrededor del octavo día de contagio

«Teníamos marcado que alrededor de los ocho días las personas infectadas que iban a presentar una peor evolución comenzaban con disnea, saturación de oxígeno, además de los síntomas habituales. Para los 10 días se trasladaban a terapia intensiva con una respuesta inflamatoria exacerbada y a las 48 horas iniciaban con ventilación mecánica. Sin embargo, ese orden cronológico se ha modificado», señaló el doctor.

«Hemos tenido pacientes que al día 13 o 14 –cuando se supone que el organismo realizó la seroconversión al desarrollar anticuerpos contra el virus–transitan hacia formas graves de manera tardía, por lo que no tienen un comportamiento igual y el virus se replicó más en ellos, de ahí que su evolución sea menos favorable», añadió.

4. Es complicado de diagnosticar solo por las manifestaciones clínicas en un paciente

Jiménez Pérez explicó que el diagnóstico de un paciente de COVID-19 por sus manifestaciones clínicas resulta complicado y, si se piensa solo en manifestaciones respiratorias, se dejarían de detectar muchos casos.

Agregó que, «hay personas que solo manifiestan mareos y diarrea antes de la fiebre, mientras que otros pueden tener escalofríos, dolor de garganta o lesiones en la piel.

«Una investigación realizada en el IPK –para medir el impacto del coronavirus en egresados de la institución– evidenció que el 47 % de los pacientes tuvieron un patrón maculopapular (conocido como rash y parecido al del dengue), que puede aparecer hasta tres semanas después de la infección».
Por eso tan importante confirmar con un test de antígeno, o PCR.

5. Puede afectar varios órganos

El estudio de la enfermedad también ha demostrado que el SARS-CoV-2 está presente en muchos órganos, si bien las manifestaciones respiratorias son las más comunes.

6. Más del 80 % de los infectados eliminan el virus, pero también deja secuelas

Jiménez Pérez señaló que, «a pesar de que más del 80 % de los infectados eliminan el virus de su organismo, muchos llegan a la convalecencia manteniendo síntomas de la enfermedad y secuelas tanto neurológicas, pulmonares, cardiovasculares, renales y psicológicas que pueden extenderse durante seis meses o por más de un año».

7. La reinfección pudiera ser posible

Además, hay hallazgos científicos sobre la posibilidad de las personas recuperadas de reinfestarse, riesgo que aumenta con la aparición de nuevas variantes genéticas, entre las que figuran la Beta y Delta, que son más transmisibles y provocan cuadros más graves de la enfermedad, lo que pudiera explicar los fallecimientos de personas jóvenes y sin comorbilidades.

La reinfección puede ocurrir como mínimo a los tres meses de padecerlo y no es el caso de los PCR persistentes.

8. Los PCR persistentes tienen una explicación lógica.

Una persona puede tener un primer PCR evolutivo negativo, luego realizarse otro y encontrarse positivo y resulta normal, pues esas pruebas detectan ácidos nucleicos del virus y la media de negativización es 21 días. Para considerarse un PCR como persistente debe mantenerse por periodo superior a ese tiempo.

9. Las mejores barreras son las medidas ya conocidas

No obstante, reiteró que, si bien estas variantes pueden ser muy virulentas, si se cumple con el uso correcto de la mascarilla sanitaria y las medidas higiénicas y de distanciamiento, es más difícil que se propague porque existen barreras de contención.

10. La detección temprana de la enfermedad es determinante en su evolución.

Es determinante, consideró, acudir a las instituciones de salud ante cualquier síntoma, pues en el desarrollo de una enfermedad infecciosa influyen muchos factores: el agente, el estado de la persona, sus comorbilidades y las circunstancias ambientales y socioeconómicas que ubican a los pacientes en una posición de ventaja o desventaja.

agosto 10/2021 (Granma)

agosto 11, 2021 | Maria Elena Reyes González | Filed under: De la prensa cubana | Etiquetas: , , , , , , , , |

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