Cienfuegos, 30 oct (ACN) Cuando la COVID-19 despuntó en las montañas, un baluarte en su enfrentamiento fue el servicio médico rural de Cuba que ya llevaba sesenta años de prestaciones a los pobladores del lomerío, entre estos los que habitan la serranía de la provincia de Cienfuegos.

En enero de 1960, a un año solamente del triunfo de la Revolución Cubana, ya el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz había puesto recursos y medios para llevar la salud a lugares donde las personas nunca antes habían recibido atención médica, y por ello comenzaron a construir hospitales rurales y consultorios dotados de médicos, enfermeras y técnicos.

El hospital rural de San Blas, es un vivo ejemplo de esa pujanza que nacía en las laderas de las montañas del municipio de Cumanayagua en territorio cienfueguero, incluso bajo la amenaza de bandas contrarrevolucionarias que operaban en el Escambray para intentar derrocar al naciente socialismo del Caribe.

Quienes visitan ese emporio médico se sorprenderán de encontrar ahora en el corazón de la serranía todos los servicios médicos, inclusos algunos considerados de lujos como la atención logopeda dada por expertos en la materia, nada menos que a más de 600 metros de altura sobre el nivel del mar.

Además de un pequeño hogar materno donde las embarazas son ingresadas, aunque estén sanas, solo por sufrir el riesgo geográfico, que consiste en vivir en zonas de difícil acceso.

Salones de rehabilitación “con todo lo de la ley”, como diría cualquier guajiro, están a disposición de la población serrana, en una asistencia rural que ha continuado creciendo a la par de la Revolución Cubana, con logros como cero mortalidad infantil por varios años.

Entonces, en el 2021 fue que la COVID-19 subió a las lomas y se encontró un sistema organizado, entrenado, preparado para enfrentar enfermedades tradicionales, la asistencia en medio de desastres naturales, sean tormenta o ciclones, y hasta epidemias.

Según el anuario estadístico de 2018, la población rural de Cumanayagua alcanza más de 16 mil 300 habitantes, de estos 10 mil 400 son atendidos por el hospital de San Blas, donde solo 600 personas resultaron positivas a la COVID -19 durante el pico pandémico, según refiere el sitio digital de la radio local.

El doctor Edel Balvieri Echevarría, director del hospital de montaña, explicó que las comunidades más comprometidas fueron La Sierrita, Arimao, Camilo Cienfuegos y San Juan, donde tuvieron que aplicar cuarentena para evitar la expansión del brote hacia otros poblados aledaños.

Por culpa del virus del SARS-CoV-2 tuvieron que lamentar el fallecimiento de una gestante de 26 años, primera muerte materna en el PlanTurquino después de 35 años sin presentar decesos en el grupo de embarazadas.

Dijo el especialista que, durante la compleja situación presentada en los meses de julio y agosto del presente año, en el cual el municipio de Cumanayagua tuvo una gran alza de casos positivos, en San Blas mantuvieron algunos servicios básicos para la población como los rayos X, los análisis de laboratorio y las consultas multidisciplinarias.

Recientemente, con la vacunación los habitantes de la serranía -niños y adultos- recibieron los fármacos, ciento por ciento cubano, con la alegría propia de una gran fiesta, porque a lomo de caballo, en burros, por los trillos, la gente caminó kilómetros para llegar a los vacunatorios y recibir las dosis de la inmunización.

Hay que ir a San Blas, no solo a respirar aire puro y apropiarse del verdor de la exuberante vegetación, sino a palpar cuanto ha logrado la salud rural en más de seis décadas, una verdad que por cotidiana los beneficiados no la ven como noticia.

Solo imaginen ¿qué hubiera ocurrido si la COVID-19 encuentra a esos asentamientos sin asistencia médica de ningún tipo?, como estaban las montañas de Cienfuegos, y de toda Cuba hasta diciembre de 1958, cuando gobernaba el tirano Fulgencio Batista.

La enfermera Ana María García Jáuregui, conocida por Macusa, contó a la Agencia Cubana de Noticias sobre sus recuerdos, y las transformaciones en esas comunidades. donde antes del triunfo de la Revolución, solo había un boticario en la localidad de Cumanayagua, quien recetaba los medicamentos, pero arriba en las lomas no había ningún servicio, por ello morían tantas personas, sobre todo niños.

Indicó que con 18 años comenzó a trabajar de enfermera en el policlínico de San Blas, donde en principio solo había un médico de La Habana y dos “seños”.

Macusa permaneció 43 años allí, y confirmó que, de los primeros pocos profesionales en el hospitalito rural, la cifra creció tanto, pues al jubilarse dejó unos 375 trabajadores, entre ellos 25 médicos y otro grupo de enfermeras y técnicos, quienes brindaban atención en el propio policlínico y en los 18 consultorios diseminados en la pre-montaña y en esa serranía.

De modo que el servicio rural de salud en la intrincada geografía de Cienfuegos, es una larga historia escrita por tantas mujeres y hombres de batas blancas, que gracias al desarrollo de la salud cubana pudieron cerrar filas a la COVID-19 en las alturas.

octubre 30/2021 (ACN)

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