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El uso de la inteligencia artificial (IA) en medicina nuclear en Cuba es una de las prioridades del Plan de Ciencia y Técnica 2026 de la Agencia de Energía Nuclear y Tecnologías de Avanzada (Aenta)
La Habana- El uso de la inteligencia artificial (IA) en medicina nuclear en Cuba es una de las prioridades del Plan de Ciencia y Técnica 2026 de la Agencia de Energía Nuclear y Tecnologías de Avanzada (Aenta).
La iniciativa comprende acciones del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), a cargo de la física médica Raisa Ledesma Maura, especialista del Centro de Isótopos, quien participa en un proyecto del OIEA sobre su empleo en el país, informaron a la Agencia Cubana de Noticias directivos de la Aenta.
En nuestro caso, explicaron, está transformando la forma en que se diagnostican y tratan enfermedades, que es utilizada en el análisis de imágenes médicas, como la tomografía por emisión de positrones (PET-CT), para detectar tumores de manera más precisa y rápida.
También en la planificación de tratamientos, optimizando la dosis y la precisión, y en la detección temprana de padecimientos al analizar grandes volúmenes de datos y reconocer patrones que podrían pasar inadvertidos para los humanos.
Estos avances, añadieron, permiten un diagnóstico más certero y personalizado, mejorando la eficacia y reduciendo la invasividad de las dolencias, lo que evidencia la capacidad nacional respecto a la IA.
Las proyecciones para este año contemplan la situación actual y perspectivas de los reactores modulares pequeños (SMR), promovidos por José Luis Paredes Golisma, de la Oficina de Regulación y Seguridad Ambiental (ORSA) y considerados muy promisorios en la generación eléctrica mundial entre 2030-2050:
Los principales diseños están en Argentina, Rusia y China, aunque hay más de 120 iníciales y actualmente 68 activos, cuyas ventajas son la menor inversión inicial, construcción más rápida y seguridad pasiva, mientras sus inconvenientes radican en los costos, las regulaciones y la aceptación pública.
Expertos consideran que los SMR no sustituyen a la nuclear tradicional, sino que la complementan y expanden, ofrecen flexibilidad frente a renovables intermitentes y son una herramienta climática y de seguridad energética por la enorme demanda de energía de la IA.
El Consejo Técnico Asesor de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Aenta evaluó sus alternativas para el año, incluida una sesión práctica sobre la Plataforma para la Gestión Administrativa del Sistema de Programas y Proyectos (GAPID).
Además, acciones preparatorias para la terminación del Programa Tecnologías de aplicaciones nucleares, el láser, la óptica y la ultrasónica para producir y generalizar bienes y servicios (NUOLU), y la apreciación del impacto de proyectos seleccionados.
Fuente: Granma
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La Habana, 28 mar (ACN) Una delegación oficial de líderes ecuménicos internacionales profundizaron hoy sobre las potencialidades y dificultades del programa cubano para el enfrentamiento del cáncer, durante su visita al Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología.
En el encuentro, el Dr. Carlos Alberto Martínez Blanco, jefe de Sesión para el Control del Cáncer del Ministerio de Salud Pública, señaló que es prioridad para el estado cubano el tratamiento de esa patología, teniendo en cuenta que, a nivel nacional, es la segunda causa de muerte después de las enfermedades cardiovasculares.
Puntualizó que en los últimos años existe como tendencia el aumento de casos oncológicos en el país, por lo que es importante continuar la implementación del Programa Integral para el Control del Cáncer, que desde inicios de la Revolución, dió sus primeros pasos hasta lograr un mecanismo bien estructurado.
Argumentó que en la nación existe una red de control, conformada por los diferentes niveles de atención, polos de desarrollo distribuidos en las distintas regiones del país y por el avance de los distintos servicios especializados, como la oncología médica, oncopediatría, radioterapia y medicina nuclear.
Detalló además que dentro del sector, existe un notorio crecimiento de investigaciones que permiten llevar a otro nivel los conocimientos sobre cómo enfrentar el cáncer, a partir de la obtención de nuevos medicamentos reconocidos a nivel mundial.
Manifestó que a pesar de las potencialidades que tiene la Isla en el campo, el recrudecimiento del bloqueo impuesto por Estados Unidos afecta diariamente el diagnóstico, la quimioterapia y la cirugía en un significativo número de pacientes, por no poder adquirir los insumos necesarios para estas acciones.
Especificó que la falta de materias primas para la producción de medicamentos, la inaccesibilidad a piezas de repuesto para equipos y las dificultades energéticas, como consecuencia de la política imperialista, son trabas presentes en la atención médica.
Luis Martín Rodríguez, director del instituto expresó que a pesar de la compleja situación, ese centro hospitalario siempre ha recibido de la ayuda de instituciones religiosas, que sistemáticamente entregan donaciones para mejorar la calidad de vida de los pacientes.
Añadió que Cuba presenta excelentes relaciones con organismos internacionales de salud que permiten una actualización sobre las principales tendencias en la asistencia oncológica en todo el territorio.
En declaraciones a la prensa, Jihyun Oh, secretaria general permanente de Iglesia Presbiteriana USA (PCUSA) expuso que el intercambio con los especialistas ha permitido conocer a profundidad las necesidades del centro, para intencionar futuras ayudas, necesarias para el combate de esta patología.
Agregó que la relación con las iglesias de Cuba es histórica y marcada por el entendimiento y la solidaridad, por lo que esta visita a la mayor de las Antillas tiene como objetivo brindar apoyo a los creyentes y a la población en general en estas circunstancias difíciles.
Durante el intercambio, esta delegación ecuménica, cuya mayoría de integrantes visita por primera vez el país, recorrió las instalaciones de la sala de oncopediatría, la cual cuenta con 20 capacidades, de la cuales cinco están cubiertas.
Mar
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«¿Qué hacemos cuando tenemos que subir hasta el séptimo piso a un paciente en medio de una caída del Sistema Eléctrico Nacional? Echarlo en brazos y andar escaleras arriba»
El pinchazo de «Buenos días» se ha vuelto habitual para Lisnatali y Anyeli. Tienen 17 y 16 años respectivamente y, aunque se conocen hace poco tiempo, las une una experiencia «espantosamente dolorosa» que, sin embargo, sobrellevan con tanto valor como alegría. Y esos son, sin duda, sus tratamientos más efectivos.
La mayor fue la primera en ingresar. Hace apenas un mes –después de pasar por varios centros– en el Hospital Pediátrico Docente Juan Manuel Márquez le diagnosticaron Linfoma Hodgkin de variedad esclerosis nodular. «Desde que cayó aquí le han hecho de todo: radiografía, tomografía, biopsia, medulograma, en menos de 15 días. El trato es especial, en la sala de Miscelánea, en la de Cirugía, en esta», asegura, con la esperanza en el iris de los ojos, su mamá.
La menor padece una mola hidatiforme –trastorno del embarazo acompañado por una forma de cáncer. Tras saberlo, lo primero que preguntó fue si se le caería el pelo con las quimioterapias. «Cuando escuché el “sí” yo me derrumbé. No podía aguantar el llanto, me asusté bastante. Antes de entrar mi mamá me peló». Ella y su abuela también cortaron sus cabellos. Pensó que los tratamientos la afectarían sicológicamente, pero los médicos y enfermeros no dan tiempo a que «baje el ánimo» y evitan cualquier dolor que esté en sus manos.
La una quiere estudiar sicología, para ella, para entenderse, ayudarse. Y sí, es evidente que, en buen cubano, «le nace». Ha sabido darle ánimo a su compañera de sala cuando comenzó –como a ella– a caérsele el pelo. «Es una cosa exótica», le dice. La otra estudia enfermería. «Cuando entré ya yo sabía lo que tenían que hacerme. Y cuando lo supieron aquí me hicieron partícipe de todo». Su voluntad ante lo que hoy enfrenta, su persistencia por vivir tiene mucho de ese amor por la profesión que ansía terminar de estudiar. «En cuanto salga volveré a la carrera, a hacer guardias, a ayudar», asegura con una firmeza que nadie puede negarlo.

DESDE EL LADO DE LA BATA
También la «vocación» es lo que, en estos momentos, en el que resulta complejísimo lograr un equilibrio entre las dificultades personales y laborales, hace que los especialistas cubanos de la Salud permanezcan en sus puestos de trabajo. Esa es una certeza que defiende el doctor Andy Hernández Álvarez, especialista en oncología clínica pediátrica y jefe de ese servicio en el Juan Manuel Márquez.
«El profesional que se mantenga en pie merece respeto. Nosotros elegimos quedarnos. Creo que lo más fácil es ocuparse de los problemas que nos están afectando, pero aquellos que amamos lo que hacemos y que lo sentimos en nuestra piel no podemos dejar a los pacientes atrás. Hacerlo es muy difícil: la llegada al trabajo, el transporte, el agotamiento físico y sicológico, las horas de mal sueño».
Posponer cirugías, ampliar las listas de espera, fragmentar los servicios médicos, porque los especialistas no pueden llegar, son solo algunas de las medidas que se han debido tomar en esa institución tras el recrudecimiento del bloqueo y el cerco petrolero que presiona al país.
«¿Qué hacemos cuando tenemos que subir hasta el séptimo piso a un paciente en medio de una caída del Sistema Eléctrico Nacional? Echarlo en brazos y andar escaleras arriba. Esa es la parte que las noticias del otro lado no ponen», cuestiona Hernández Álvarez.
Ese hospital es centro de referencia nacional en servicios como neurocirugía, oncohematología, siquiatría, terapia y neonatología. Es el único servicio pediátrico que recibe a los pacientes quemados, cuenta con la sala de oncohematología más grande del país, la terapia más grande de la capital. «Somos un sostén de la pediatría».
Aunque desde afuera la oncología se mira con temor, para él no es un tema difícil. «Hay otras especialidades más complicadas –asegura. Cada profesional ve las cosas desde su perspectiva». Para entenderlo hay que tener en cuanta –dice– «que yo fui paciente oncológico pediátrico a los 13 años. Sé lo que es estar del otro lado de la bata. Y eso es lo que no se le puede olvidar a ningún médico: la empatía».
De sus propias vivencias le llegó la vocación. «Siempre quise ser médico, desde pequeño quería ser veterinario. Luego comenzó mi conciencia de las enfermedades, de todas las complicaciones y supe que quería ser médico, precisamente para ayudar a aquellos que estaban en la misma situación que yo en ese momento».
COMPROMISOS
Es ese sentido de pertenencia el que, cuando la ayuda se abre paso en tiempos de asfixia, la única palabra que describe lo que sienten los trabajadores del hospital es «alivio». Porque «no existe nada más satisfactorio que tener el medicamento. El alivio es por saber que puedes tratar, que puedes continuar, que puedes luchar y, sobre todo, que puedes hacer que tu paciente permanezca».
Así se sintieron cuando el proyecto Hatuey (Health Advocates in Truth, Unity and Empathy– Defensores de la Salud en la Verdad, la Unidad y la Empatía) trajo un donativo especial para esa esa institución.
Como metáfora de proteger la ternura de la infancia ante lo efímero de la vida, medicamentos citostáticos, antibióticos, antieméticos, material gastable…coronados por juguetes, ocupaban las mesas.
Mientras, el doctor Andy explicaba –como si fuera su vida la que salvarían las donaciones– la importancia de la llegada de esos insumos salidos de los buenos deseos y el sacrificio de muchos que aman a Cuba desde distintas geografías.
«Es una realidad que nos golpea. Estamos funcionando. No hemos detenido los servicios, pero ¿saben lo que es tener un año y no parar de vomitar por la quimioterapia, y no tener los medicamentos para detener las reacciones adversas? No estamos hablando solo de salvar, sino también de tratar y de mantener la calidad de vida del paciente. Un paciente que tolera las reacciones adversas, resiste más tratamientos y se mantiene anímicamente bien».
«Quiero que no se queden con esta información, quiero que lo compartan –les dijo. Este no es solo un acto solidario, es un acto de humanidad. Están representando cómo debería ser la humanidad».
A sus palabras, la doctora miamense Nadia Marsh, integrante del proyecto Hatuey respondió: «Ustedes nos dan las gracias, pero quiero dar a los trabajadores de salud de Cuba, las gracias a ustedes, que son una inspiración para nosotros. Estamos aquí porque sirven como ejemplo para el mundo».
«Antes de venir hablé con mis compañeros en el hospital y me dijeron que cubrirían mis responsabilidades. Ellos no son activistas, son doctores regulares, pero la mayoría de las personas en EE. UU. está en contra del bloqueo y de la estrangulación que hace el imperio».
«Mis compañeros saben lo que ustedes han hecho a nivel internacional. Es un trabajo de héroes. Eso nos da fuerza para luchar. Estamos viendo que aún con el bloqueo y la falta de recursos, lo que un pueblo puede hacer cuando piensa realmente en las personas».
La solidaridad con Cuba parece algo nuevo, pero no es una flor reciente. Retoña desde hace algunos años, a sabiendas –sus cultivadores– de que el cerco imperial no es tampoco una medida reciente.
David Paul, enfermero en San Francisco, California, se llevará, a su regreso, «un compromiso», el de «no solo facilitar nueva ayuda material que merecen y requieren, sino el de educar al pueblo en ello». Y reflexionó: «¿Qué dirán en nuestros países cuando expliquemos que el bloqueo no permite que entre lo que se necesita para la vida de nuestras familias? Estamos comprometidos a seguir en la lucha», aseguró.
El doctor Andy agradece, despide a los amigos del proyecto Hatuey. Mira su reloj. Sube las escaleras hasta el séptimo piso. Suda. Recorre los pasillos con desgastadas pinturas de dibujos animados. El hospital no está al 100 % como edificación. Hay otras prioridades. «No somos una estructura, somos un corazón vivo, latiendo», lo sabe.
Continúa su recorrido por el laberinto de pasillos y salas. Pregunta en Quimioterapia Ambulatoria por sus pacientes. Sigue. Entra a la primera sala de hospitalización, Lisnatali y Anyeli sonríen junto a sus madres, les han traído un juego de parchís, como al resto de los niños que no pueden salir. Respira, abre la puerta: su «Buenos días» parece una invitación a la vida.
Fuente: Granma
