El pasado 5 de agosto se desató un incendio en la Base de Supertanqueros de la ciudad de Matanzas, ocasionado por una descarga eléctrica en uno de los tanques que almacenaba crudo nacional. Desde ese momento, la nube de humo y el derrame de combustible constituyeron signos de alarma para el medio ambiente y el ser humano.

Matanzas es reconocida por sus valores naturales. Precisamente, el siniestro calificado como el primero de esta magnitud en la historia de Cuba, ocurrió muy cerca de la bahía, en un área próxima a diferentes poblados que se vieron bajo el humo procedente del lugar del desastre.

El periódico Girón conversó con Oscar García Martínez, delegado del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma) en Matanzas, sobre el impacto ambiental de este evento en el territorio y las labores que se han desarrollado para monitorear y reducir los daños al entorno.

—¿Cuáles fueron las principales afectaciones detectadas en un primer momento desde el punto de vista ambiental?

Las principales afectaciones son a la atmósfera, o sea, a la calidad del aire, como en cualquier incendio. Durante los días que duró el fuego establecimos un sistema de trabajo que permitió dar seguimiento a los principales gases contaminantes. La fuerte actividad convectiva en el incendio hacía que esa columna de humo se elevara. Los niveles de contaminantes medidos fueron bajos, no comprometen la salud humana.

“Se estableció una red de monitoreo conformada por un total de 16 observadores y especialistas distribuidos por las zonas más vulnerables, y ellos nos informaban cada tres horas sobre el estado del medio, si sentían irritación en los ojos, la boca y la nariz. Además, que no hayan incrementado las visitas al sistema de Atención Primaria de Salud significa que no hubo afectación asociada a este evento. El equipo, aparejado a esto, estableció mediciones en cinco puntos. Los indicadores demostraron el cumplimiento de las normas cubanas en el entorno.

“Otro elemento importante es la calidad del agua en la bahía. Desde el primer momento se establecieron barreras que evitaron un posible derrame al mar. A partir del segundo tanque, hubo un derrame que se contuvo gracias a esta medida. De todas formas, también se realizan muestreos en la bahía que corroboran desde lo visual y la contaminación que ahora mismo no hay daños”.

Matanzas tiene experiencias en cuanto a la contención de derrames de hidrocarburos. ¿Los estudios realizados sobre este tema permitieron reaccionar de forma más rápida?

Por ser una de las provincias más importantes en cuanto a la extracción y comercialización de petróleo, se ha adquirido una experiencia desde la Defensa Civil y ya se sabe cómo actuar ante un fenómeno de este tipo, según las investigaciones de los centros de ciencia. Aunque alcanzó una gran envergadura y nunca habíamos vivido un derrame asociado a un incendio, la clave está en poder diseñar de inmediato los puntos de observación, las maneras de controlar y mitigar este tipo de sucesos.

—Los estudios realizados responden a una etapa más inmediata. ¿Pretenden desarrollar otras investigaciones sobre los efectos a largo plazo?

Las medidas mencionadas corresponden a la primera etapa. En esta segunda fase, de recuperación, vamos a dar seguimiento con otro sistema de monitoreo que abarca aspectos relacionados con el suelo, las producciones agrícolas, rastros en la leche del ganado; o sea, una serie de elementos que permitan conocer la magnitud real del impacto del siniestro. La investigación puede durar dos meses.

“Después vamos a hacer un análisis a largo plazo, pensamos extenderlo hasta dos años más con otros parámetros, para volver a evaluar suelo, vegetación y cadenas tróficas. Utilizaremos indicadores bien diseñados y un sistema de muestreo para el área del cono de influencia de la nube de contaminantes”.

—En uno de los partes del Citma, explicaban que la nube contenía dióxido de azufre, óxido de nitrógeno, monóxido de carbono, entre otras sustancias. ¿Estas concentraciones se disiparon con su desaparición?

Estos gases provienen de la combustión, una vez extinguidas las llamas bajan considerablemente. Todavía en el área pueden producirse algunas columnas de humo debido a las emanaciones, pero ya el peligro pasó, el foco que provocaba el aumento de estos contaminantes a la atmósfera desapareció, por tanto, las emanaciones están en el rango en el que estamos acostumbrados a vivir los matanceros.

—¿Cómo atienden los reportes de la población? ¿Fueron útiles los testimonios de las personas?

Mucha gente de pueblo se sumó a la red de observadores, nos alertaban si existía alguna anomalía. También funciona una comisión por parte del subgrupo del Citma del Consejo de Defensa que atiende las situaciones descritas. Asistimos al lugar, evaluamos y recomendamos cómo actuar. Todos los casos han estado relacionados con las lluvias. Siempre alertamos sobre la necesidad de no exponerse a la misma porque las aguas venían cargadas de partículas que daban una coloración negra. Por ejemplo, en zonas rurales como el Valle del Yumurí y Corral Nuevo, la lluvia dejó una especie de hollín, pero no trajo consecuencias para la salud ni comprometió los cultivos ni la ganadería.

—¿En Matanzas se han reportado lluvias ácidas? ¿Qué diferencia hay entre este fenómeno y esa sustancia negruzca detectada?

La combinación de concentraciones de dióxido de azufre y de óxido de nitrógeno muy altas en la atmósfera, junto a la ocurrencia de precipitaciones, hace que se produzcan lluvias ácidas. En ese período no ocurrieron aguaceros, más bien algunas lloviznas. No se descarta que en algún lugar específico haya llovido más intensamente con un nivel de acidez superior a lo normal, pero hasta el momento no tenemos reportes donde el pH del agua sea ácido. En el caso del agua con ese color oscuro se trata de partículas en suspensión.

—¿Qué se espera para los próximos días según la ciencia?

Todo indica que lo ocurrido en la etapa de incendio no parece que haya comprometido algún aspecto de cara al futuro. De todas formas, continuamos con las investigaciones científicas y de conocer alguna novedad la informamos. El mes próximo tendremos una evaluación del impacto ambiental en la cual explicaremos los resultados más recientes. Si algún indicador da alterado, lo analizaremos y le daremos seguimiento.
(Tomado de Girón)

agosto 21/2022 (Cubadebate)

agosto 21, 2022 | Maria Elena Reyes González | Filed under: accidente, De la prensa cubana |

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