Mar
24
Con soluciones a lo cubano y la ayuda solidaria de otros pueblos, en el hospital ginecobstétrico Ramón González Coro no se han detenido los servicios de atención a las embarazadas y los neonatos.
En sus manos, aquello que el cuerpo les permitió cargar. En sus palabras, –atropelladas a veces por los sentimientos aflorados y las diferencias idiomáticas– todo lo que con letras se puede decir. En el corazón les latía -por Cuba- el mundo.
Parecía que habían llegado a un templo, que descubrían una reliquia tan antigua como valiosa. Nada vibra con tanta juventud como un centro hospitalario de inicios del siglo pasado en el que aún se produce -uno tras otro- el milagro de la vida. Y, como si no bastase, los casos que ahí se atienden son tan singulares como resultan los de gestantes diabéticas, cardiópatas o con patologías oncológicas, y neonatos.
Al hospital ginecobstétrico Ramón González Coro, en La Habana, llegó una representación del segmento europeo del Convoy de solidaridad que el pasado 17 de marzo arribó al país, con unas cinco toneladas de insumos médicos, medicamentos y artículos de primera necesidad.
LO REAL MARAVILLOSO DE LA MEDICINA CUBANA
La sorpresa en sus rostros era evidente. Se les ha hablado de un país con serias necesidades. Lo han visto. Lo han compartido ¿Cómo pueden trabajar sabiendo que en sus casas la situación también está difícil? ¿De dónde sacan o dónde guardan tantas esperanzas? Las preguntas se sucedieron casi a montones.
«Un niño no pide permiso ni espera para nacer». Hay que estar ahí para él y para su madre. «Salvar dos vidas de una sola vez» es una labor que requiere un esfuerzo conjunto, más aún cuando se trata de gestantes con afecciones complejas para su salud, enfatizó Liudmila Rodríguez, jefa del servicio de anestesiología.
Aunque pareciera que el hermoso caos del alumbramiento es el único que viven los trabajadores de esta -y otras instituciones en Cuba- nada está más lejos de la realidad. Superar, desde las limitaciones con el transporte hasta las más básicas actividades hogareñas que se ven afectadas por un intento de asfixia a un país entero, son hazañas a las que no están ajenos los especialistas de la Isla.
Las anécdotas siguen. Parecen sacadas de la ciencia ficción. Es la voluntad, la maravillosa realidad de un pueblo que se niega a ceder.
Dos jóvenes ingenieros recién graduados, que «enamoramos para que se quedaran», arreglaron una máquina de anestesia donada anteriormente, que no podía usarse porque les había sido imposible a los donadores enviar los softwares para su puesta en marcha. El equipo es hoy un trofeo atípico: no adorna inútilmente los espacios, salva vidas.
Como médico que es, el doctor Otto Rafael Recio, director de la institución, lo resumió a su forma: En ese centro se atienden casos de fetos con crecimiento intrauterino retardado. En tales situaciones, el propio organismo en formación garantiza cerebro, corazón y riñones hasta que consigue nacer. Eso está haciendo hoy nuestro país. Priorizando las funciones vitales e imprescindibles dentro de las instalaciones de Salud, afirmó.
Así, en el González Coro se han reorganizado la actividad quirúrgica, la atención asistencial, la vida interna del centro, adoptando estrategias para garantizar que la población continúe recibiendo los servicios.
Andrea Santor, miembro de la organización solidaria Cuba Va, pide la palabra. Su mente recuerda en italiano, mientras quiere hablar en español. Las imágenes de 2020 pasan por sus ojos como si estuviese viendo una película. Entonces, lo dijo en voz alta. Cuando la covid-19, mientras perdían la vida cientos de ciudadanos en Turín y no se veía la forma de resolver la crisis, «una islita, al otro lado del mundo, con menos recursos que los países capitalistas, tendió la mano».
Él, que fungió como traductor esa vez, no dudó en formar parte de esta campaña de solidaridad. «Vamos a abrazar a este pueblo que nos ayudó cuando lo necesitamos», dijo. «Es una gotica lo que hemos recogido, pero es un mensaje directo a las conciencias del mundo».
Raiza Ruiz, oncóloga, explica que se presta atención con un «mínimo absoluto para todo». Es una «medicina de guerra». En el caso de las patologías que atiende, la mayoría de los medicamentos y tratamientos son importados, «y se nos impide comprarlos, aun cuando el Ministerio de Salud Pública (Minsap) tiene un presupuesto destinado para programas priorizados, como el PAMI (Programa de Atención Materno Infantil)».
Las limitaciones en cuanto a insumos, infraestructura y medicamentos afectan cada uno de los procesos de seguimiento a los padecimientos. «No se pueden poner todos los tratamientos ni los más actualizados». Sin embargo, buscamos soluciones, que muchas veces asombran a los residentes de otras naciones que llegan hasta el centro, remarcó.
A LO CUBANO
Desde el público alguien alza la mano. Un joven que desborda curiosidad por más soluciones «a lo cubano». Le pregunta al director si alguna vez se han visto en casos extremos.
«Hemos vivido momentos tensos», dice el doctor Otto Rafael Recio. «Nuestro grupo electrógeno ha fallado y nos hemos visto terminando operaciones con lámparas de emergencia. Lo fundamental es la vida».
En el González Coro tienen neonatos con ventilación mecánica, para lo cual se emplean ventiladores pulmonares de la marca alemana Dragger, cuyas baterías deben recambiarse, y hoy no se pueden garantizar, a causa del bloqueo. Todas las veces que el grupo electrógeno ha fallado -que no es una situación que pueda resolverse en poco tiempo- «hemos tenido que aplicar la ventilación manual».
Ese estrés y desgaste sistemático para evitar la muerte materno-neonatal «pesan sobre nuestra conciencia», reconoció. Y esa también es una forma de guerra, de Guerra Fría, insistió.
«Mi mayor temor como médico es estar trabajando frente a un paciente, saber que necesite algo, y no tenerlo. Lo acompañaremos hasta el último momento, pero es doloroso saber que podemos salvarlo, pero no tenemos el recurso porque se nos ha negado desde el exterior».
El silencio tomó la sala. Muerte y niños no deberían jamás compartir una oración. Ni siquiera un pensamiento.
Como si en su voz hablaran muchos, el joven solo atinó a decir: «Gracias por el esfuerzo que hacen a pesar de las dificultades, por el ejemplo de resistencia que son».
CERTEZAS, LATIDOS, ESPERANZAS…
Maureen Echevarría Peña bien sabe de esas carencias. Con 25 años solo le restan unos pocos días -menos de una semana- para que los médicos y enfermeros, que durante tres meses la han atendido diariamente en el González Coro, le induzcan el parto.
Si hay o no tensiómetro, glucómetro, si se le tendrían que practicar métodos más invasivos o menos precisos por la escasez de recursos, no es su preocupación más palpable. Su monitoreo constante lo recibe con una sonrisa de los especialistas, en ellos está su confianza.
Padece de hipertensión y diabetes. Por eso ha pasado internada el último trimestre de su gestación. Sin embargo, ella asegura que su mente está más centrada en la inexperiencia -es primeriza-, en que el latido que ha sentido a través del ecógrafo pueda acercarlo, con sus brazos, a su corazón.
La situación del país es algo que le atañe, por supuesto. Otros desvelos la ocuparán cuando regrese a casa después de esta prolongada estadía en la que «el hospital se ha esforzado» para que no le «falte nada». Hoy confía en que, como en tantas otras ocasiones, y aunque esta vez sea más complejo, a lo cubano y con las manos hermanas que llegan de otras latitudes, «se saldrá adelante».
Fuente: Granma
Mar
16
La labor en México de la Brigada Médica Cubana ha permitido salvar la vida de más de 700 000 pacientes en todo el país, sobre todo de zonas de mayor vulnerabilidad, de acuerdo con fuentes con conocimiento del convenio firmado por los gobiernos de ambas naciones
La labor en México de la Brigada Médica Cubana ha permitido salvar la vida de más de 700 000 pacientes en todo el país, sobre todo de zonas de mayor vulnerabilidad, de acuerdo con fuentes con conocimiento del convenio firmado por los gobiernos de ambas naciones.
Los más de 3 000 galenos que integran la misión colaboran en 570 municipios de 29 entidades, cifra equivalente a 23 % de los 2 478 ayuntamientos que hay en el territorio nacional. Es decir, están en una de cada cuatro demarcaciones del país.
«El mayor impacto de la brigada cubana ha sido contribuir, junto a especialistas mexicanos, a la ampliación de la cobertura médica a poblaciones que antes no contaban con especialistas en Medicina», de acuerdo con las fuentes consultadas.
En su estancia en México han realizado más de 7 500 000 consultas, 114 000 cirugías, 280 000 sesiones de diálisis y cerca de 65 000 estudios de alta tecnología.
La Brigada de Médicos Cubanos es una de las políticas humanitarias del gobierno de la isla. Iniciaron en los años 60 tras el triunfo de la revolución encabezada por Fidel Castro. Han atendido a cientos de miles de personas en más de 150 naciones del planeta.
Sin embargo, recientemente circularon versiones promovidas por la administración de Donald Trump contra este esfuerzo humanitario, y Washington ha presionado a los gobiernos de varios países de la región para romper sus acuerdos con Cuba. En el primer trimestre de este año cedieron a esa coerción Guatemala –que tenía un acuerdo de tres décadas–, Honduras y Jamaica.
En el caso de México, fue durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador que se suscribió el acuerdo con La Habana para que las brigadas médicas de la isla colaboraran en territorio nacional. En julio de ese año llegó el primer grupo de galenos.
De acuerdo con los datos entregados a La Jornada, 65 % de los actuales integrantes de la brigada son médicos familiares y brindan atención en unidades de primer nivel. De ellos, 2 994 dan consulta en instituciones sanitarias de comunidades de alta vulnerabilidad.
El otro 35 % son especialistas en cardiología, nefrología, pediatría, obstetricia, neurología, neurocirugía, anatomía patológica y siquiatría infantil y de adultos, entre otros perfiles que han permitido ampliar la cobertura en los hospitales donde han sido ubicados.
Un dato a destacar es que durante las tormentas tropicales Raymond y Priscilla –que en octubre del año pasado azotaron a Guerrero, Michoacán y Baja California Sur–, «más de 200 médicos cubanos permanecieron en 32 municipios bajo condiciones extremas, atendiendo a casi 12 000 pacientes y realizando más de 3 000 estudios de laboratorio».
Asimismo, las fuentes indicaron que los miembros de las brigadas cubanas han contribuido en México en la instalación de 12 salas de operación de especialidades y a la apertura de 115 nuevos centros de Salud, en los que se incorporaron especialistas isleños.
Algunas de esas unidades médicas, en las que trabajan junto con galenos mexicanos, son: los hospitales comunitarios de Ixtlán de Juárez y de Santiago Astata, en Oaxaca; el Básico Comunitario Vicam, en Sonora; el comunitario de Maruata, en Michoacán, y los generales de Santa Rosalía, en Baja California Sur; el de Ixtlauacán, en Colima, y Mextitlán, en Hidalgo.
Fuente: Granma
Mar
13
Las declaraciones difamatorias realizadas por la Encargado de Negocios de la Embajada de los EE.UU. en Barbados, que aparecen en el artículo publicado por Dominica News Online el 18 de febrero, tergiversan la cooperación médica internacional de nuestro país con falsedades.
Este ataque forma parte de una campaña de desinformación que distorsiona la naturaleza y niega el impacto de un programa humanitario reconocido por la comunidad internacional, incluidos organismos como la Organización Mundial de la Salud.
Es el uso recurrente de la mentira lo que ha llevado a que el Gobierno estadounidense no tenga credibilidad ni siquiera entre sus propios ciudadanos. No lo dice Cuba, según el centro de investigación con sede en los EE.UU., Pew Research, en diciembre de 2025, la credibilidad del Gobierno estadounidense se situó en un 17%.
Desde hace más de seis décadas, Cuba, un país con limitados recursos y bajo un cruel régimen de sanciones de la potencia más poderosa del planeta, ha demostrado que la verdadera solidaridad se traduce en hechos y es por eso que más de 605 000 profesionales cubanos de la salud han participado voluntariamente en misiones en 165 países, atendiendo a más de 2 300 millones de pacientes, realizando alrededor de 17 millones de cirugías, asistiendo más de 5 millones de nacimientos y salvando más de 12 millones de vidas.
En el mismo período, los EE.UU. han realizado intervenciones militares y operaciones encubiertas en más de 25 países. Diversas estimaciones sitúan en millones las muertes que han resultado de ese accionar bélico. Y aquí debemos incluir a las más de 100 víctimas mortales que entre finales de 2025 e inicios de 2026, bombardeos de EE.UU. han causado en aguas de nuestro mar Caribe, en lo que expertos de Naciones Unidas han definido como asesinatos extrajudiciales.
Este accionar diferente entre Cuba y los EE.UU. fue el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz quien mejor lo definió, Cuba envía “médicos y no bombas”.
La colaboración en el sector de la salud de Cuba ha sido reconocida incluso por voces dentro de los propios EE.UU.. En 2016, el entonces presidente Barack Obama, durante su visita a Cuba en 2016 expresó:
“Hemos desempeñado roles muy diferentes en el mundo. Pero nadie debería negar el servicio que miles de médicos cubanos han prestado a los pobres y los que sufren. (Aplausos). El año pasado, trabajadores de la salud estadounidenses -y militares de EE.UU.– trabajaron codo a codo con los cubanos para salvar vidas y acabar con el Ébola en África Occidental. Creo que deberíamos continuar teniendo esa clase de cooperación en otros países.”
No fue Cuba quien puso fin a esta cooperación, fue un nuevo Gobierno de los EE.UU. quien decidió escalar en el conflicto bilateral y en medio de la pandemia de la COVID 19 recrudeció sus sanciones y se negó incluso a vender a Cuba oxígeno para los pacientes de esta emergencia sanitaria.
Nuestra cooperación médica no es un negocio ni un instrumento de explotación. Es solidaridad que salva vidas y que responde a la solicitud de gobiernos soberanos cuyos pueblos se benefician de ella. La participación en estas misiones es voluntaria, regulada por acuerdos bilaterales, respetuosos de las leyes internacionales y de los derechos de los profesionales cubanos, quienes regresan a su país con reconocimiento social y profesional. Las acusaciones de “trabajo forzado” carecen de fundamento y responden a una narrativa política.
El Gobierno de los EE.UU. se dedica no solo a difamar, sino que amenaza a los países donde nuestros colaboradores prestan sus servicios. La historia demuestra que donde los EE.UU. logra imponer su voluntad y eliminar la presencia de colaboradores cubanos de la salud el resultado es el deterioro en la atención médica y el sufrimiento de la población.
Hoy, mientras el Gobierno de los EE.UU. continúa recrudeciendo su agresión y busca generar una crisis humanitaria al proponerse impedir que lleguen combustibles a Cuba, nuestro heroico pueblo resiste, sabe que no está solo pues cuenta con la solidaridad del mundo y no se rendirá.
