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Cinnamomum zeylanicum o Cinnamomum verum, es el nombre binomial del árbol de la canela, conocido como canelo. Se trata de un árbol de hoja perenne, de diez a quince metros de altura, procedente de Sri Lanka. De su corteza interna se produce la especia canela, que se obtiene pelando y frotando las ramas.
Existe otra variedad, que es Cinnamomum cassia, un árbol perennifolio nativo del sur de China y la región del este de Birmania. Como ambas especies son muy similares, esta otra canela también se emplea como condimento aromático o especia, pero igual se aprovechan de ella sus propiedades medicinales. La diferencia entre ambas radica, principalmente, en su contenido en cumarina, una sustancia que tiene efectos tóxicos para el hígado. Cinnamomum cassia contiene hasta veinte miligramos de cumarina, mientras que las cantidades de dicho principio activo en Cinnamomum zeylanicum son casi imperceptibles.
Esta última, la “canela verdadera” o “canela de Ceylán”, es cultivada no solo en Sri Lanka, sino también en la India y en otras zonas del mundo, incluyendo todo el sur de Asia. Los mejores árboles crecen en climas lluviosos, en suelos de textura arenosa, profundos, con alto contenido de materia orgánica y excelente drenaje.
El uso de la canela con fines medicinales data de miles de años. Tanto el Ayurveda de la India como la Medicina Tradicional China han empleado estas dos especies a lo largo de la historia. Además, se plantea que los egipcios utilizaban la canela en el proceso de embalsamamiento y los hebreos, griegos y romanos hacían uso de ella para tratar la indigestión. En casi todas estas culturas se aprovechaba también, por supuesto, como especia y en perfumería.
Ya en tiempos más recientes, al menos desde el siglo XIX, se ha venido utilizando la canela en el tratamiento del dolor de estómago, las náuseas, los vómitos, la diarrea y los cólicos. Varios textos modernos aconsejan su uso, específicamente de la especie Cinnamomum zeylanicum o Cinnamomum verum, en el manejo de problemas digestivos. Ejemplo de ello es la tercera edición de la Farmacopea Vegetal Caribeña, que respalda su utilización en caso de diarreas o vómitos. Con este fin se recomienda preparar una decocción utilizando una cucharadita y media de canela molida en medio litro de agua. Esta mezcla se deja hervir por diez minutos en recipiente tapado y luego se refresca, se filtra y se toma una taza, equivalente a 250 mililitros, dos veces al día o después de cada episodio diarreico.
Por otro lado, el Formulario de fitoterápicos de la Farmacopea Brasileña, plantea su uso como aperitivo, antidispéptico, antiespasmódico y carminativo. Por ello tiene aplicación en diferentes padecimientos digestivos, sobre todo para mejorar la digestión, aliviar los cólicos y facilitar la expulsión de gases. De acuerdo con este otro texto se emplea media cucharadita de canela molida para ciento cincuenta mililitros de agua y con esto se elabora una infusión. Si se va a consumir como aperitivo, se toma media hora antes de las comidas y en los otros casos después de haber comido.
Además de estas recomendaciones, la canela se ha empleado en la elaboración de pastas dentales, enjuagues bucales y otros productos para la higiene bucal, así como para el alivio de las inflamaciones de la garganta y la faringe. Existen algunas evidencias que respaldan su empleo en el control de las cifras de glicemia en pacientes diabéticos, pero al respecto no existe todavía un consenso.
Debe evitarse el consumo de la canela por pacientes afectados de úlcera gastroduodenal o gastritis, así como por personas con antecedentes de alergia a la planta. No se recomienda su uso durante el embarazo, porque es susceptible de provocar aborto. Tampoco debe ser consumida con fines medicinales por mujeres que lactan o por niños menores de 8 años. Se desaconseja su utilización durante más de tres días consecutivos.
La canela es una especie que por miles de años ha sido utilizada como especia y por sus propiedades medicinales. Estos usos son solo algunos de los que puede tener Cinnamomum zeylanicum o Cinnamomum verum, así como las limitaciones para su empleo. En el mundo moderno no ha sido olvidada, por el contrario, mantiene su valor culinario y el medicinal parece renovarse. De esta forma, aunque no se trata de una planta propia de nuestro país, siempre solemos tener en casa algo de canela en rama o molida para los postres. Por supuesto, también se puede recurrir a ella como ayuda para cuidad nuestra salud digestiva… ¡desde lo natural!
14 Enero 2026 Fuente: Cubadebate/ Noticias/ Desde lo natural
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Son las piedras preciosas de la cocina, pues acentúan y mejoran el sabor y el color de los alimentos, pero además constituyen un eficaz aliado de nuestra salud.
Basta poner un pie en Sri Lanka para darse cuenta de que esta gran isla del Índico huele a especias. A canela y a nuez moscada, sobre todo, pero también a cardamomo, comino, cilantro, jengibre, pimienta, azafrán, clavo, comino, cúrcuma y chile picante, los ingredientes con los que en la antes llamada Ceilán preparan su potente curry. Más aromático, complejo, fresco y rico en matices que el curry indio, según presumen los chefs de la isla más bonita del mundo, como la llamó Marco Polo.
Comer especias a diario podría reducir el riesgo de muerte
Hacen bien al condimentar sin remilgos su comida. No solo por el placer que supone para el paladar. Es que, además, este hábito culinario los ayuda a alargar su vida. Así lo insinuaban hace poco científicos de la Academia China de Ciencias Médicas y de la Universidad de Harvard. Se basaban en datos de casi medio millón de individuos registrados en el Biobanco Kadoorie de China, con edades comprendidas entre 30 y 79 años.
Durante los siete años que duró el seguimiento exhaustivo a su estado de salud, los investigadores conocieron al dedillo detalles como cuánto pesaban en cada momento, qué cantidad de verduras comían o cuánto alcohol bebían. Y también en qué medida aderezaban sus platos, que era lo que más les interesaba para su estudio.
Los resultados no dejaban lugar a dudas: quienes recurrían al especiero casi a diario veían reducido su riesgo de muerte en un 14 %, que no es poco. “Se trata de un estudio observacional, así que no podemos extraer conclusiones definitivas sobre la relación causa-efecto, pero supone un incentivo importante para investigar a fondo la repercusión de las especias sobre la salud”, apuntaban los autores en el British Medical Journal.
No son las únicas voces que apelan a poner en valor las especias. En la última década, se han multiplicado los estudios que apuntan que el jengibre y la canela le paran los pies al cáncer, que el romero tiene propiedades antibióticas, que el perejil ayuda a combatir la diabetes o que la salvia y la cúrcuma desafían al mal de alzhéimer y a la demencia senil.
Polifenoles: los compuestos que esconden el secreto de las especias
Desenmascarar a los responsables de semejante dechado de bondades es, desde hace algún tiempo, el caballo de batalla de nutricionistas, químicos y biólogos de todo el mundo. Los principales sospechosos de momento son los polifenoles, un grupo de compuestos vegetales populares por sus propiedades antioxidantes, que también han demostrado una importante actividad antiinflamatoria, anticancerígena, neuroprotectora, antiasmática y antidiabética.
Incluso hay pruebas de que benefician a la flora digestiva, la microbiota, que cuando tiene una composición equilibrada protege de enfermedades. No parece que sea una mera coincidencia. Entonces, ¿por qué titubean los científicos cuando se les pregunta si habría que atiborrar de especias la comida para vivir más tiempo y más sanos?
La dificultad de demostrar efectos contundentes
Pues porque para que algo se acepte como verdad absoluta en ciencia hay que disponer de pruebas irrefutables. Y, hasta ahora, a los investigadores no les ha resultado fácil demostrar que, tras consumir un puñado de hierbas y condimentos naturales, la actividad antioxidante aumente lo suficiente en la sangre como para salir de dudas.
Una de las primeras expertas en aportar pruebas fue Elizabeth Opara, investigadora de la Universidad de Kingston (Reino Unido). En sus trabajos con tomillo, salvia y romero, demostró que estos condimentos presentan una actividad que imita a la de la superóxido dismutasa (SOD), una enzima natural de la célula con actividad antioxidante y antiinflamatoria que, curiosamente, es más potente en las especias cocinadas y digeridas que en las crudas. Para que nos quitemos de la cabeza de una vez por todas eso de que cocinar los alimentos merma sus propiedades.
Radicales libres y superóxido dismutasa: la química detrás de las especias
El mecanismo de funcionamiento de la superóxido dismutasa es fácil de explicar. Resulta que, cuando el cuerpo quema oxígeno, se forman unas moléculas un poco canallas: los radicales libres. Un sugerente nombre para designar a ciertas especies químicas con electrones no apareados en alguno de sus orbitales que están siempre ansiosas por mezclarse con otras especies químicas.
El peligro surge cuando estos radicales tan promiscuos reaccionan con moléculas de importancia vital para las células sanas, como los lípidos de las membranas, y las desestabilizan. Una cosa lleva a la otra y, al final, el exceso de radicales libres precipita el envejecimiento y favorece el desarrollo de enfermedades crónicas como las cardiopatías o el cáncer.
La buena noticia es que la SOD inhabilita por completo al superóxido: lo fulmina, al convertirlo en oxígeno y peróxido de hidrógeno, que a su vez se transforma en agua. Se acabó el problema. Eso explica por qué Opara descubrió en sus ensayos que las especias que manejaba tenían un potente efecto antiinflamatorio y antioxidante.
“Solo queda por averiguar si el efecto se altera cuando se combina con diferentes alimentos, como carnes, pescados, verduras o leche de coco”, concluía la citada investigadora.
Resultados prometedores en estudios con humanos
Sheila G. West, profesora de salud bioconductual en la universidad estatal de pensilvania (EE. UU.), también ha experimentado con las especias. Los sujetos de su estudio eran hombres con problemas de sobrepeso, a los que les ofrecieron un suculento almuerzo que consistía en pollo al curry, pan de hierbas italianas y una galleta de canela.
En total, incluían dos cucharadas soperas de especias culinarias que aquellos individuos se llevaban al buche. En las tres horas siguientes, les hicieron análisis de sangre cada treinta minutos. El resultado: la actividad antioxidante subía un 13 % y la respuesta a la insulina caía un 20 %. Además de que los niveles de triglicéridos, un tipo de grasas bastante dañinas para el corazón, bajaban un 30 % si se aderezaba con especias la comida.
Aunque aún no son datos suficientes para etiquetar a estas hierbas de panacea y hay que afinar en cuanto a concentraciones y cantidades, salta a la vista que influyen para bien.
Menos sal, más salud: otro beneficio de las especias
Está más que probado, por otra parte, que la comida con especias reduce la ingesta de sal. Y resulta que, cuanto menos le damos al salero, mejor le va a nuestra salud. Fundamentalmente, porque al rebajar el cloruro sódico la hipertensión disminuye y con esa caída se aminoran los problemas cardiovasculares.
Incorporar especias a los guisos supone recortar el consumo de sal en 966 miligramos diarios sin darnos cuenta, según calcularon hace poco investigadores de la Universidad de California. Influye, dicen, la versatilidad de los condimentos al estimular el paladar. Eso y que la capsaicina, la molécula responsable del picor de los pimientos chiles, cambia por completo el modo en el que el cerebro percibe el sabor salado.
Hasta tal punto que cuando se examina el encéfalo con un escáner, se puede ver que consumir alimentos picantes aumenta la actividad en áreas cerebrales vinculadas a la percepción del sabor salado. Si a eso le sumamos que comer guindillas contribuye a que nuestras venas y arterias se relajen y, encima, promueve la pérdida de grasa, sobran argumentos para pedir: “Más picante, por favor”.
27 Marzo 2025 Fuente: Radio Caribe/ Noticias/ Salud
