La Habana, 28 mar (ACN) Una delegación oficial de líderes ecuménicos internacionales profundizaron hoy sobre las potencialidades y dificultades del programa cubano para el enfrentamiento del cáncer, durante su visita al Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología.

En el encuentro, el Dr. Carlos Alberto Martínez Blanco, jefe de Sesión para el Control del Cáncer del Ministerio de Salud Pública, señaló que es prioridad para el estado cubano el tratamiento de esa patología, teniendo en cuenta que, a nivel nacional, es la segunda causa de muerte después de las enfermedades cardiovasculares.

 

Puntualizó que en los últimos años existe como tendencia el aumento de casos oncológicos en el país, por lo que es importante continuar la implementación del Programa Integral para el Control del Cáncer, que desde inicios de la Revolución, dió sus primeros pasos hasta lograr un mecanismo bien estructurado.

Argumentó que en la nación existe una red de control, conformada por los diferentes niveles de atención, polos de desarrollo distribuidos en las distintas regiones del país y  por el avance de los distintos servicios especializados, como la oncología médica, oncopediatría, radioterapia y medicina nuclear.

 

Detalló además que dentro del sector, existe un notorio crecimiento de investigaciones que permiten llevar a otro nivel los conocimientos sobre cómo enfrentar el cáncer, a partir de la obtención de nuevos medicamentos reconocidos a nivel mundial.

Manifestó que a pesar de las potencialidades que tiene la Isla en el campo, el recrudecimiento del bloqueo impuesto por Estados Unidos afecta diariamente el diagnóstico, la quimioterapia y la cirugía en un significativo número de pacientes, por no poder adquirir los insumos necesarios para estas acciones.

 

Especificó que la falta de materias primas para la producción de medicamentos, la inaccesibilidad a piezas de repuesto para equipos y las dificultades energéticas, como consecuencia de la política imperialista, son trabas presentes en la atención médica.

Luis Martín Rodríguez, director del instituto expresó que a pesar de la compleja situación, ese centro hospitalario siempre ha recibido de la ayuda de instituciones religiosas, que sistemáticamente entregan donaciones para mejorar la calidad de vida de los pacientes.

Añadió que Cuba presenta excelentes relaciones con organismos internacionales de salud que permiten una actualización sobre las principales tendencias en la asistencia oncológica en todo el territorio.

En declaraciones a la prensa, Jihyun Oh, secretaria general permanente de Iglesia Presbiteriana USA (PCUSA) expuso que el intercambio con los especialistas ha permitido conocer a profundidad las necesidades del centro, para intencionar futuras ayudas, necesarias para el combate de esta patología.

Agregó que la relación con las iglesias de Cuba es histórica y marcada por el entendimiento y la solidaridad, por lo que esta visita a la mayor de las Antillas tiene como objetivo brindar apoyo a los creyentes y a la población en general en estas circunstancias difíciles.

 

Durante el intercambio, esta delegación ecuménica, cuya mayoría de integrantes visita por primera vez el país, recorrió las instalaciones de la sala de oncopediatría, la cual cuenta con 20 capacidades, de la cuales cinco están cubiertas.

En la sala de neonatología del Hospital Ramón González Coro, centro de referencia nacional para la obstetricia y la neonatología en Cuba, la vida de los recién nacidos más vulnerables pende de un hilo cuando la electricidad falla. Este, a pesar de ser de los llamados “circuitos protegidos” no está libre de cortes, pero, aun así, la profesionalidad de los galenos se impone.

La doctora Niurka Moreno Obregón, jefa del servicio de Neonatología, no oculta su desvelo mientras describe la compleja y angustiosa rutina que enfrenta su equipo a diario. «El tema del bloqueo nos afecta desde todos los puntos de vista, pero la afectación principal hoy es el fluido eléctrico», sentencia.

El problema no es solo la falta de luz, sino la cadena de fallos que un simple corte puede desencadenar en un área donde la precisión tecnológica es vital. Cada vez que el circuito del hospital sufre una interrupción, una planta eléctrica envejecida debe entrar en funcionamiento. La ventana de tiempo para que lo haga de forma «perfecta» es de menos de diez segundos. ¿La razón? Los ventiladores pulmonares, muchos de ellos en estado de «obsolescencia tecnológica», carecen de baterías funcionales o directamente no tienen.

«Si la ventilación se interrumpe más de esos diez segundos, hay que establecerla de forma manual. Y los resultados no son los mismos», explica la especialista con la crudeza de quien conoce el precipicio al que se asoma.

Pero el daño no termina cuando la luz regresa. Los equipos, extremadamente sensibles a las fluctuaciones de voltaje, sufren un desgaste acelerado. «Los equipos de avanzada, que son costosísimos y tienen nuevas modalidades de ventilación, para un funcionamiento óptimo deben estar conectados de forma continua a la corriente. Con los cambios de voltaje, su batería se afecta y terminan dañándose. Algunos no los hemos logrado recuperar», lamenta.

El problema se extiende como una mancha de aceite por toda la unidad: incubadoras, pesas y más del 95% del equipamiento dependen de un fluido eléctrico que nunca es seguro.

Hoy, la preocupación se ha convertido en una sombra constante que acompaña cada guardia. «Ahora estamos muy preocupados por la situación actual del país. Si se afecta la electricidad, los hospitales tendrán que echar a andar con grupos electrógenos y el consumo de crudo será superior. Nos preocupa mucho», confiesa la doctora.

Detrás de los informes técnicos y los diagnósticos médicos, emerge el rostro humano de quienes libran esta batalla diaria. «Sentimos, por lo menos en lo particular, temor, angustia, todo. Son niños que están en nuestras manos. Nosotros somos los máximos responsables. La vida de ellos depende de lo que nosotros podamos ofertar. Da mucho temor, da angustia, da impotencia».

A pesar de los cortes eléctricos, el personal del Hospital Ramón González Coro ha logrado un milagro silencioso: ningún niño ha perdido la vida por estos fallos. Esta estadística no oficial es el más grande de los triunfos, y solo se explica por la profesionalidad a prueba de balas de médicos y enfermeras que, cuando la tecnología falla, ponen sus manos y su vocación al servicio de la vida.

El hospital sigue siendo centro de referencia nacional por el cuidado que le ponen sus responsables que sacan los recursos de donde no existen y por la legión de batas blancas que sostienen en sus manos lo más sagrado: la vida que apenas comienza. Mientras la luz vacila y los ventiladores luchan por no apagarse, ellos permanecen firmes, demostrando que siempre habrá un médico cubano dispuesto a encender la luz con sus propias manos.

Fuente: CUBAHORA

 

Hay noticias que llegan y sacuden la existencia. Quiso el destino que la recibida en las primeras horas de este domingo 4 de mayo traspasara el marco de la duda, de lo indeciso, para hacerla realidad. Ha fallecido en La Habana el Dr. C. Armando Caballero López en una etapa final en que su salud se vio afectada.

Y aunque no pudo ganar su última batalla partirá inmenso como lo demostró hasta su último día.

Quedan para siempre su faceta de investigador, la sabia del buen médico que buscó los nuevos conocimientos a favor del necesitado, las clases impartidas en la Universidad Médica o en un recinto hospitalario, el tesón por lograr su título de especialista de I y II grados en esa Anestesiología y Reanimación con la dignidad y el decoro de un profesional de excelencia, o la del II grado en Medicina Intensiva y Emergencias.

Hablar de méritos, medallas, distinciones y estímulos sería interminable, tan honoríficos como la de miembro reconocido de la Academia de Ciencias de Cuba, pero la que más le satisfizo —y me lo hizo saber en varias ocasiones— fue la de no pensar en distingos ni menos en la fama.

Se sentía campesino, como aquel muchachito, oriundo de Seibabo, que un día llegó con apenas cinco años a Santa Clara, y recordaba aquel regalo de su abuelo a partir de un libro que invitaba a ganar en salud. Quizás la justa puerta entreabierta para penetrar en ese, su mundo.

Jamás olvidó a quienes lo enseñaron y fueron sus maestros en la especialidad, al Dr. Arturo Escamilla Bringas, como impulsor en ese camino de la necesaria y a veces olvidada anestesia. Valen, entonces, los libros dedicados a esa rama, algunos con la participación de múltiples colegas, convertidos en referente de la medicina cubana y más allá de nuestras fronteras, hasta llegar al último contentivo de 197 capítulos, con 170 autores, y parte de ellos especialistas de todos los continentes.

Y un hombre de bien hablaba de satisfacciones. Su voz se enaltecía al recordar que la provincia tuvo la segunda sala de Terapia Intensiva en el país, a punto de cumplir 53 años, el próximo 8 de mayo: Su querida Sala 1, como se le llamaba en el hoy hospital Celestino Hernández Robau.

Y el otro regocijo es que sus dos hijos varones hayan proseguido las sendas del intensivismo, sin olvidar que su esposa Nancy resultó una enfermera de prestigio en sus años de labor.

Lamentablemente el corazón del Dr. Caballero estaba resentido. Un infarto previo en Angola en años atrás, repetido en etapa reciente, sumado a otros episodios que conllevaron a una compleja intervención cardiovascular en apenas días fueron deteriorando su salud.

Sin embargo, no conoció derroteros Seguía como el guerrero invencible o el deportista de altos rendimiento que aspira a su próxima meta como el arduo trabajo desplegado en los días intensos de la Covid.

Mucho más pudiera decirse, pero hoy Villa Clara y Cuba sienten el dolor cercano. Sus compañeros a los que forjó, las tantas personas que hizo volver a la vida y escucharles un “Gracias doctor”, los familiares que lo situaron en una especie de altar ante tanta gratitud, quienes un día recibieron un regaño o un llamado de atención para hacer mejores las cosas como lección inolvidable.

Vaya en paz, doctor, emprenda feliz el camino de la eternidad porque cumplió con la obra prometida. Que se vista de gloria el sendero de las ciencias médicas, y que desde donde esté ilumine por siempre la vida al contar con un Caballero del honor y de todos.

Díaz-Canel sobre el Dr. Caballero: “Dedicó su vida a salvar la vida de otros”

El presidente de la República de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, se refirió desde Rusia al fallecimiento del doctor Armando Caballero, reconocido galeno cubano y figura destacada en el ámbito de la medicina intensiva y la anestesiología.

Durante su trayectoria, el Dr. Caballero dedicó su vida al servicio de la salud pública, siendo ampliamente admirado por su compromiso profesional y humano en la salvación de miles de vidas. Su labor trascendió fronteras, consolidándolo como un referente en su especialidad y como un pilar fundamental para el sistema sanitario cubano.

El mandatario cubano expresó sus condolencias a través de la red social X, enviando un sentido abrazo a los familiares, amigos y pacientes del eminente médico, cuya influencia alcanzó a numerosas personas en toda la isla.

Díaz-Canel resaltó el legado del Dr. Caballero, subrayando su entrega incansable y el impacto de su trabajo en comunidades de Cuba, donde dejó una huella imborrable como profesional y ser humano.

4 Mayo 2025 Fuente: Cubadebate/ Noticias/ Salud