Nuestro país escribió una de las páginas más bellas de solidaridad al acoger en su tierra desde 1990 hasta 2011 a más de 26 000 pacientes afectados por el accidente de Chernóbil para recibir tratamiento médico y rehabilitación como parte de un programa integral. Un estudio, divulgado a nivel internacional, revela con detalle los resultados de este programa.

Cuatro décadas han transcurrido desde aquel fatídico 26 de abril, día en el que aconteció el peor accidente nuclear de la historia. La explosión del reactor 4 de la central nuclear Vladímir Ilich Lenin, al norte de Ucrania, provocó uno de los grandes desastres medioambientales que el mundo ha sufrido y dejó importantes lecciones para la sociedad y la comunidad científica.

Luego del accidente varias organizaciones internacionales y países ofrecieron asistencia técnica y ayuda humanitaria inmediata. Cuba fue uno de ellos, y de manera ininterrumpida desde 1990 hasta 2011 organizó y desarrolló un programa de atención médica integral masivo y gratuito.

Digno de admiración es que siendo el nuestro un país pequeño y pobre, haya organizado un programa de asistencia médica de tal magnitud, que curó a miles de niños y que ha dejado una profunda huella, sobre todo en Ucrania.

Detalles y precisiones

La sede principal del programa fue el campamento infantil de verano situado en la playa de Tarará, al este de la capital cubana. En esta instalación de 11 km cuadrados, con residencias donde habitualmente radicaban los niños y sus acompañantes, funcionaban dos hospitales, una clínica estomatológica, un parque de ambulancias, un centro de elaboración de alimentos, un teatro, escuelas, varios parques y áreas de recreación, entre ellas dos km de playa y otras comodidades e instalaciones necesarias para cumplimentar el objetivo propuesto.

El doctor Julio Medina, Director del Programa y del Hospital Pediátrico de Tarará, y el Doctor en Ciencias Omar García Lima, investigador titular del Centro de Protección e Higiene de las Radiaciones (CPHR), —institución que realizó la evaluación del impacto radiológico del accidente en los niños atendidos en Cuba—, publicaron en el número 60 de la revista científica de la Agencia Nuclear Cubana, Nucleus los resultados finales de este programa.

Cuba ha presentado esta información en todos los eventos científicos significativos que sobre Chernóbil se han realizado en el mundo. También especialistas cubanos han integrado el comité organizador de algunos de estos eventos.

Precisaron los autores del artículo que en el programa se atendieron 26 114 personas, de las cuales 21 874 eran niños. El 86 por ciento de los pacientes recibidos fueron de Ucrania, el 11,2 por ciento de Rusia y el 2,8 por ciento de Bielorrusia, Armenia y Moldavia. Se atendieron además 53 pacientes relacionados con el accidente de Goiania en Brasil. El año de mayor número de pacientes atendidos fue 1991 con 1 415 casos.

El estudio arrojó que la mayoría de los pacientes eran portadores de más de una enfermedad crónica. El 96,4 por ciento de los niños recibieron atención estomatológica. Se trataron 122 casos de leucemia y se hicieron 6 trasplantes de medula ósea. Hubo 117 casos con tumores de ellos, el 90 por ciento malignos. Un total de 1 687 pacientes fueron operados y se efectuaron 2 trasplantes renales.

Se realizaron 174 992 estudios en laboratorio clínico, 15 937 estudios microbiológicos, 50 788 investigaciones imagenológicas y 5 937 estudios de otra índole.

Importante destacar que las alteraciones psicológicas se manifestaron sobre todo en la primera década como un estrés postraumático con ansiedad, depresión, sobre valoración de las pérdidas objetivas y subjetivas del desastre, llegando a tendencias inadecuadas en la formación de la personalidad, refieren.

El programa fue capaz de extender su experiencia, por lo que constituye un referente en lo relativo a la atención médica ante situaciones de desastre, gracias a la experticia y la dedicación de los trabajadores de los sectores de la salud y la ciencia de nuestro país.

En Cuba se hicieron estudios que permitieron medir la contaminación interna por Cesio 137 en más de 8 000 niños con edades entre 1 y 17 años y estimar las dosis de radiación que recibirían. El primer corte de estos estudios con 4 500 casos fue publicado por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), que organizó una reunión de expertos internacionales en Cuba para analizar los resultados obtenidos en la isla. Esta es la única ocasión en que este organismo internacional dedicó una publicación sobre Chernóbil a autores de un solo país.

Las dosis totales en los niños atendidos en Cuba fueron muy bajas y se situaron en el intervalo de las dosis ambientales. Se demostró que no causaban daños a los cromosomas ni al ADN, considerado el blanco principal de las radiaciones.

Aunque el programa fue creado para la atención de los niños de áreas afectadas por la catástrofe que requerían atención médica —y por ello, algunos debieron someterse a intervenciones quirúrgicas y otros procederes— también Cuba ofreció cobertura médica a algunos adultos que viajaron como acompañantes, puntualizaron los expertos.

Además, aseveran, como parte de esta ayuda humanitaria, una brigada médica cubana laboró en distintas ciudades de Ucrania y existió una representación de Medicuba con la misión de registrar medicamentos cubanos allí».

Se realizaron estudios retrospectivos en un grupo de 3 500 niños ucranianos, atendiendo a dos criterios de evaluación, tales como la contaminación interna medida en algunos de ellos, y en otros, la contaminación superficial de los territorios. A todos se les analizó el comportamiento de la morbilidad, el peso y la talla, el hemograma periférico y la hemoglobina, las hormonas T4, TSH y las frecuencias de hiperplasias tiroideas. Solo este último parámetro mostró una tendencia al incremento en relación con la contaminación interna y la de los territorios

Se realizaron, además, dos estudios biomédicos prospectivos, utilizando las aberraciones cromosómicas y los micronúcleos en los linfocitos de la sangre periférica. En uno, se analizó el comportamiento de estos dos  indicadores en un grupo de 14 pacientes con padecimientos hematológicos y lo más significativo fue la detección del aumento de micronúcleos en un caso que presentaba una enfermedad de origen viral.

En el segundo estudio se analizaron 69 niños de distintas localidades, algunas afectadas directamente por lo ocurrido en Chernóbil y de Kiev, ciudad no contaminada. En todos los grupos las frecuencias de aberraciones cromosómicas fueron similares, lo que evidenció que los niveles de dosis recibidos por los niños en las localidades que fueron objeto de estudio, no indujeron la aparición de aberraciones cromosómicas.

Otros estudios revelan que no se produjeron alteraciones detectables en el ADN, lo cual es muy significativo porque el ADN es considerado el blanco principal sobre el que actúan las radiaciones.

Fuente: Juventud Rebelde

 

 

abril 29, 2026 | Mirta Nuñez Gudás | Filed under: Chernobil, Cuba, De la prensa cubana, Solidaridad | Etiquetas: , , |

En estos momentos se está desarrollando una historia en todo el Caribe que debería quitarle el sueño a todos los ministros de salud africanos, y casi nadie en este continente le está prestando atención.

Pero empecemos por Gambia, porque ahí es donde la historia cobra sentido. En junio de 1996, el líder cubano Fidel Castro envió a treinta y ocho trabajadores sanitarios cubanos a uno de los países más pequeños y con menos recursos del continente. Sin alardes. Sin cámaras de la CNN. Simplemente llegaron y empezaron a trabajar. Treinta años después, la administración de Barrow da la bienvenida a 260 más para dotar de personal a 23 nuevas clínicas en todo el país. Y en algún punto de ese lapso entre 38 y 260, entre 1996 y 2026, ocurrió algo extraordinario que la industria del desarrollo global nunca ha sabido cómo clasificar, porque no encaja con la narrativa que les gusta contar sobre África.

No fue ayuda humanitaria. No fue caridad. Fueron dos países del Sur Global que decidieron que se necesitaban mutuamente y lograron que esa relación funcionara durante tres décadas.

He estado pensando en por qué esta alianza no recibe más atención, y creo que es porque resulta inconveniente. Complica la idea de que los países pobres necesitan instituciones occidentales para funcionar. Gambia se convirtió en una de las primeras naciones africanas en implementar el Programa Integrado de Salud en 1999, una descentralización total de la atención primaria que convirtió a la Brigada Médica Cubana en la columna vertebral del personal médico del país. Esto no sucedió gracias al FMI, a USAID ni a una cumbre del G7, sino gracias a un acuerdo bilateral entre Banjul y La Habana.

Y luego está la Operación Milagro, la iniciativa quirúrgica especializada que devolvió la vista a miles de gambianos. O la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud Afines, donde estudiantes gambianos se están formando para convertirse en la próxima generación de médicos en su propio país. Estos son logros estructurales. El tipo de cosas que se construyen a lo largo de décadas.

Estados Unidos, y en concreto el Departamento de Estado de Rubio, ha presionado sistemáticamente durante el último año a los gobiernos para que rompan sus acuerdos con las brigadas médicas cubanas. Han revocado visados ​​a funcionarios brasileños, africanos y caribeños cuyo único delito fue mantener acuerdos de colaboración en materia de salud con Cuba. Han enviado memorandos internos «confidenciales» que detallan estrategias para desmantelar el programa médico internacional de Cuba país por país. Guatemala se dio por vencida. Honduras se dio por vencida. Jamaica, que recibió 50 años de solidaridad médica cubana, donde médicos cubanos atendieron partos, devolvieron la vista y realizaron decenas de miles de cirugías, está poniendo fin a todo esto.

La justificación oficial es el “trabajo forzoso”. Y miren, la economía interna de cómo Cuba compensa a sus médicos en el extranjero es un asunto interno, pero un médico con el que hablé me ​​dijo que “es una forma de devolverle algo a mi país después de haber estudiado medicina gratis”. También me comentó que los médicos sienten orgullo de representar a su nación en el extranjero de manera positiva.

Pero seamos honestos sobre lo que realmente es esta campaña. El programa de exportación de suministros médicos de Cuba es una de las últimas fuentes importantes de ingresos que evitan el colapso total de la economía de la isla, especialmente después de que Washington impusiera un bloqueo petrolero total en enero de este año. Interrumpir esos ingresos no es una iniciativa en defensa de los derechos laborales. Es una guerra económica, y los pacientes de las zonas rurales de Guatemala y Kingston, Jamaica, son las víctimas colaterales.

Algunos países se han negado. Trinidad y Tobago, en esencia, mandó a Washington a paseo y le dijo que prefería perder los privilegios de visado estadounidenses antes que abandonar la atención médica de la que depende su población. Eso requirió valentía. El tipo de valentía institucional que surge de creer realmente en la propia soberanía, no solo de ejercerla.

Tras 30 años de experiencia sobre el terreno, podemos extraer tres lecciones. La primera es que la atención primaria no es glamurosa, y ese es precisamente el quid de la cuestión. El modelo cubano se basa en clínicas comunitarias, medicina preventiva y médicos integrados en los lugares donde vive la gente. África tiene demasiados hospitales de lujo que atienden a la clase media urbana y muy pocos centros de salud rurales que funcionen correctamente. El modelo cubano invierte esta situación.

En segundo lugar, el objetivo de cualquier alianza externa debe ser volverse innecesaria. Lo más importante en esta relación Cuba-Gambia no son los 260 médicos que llegan este año, sino los estudiantes gambianos de SMAHS, quienes no los necesitarán dentro de veinte años. La dependencia no se resuelve con mejores socios, sino desarrollando la propia capacidad hasta que los socios se conviertan en colegas.

En tercer lugar, la solidaridad necesita ser defendida como cualquier activo estratégico. Lo ocurrido en Jamaica no sucedió de la noche a la mañana. Fue resultado de una presión diplomática constante, amenazas de visado y una narrativa cuidadosamente construida que presentó a los médicos como explotadores. Los gobiernos africanos y la Unión Africana necesitan marcos sólidos que protejan los acuerdos de cooperación Sur-Sur precisamente de este tipo de injerencia de terceros.

Hace treinta años, 38 personas bajaron de un avión en Banjul y se fueron a trabajar. No querían hacer ninguna declaración. Simplemente estaban haciendo su trabajo.

Pero al final resultó ser una declaración sobre lo que es posible cuando dos pequeñas naciones del Sur Global deciden tomarse en serio mutuamente. Sobre cómo es la atención médica cuando se basa en la necesidad y no en el lucro. Sobre el tipo de solidaridad que perdura más allá de los ciclos electorales, las modas geopolíticas y la presión de los países poderosos que preferirían que dependiéramos de ellos.

El Caribe está siendo desmantelado en estos momentos. Alianza tras alianza, clínica tras clínica. Y el argumento que se esgrime —implícitamente, mediante la revocación de visados ​​y la presión diplomática— es que los países en desarrollo no pueden elegir a sus propios socios en materia de salud sin consecuencias.

La respuesta de África a ese argumento se está escribiendo en Banjul. En 23 nuevas clínicas. En 260 médicos que se presentaron.

Fuente: Trabajadores

Materiales sanitarios para Cuba fueron adquiridos en Euskadi, País Vasco, gracias a una aportación particular y recaudaciones anteriores, informaron hoy los organizadores de la campaña.

El sindicato vasco LAB recibió una donación particular de 150 mil euros, con destino al sistema de salud de Cuba, se conoció este martes.

LAB ha realizado una campaña de recogida de fondos y material sanitario para la isla, junto a las asociaciones Euskadi-Cuba, Sierra Maestra y Desembarco del Granma (integradas por cubanos residentes en España).

Luego de una recaudación de más de 17 mil euros, suman 167 mil 311 euros consagrados a la compra de 154 marcapasos bicamerales para pacientes de la isla, a través de Medicuba-Europa, red de Asociaciones y ONGD de 13 estados europeos.

Según la fuente, el objetivo era llegar a mil marcapasos unicamerales y bicamerales, cubriendo de este modo el déficit del país, y con la aportación vasca esta meta casi se ha cumplido.

El coste por unidad es de 550 euros para los marcapasos unicamerales y de mil 90 euros para los bicamerales.

«Langileon elkartasunez, blokeoa hautsi!» (Mediante la solidaridad de los trabajadores, ¡rompamos el bloqueo!) fue el lema de la citada campaña solidaria vasca, que recogió durante varios meses en más de 20 sedes del sindicato LAB y en centros hospitalarios, hasta seis toneladas de material sanitario.

Fueron enviados en dos contenedores marítimos, con destino a hospitales cubanos. También se acopiaron 185 kilos de medicamentos, valorados en 36 mil euros.

Los impulsores de la campaña señalaron que la iniciativa, lanzada el 1 de septiembre, nació como respuesta directa “al criminal bloqueo económico de Estados Unidos, intensificado en los últimos años con 243 medidas coercitivas adicionales y la infame inclusión de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo».

“Estas políticas, diseñadas para asfixiar a Cuba, han reducido el cuadro básico de medicamentos en hospitales y farmacias cubanas a un escaso 30 por ciento, vulnerando masivamente el derecho humano a la salud”, añadieron.

Fuente: Prensa Latina