El parasitismo o parasitosis intestinal es una condición en la cual un parásito infecta el tracto gastrointestinal de los seres humanos y otros animales. Estos agentes patógenos suelen alojarse en el tubo digestivo, pero algunos tienen etapas en su ciclo de vida donde se localizan en otros órganos o de hecho se alojan en otras partes del cuerpo. Generalmente entran al organismo por la boca, a partir del consumo de agua o alimentos contaminados, aunque también hay parásitos que pueden penetrar a través de la piel.

Algunos de estos patógenos son visibles a simple vista, mientras que otros son organismos unicelulares. Dentro de los primeros están los así llamados helmintos, que pueden redondeados (nematelmintos) como el Ascaris lumbricoides (áscaris) o planos (platelmintos) como la Taenia saginata (lombriz solitaria). Por otro lado, están los protozoos microscópicos como la Giardia lamblia (giardia) o la Entamoeba histolytica (ameba).

Los signos y los síntomas que ocasionan pueden variar en dependencia del tipo de parásito, pero la mayoría se manifiestan en forma de trastornos gastrointestinales y astenia o debilidad. Por lo general se presentan diarreas, náuseas, disentería y dolor abdominal, con lo cual se afecta negativamente al estado nutricional del enfermo.

Para enfrentar este problema, la adopción de medidas higiénicas resulta imprescindible. El lavado adecuado y frecuente de las manos, la correcta cocción y manipulación de los alimentos, el consumo de agua convenientemente tratada y el uso de zapatos son algunas de estas medidas.

Desde el punto de vista farmacológico, existen tratamientos bien establecidos para combatir los diferentes parásitos intestinales, pero se reconoce que las plantas medicinales también resultan unas excelentes aliadas para desparasitar de manera recurrente y tener un organismo más sano. En esta columna ya hemos compartido sobre especies que son de utilidad frente a tales patógenos y vale recordar al ajo (Allium sativum) y la esclaviosa o majuito (Capraria biflora). Agreguemos a la lista otras dos plantas que se recomiendan con fines similares en la tercera edición de la Farmacopea Vegetal Caribeña, fundamentalmente sobre la base del uso tradicional documentado y los estudios de seguridad. Estas son:

Citrus x aurantium (naranja agria): Se prepara una decocción con entre tres y cinco hojas tiernas en medio litro de agua. Esta mezcla se deja hervir durante cinco minutos en recipiente tapado y luego se refresca, se filtra y se bebe una taza tibia, equivalente a 250 mililitros, dos veces al día durante tres días seguidos. No se debe emplear durante el embarazo, la lactancia ni en niños menores de ocho años. Se plantea que la naranja agria puede afectar la presión sanguínea, lo cual es significativamente potenciado por la cafeína. Se debe evitar su consumo en personas bajo tratamiento con algunos antidepresivos, en pacientes con hipertensión severa, diabetes, glaucoma e hiperplasia prostática. El aceite esencial de la planta puede producir reacciones de hipersensibilidad.

Café (Coffea arabica): Se emplean las hojas y con ellas se prepara una decocción con entre tres y cuatro cucharadas de hojas maduras troceadas para medio litro de agua. Se hierve durante cinco minutos en recipiente tapado y luego se dejar enfriar, se filtra y se bebe una taza tres veces al día. Por posibles interacciones se debe evitar su empleo concomitante con hipoglicemiantes orales o insulina, con antipsicóticos, antiepilépticos y fármacos estimulantes del sistema nervioso central. Su ingesta se limita en caso de gastritis, úlcera péptica e hipertiroidismo. No está recomendado durante el embarazo, la lactancia ni en niños menores de cinco años.

Otros textos refieren más plantas con actividad antiparasitaria, entre ellas el cundeamor (Momordica charantia), la fruta bomba (Carica papaya) y la maravilla (Mirabilis jalapa). Aunque sin dudas las medidas higiénicas y los medicamentos convencionales en la actualidad resultan eficaces frente a estos patógenos, vale repetir que las plantas medicinales todavía mantienen una merecida vigencia en el mundo moderno para combatir las parasitosis intestinales y cuidar de esta forma nuestra salud… ¡desde lo natural!

Fuente: Cubadebate

La pertinaz lluvia de noviembre anunciaba la llegada del breve invierno caribeño. Llegar al Puente de 100, en La Habana, más que brindarme protección, me deparó una sorpresa y, sobre todo, una gran preocupación. Ahí, en medio de la marginalidad y el desorden, ciertos fenómenos ocurren a la vista de todos, sin el menor pudor. Y uno, en particular, se ha salido de control por completo: la venta indiscriminada de medicamentos.

Ya ni siquiera se esconden. Los pasillos están copados por una variada oferta de medicamentos de toda índole —importados y también de nuestra industria farmacéutica— que, con frecuencia, escasean en la red de farmacias del Ministerio de Salud Pública. Sobre palanganas y banquitos improvisados se apilan fármacos de todo tipo: antidepresivos, antibióticos, analgésicos, pastillas para la presión. Los mismos que faltan en la red de farmacias aquí se ofrecen sin receta ni control.

Lo más alarmante es la venta de medicamentos de uso controlado junto a productos comunes. La carbamazepina, un fármaco que requiere supervisión médica estricta, se ofrece como si fuera una mercancía cualquiera. Ante esta realidad, surgen preguntas indispensables: ¿quién garantiza que estos medicamentos son seguros? ¿Dónde se almacenaron? ¿Bajo qué condiciones se transportaron? ¿Quién controla su autenticidad y estado, incluido el cumplimiento de las condiciones de preservación, como en el caso de las vitaminas inyectables? ¿Quién responde si ocurre una reacción adversa?

Estos vendedores se aprovechan de la escasez y lucran de forma impúdica. El país, ante las limitaciones en el cuadro básico de medicamentos, implementa desde hace dos años medidas para facilitar su importación, una brecha que estos mercaderes explotan para mantener y hacer crecer un negocio muy lucrativo.

Pregunté por varios medicamentos. Si no los tenían en su amplia oferta, me remitían a la Güinera o a la Calzada de Diez de Octubre, una suerte de circuito premium de compras donde, con el presupuesto suficiente, aparece cualquier medicamento.

La escena se repite a cualquier hora. Hay quien compra por necesidad urgente, quien lo hace por impulso y quien, con la conciencia adormecida por la escasez, normaliza la práctica. La circulación de fármacos fuera de los canales regulados crea, además, un efecto llamada: proveedores y clientes se reconocen, se organizan y profesionalizan la oferta.

Entre vendedores ocasionales y comerciantes asentados, emergen prácticas que deberían alarmar a cualquier autoridad sanitaria: frascos sin etiqueta original, envases abiertos, pastillas reempaquetadas en bolsas plásticas y falta de información sobre lotes y fechas de caducidad.

Esta improvisación no solo oblitera la trazabilidad del producto, sino que convierte al paciente en un conejillo de Indias —comprador y usuario a la vez— sin garantía alguna sobre la procedencia o la eficacia de lo adquirido.

La responsabilidad social se diluye en la lógica del trueque y la ganancia rápida. Hay familias que recurren a ese mercado porque no les queda otra opción; y hay, también, quienes explotan esa desesperación para lucrarse.

La venta indiscriminada de medicamentos en espacios públicos como el Puente de 100 no es solo un síntoma de escasez: revela fallas en la fiscalización y un deterioro de la ética colectiva. Se requieren medidas urgentes y coordinadas que articulen un control efectivo, la recuperación del abastecimiento formal y campañas informativas claras y accesibles para la población.

Sin intervenciones rápidas y sostenidas, la medicina seguirá siendo tratada como mercancía, y quienes menos tienen continuarán pagando el precio más alto: su salud.

28 Noviembre 2025 Fuente: Cubadebate/ Noticias/ Salud

noviembre 28, 2025 | Arlenes Tamayo Osorio | Filed under: Cuba, De la prensa cubana, Salud, Salud Pública | Etiquetas: , , |

Durante la fase aguda, caracterizada por fiebre y viremia, especialistas desaconsejaron el uso de esos fármacos hasta descartar dengue, pues este virus puede provocar hemorragias y los AINES incrementan esa posibilidad.

En ese período se recomendó paracetamol para controlar fiebre y dolor, acompañado de hidratación y reposo, bajo vigilancia médica.

Tras la desaparición de la fiebre, los pacientes suelen presentar dolor articular y fatiga, en esa fase postaguda los AINES pueden aliviar la inflamación persistente, siempre por lapsos cortos y bajo supervisión profesional.

En casos de artritis crónica posterior al chikungunya, los AINES ofrecen alivio parcial, pero no sustituyen tratamientos de fondo como metotrexato o hidroxicloroquina, que requieren evaluación reumatológica.

Señales como dolor articular prolongado, rigidez matinal, inflamación visible o molestias gástricas al usar AINES deben motivar consulta médica inmediata.

La evidencia científica citada por el centro incluye guías de la Organización Mundial de la Salud y estudios regionales que confirman la necesidad de ajustar el tratamiento según la fase de la enfermedad.

Especialistas insistieron en que la automedicación puede complicar el cuadro clínico y subrayaron la importancia de acudir a profesionales para recibir orientación adecuada.

14 Noviembre 2025 Fuente: ACN/ Noticias/ Salud

noviembre 15, 2025 | Arlenes Tamayo Osorio | Filed under: Cuba, De la prensa cubana, Salud, Salud Pública | Etiquetas: , , , , , , |