A la par del ejercicio tradicional hipocrático, quienes apuestan por servir desde la Medicina deben comprometerse también con la investigación. Con ello le ofrecerán al mundo nuevas visiones sobre problemáticas que requieren propuestas de soluciones o ser enriquecida.

Querer ser médico es, ante todo, una decisión valiente. Por las venas debe correr la vocación y el respeto hacia una noble profesión, de esas que son necesarias de día y de noche, sin importar idiomas o ideologías. Brindar la asistencia requerida es un deber, y la bata blanca se convierte en más que un símbolo.

La actitud ante la vida cambia de dimensión una vez que se ha elegido luchar por la de los demás bajo cualquier circunstancia. La mano extendida, el abrazo apretado, la sonrisa de agradecimiento se convierten en los grandes premios cuando se ve a una madre cargar a su bebé, a un anciano caminar después de un accidente o un adolescente recuperar la alegría.

Sin embargo, a la par del ejercicio tradicional hipocrático, quienes apuestan por servir desde la Medicina deben comprometerse también con la investigación. Con ello garantizarán una calidad mayor de su atención y le ofrecerán al mundo nuevas visiones sobre problemáticas que requieren propuestas de soluciones o ser enriquecidas.

Entre los jóvenes galenos cubanos pueden encontrarse numerosos estudios que apuntan hacia un mejor futuro de la salud. Hoy compartimos la experiencia de uno de ellos, que evidencia la magnitud que puede tomar lo que, desde su silla de consulta, una vez fue una pregunta.

Un espacio para crecer

Justo el día que defendía su tesis de fin de la especialidad en Medicina General Integral, el pinareño Lázaro Pablo Linares dialogó con esta reportera sobre su proyecto de investigación, con el cual aspira a incorporarse al programa de formación doctoral.

Para concluir la especialidad diseñó y ejecutó una intervención educativa que tiene como objetivo mejorar el control de la presión arterial en hipertensos.

Su tema parte de una problemática sanitaria puntual, y es el elevado porcentaje de hipertensos descompensados constatado en su área, «cuyos niveles de presión no se acercaban a los indicados por la Organización Mundial de la Salud y los indicadores nacionales, que son los recomendables para que el paciente no tenga el riesgo de padecer un evento cardiovascular, una enfermedad coronaria, renal u otras complicaciones», precisó.

«La muestra para la investigación la integraron 140 pacientes de mi consultorio, de diferentes edades, sexo, posición económica».

Este es un estudio no observacional (intervención-acción), longitudinal prospectivo, desarrollado entre 2021 y 2023, que tuvo tres etapas, en las que se vincularon métodos teóricos y prácticos, la primera de ellas fue la revisión documental, la segunda correspondió a la evaluación clínica y paraclínica, y la tercera a la aplicación de instrumentos, lo cual permitió la obtención de la información necesaria.

Tras concluir el trabajo con la muestra seleccionada y realizar charlas educativas al respecto con este grupo, se evidenció que las modificaciones reportadas sobre el control de la presión, el nivel de conocimientos y la adherencia farmacológica no se correspondían con lo deseado.

¿Resultados esperados?

Lázaro Pablo refiere que «en la investigación no hay resultados buenos ni malos. Son los resultados que hay, y sobre ellos hay que trabajar», apunta. Para el doctorado, dijo, será necesario aplicar modificaciones sobre las brechas detectadas.

Al referirse al empleo de la investigación educativa en la resolución de problemáticas asociadas directamente con la Salud, este doctor señala en su tesis que, por medio de las intervenciones educativas, se observa la importancia de la transmisión de conocimientos a pacientes o individuos vulnerables o en situación de riesgo.

Es este un proceso que permite modificar conductas a través de estrategias y enfocadas en un plan de mejoras.

A sus 28 años y como autor de varias publicaciones en revistas científicas que abordan temáticas tan complejas en la Cuba de hoy como la calidad de vida en el personal sanitario de la Atención Primaria, con una muestra seleccionada en Pinar del Río, Lázaro Pablo no piensa abandonar la asistencia.

«Desde primer año fui alumno ayudante de Neurocirugía, y me concebía en un salón, pero cuando llegué a quinto año se implementó la verticalización. Solo había dos opciones: hacer el sexto año en el internado rotatorio o hacer el vertical.

«Ambas opciones tenían sus pros y sus contras; evalué las situaciones y vi que el interés era hacer el internado rotatorio, o sea, pasar el sexto año repasando todas esas especialidades que dimos durante la carrera, por ejemplo, Medicina interna, Cirugía, Ginecología…».

Alumno más integral de su graduación en 2020, este joven asegura: «Las especialidades que más me gustaban eran las quirúrgicas. La clínica sé que es la base de las medicinas, pero no me atraía tanto. No obstante, en aquel momento dije, voy a hacer Medicina General Integral y no me arrepiento. Creo que es la mejor decisión que he tomado en mi vida.

Este galeno explica que las especialidades quirúrgicas requieren de años de práctica para ganar en el desarrollo de habilidades. «Creo que ya no tengo ese tiempo, pero una segunda especialidad que siempre me ha llamado la atención es Bioestadísticas. Como limitante tiene que solo se estudia en La Habana y está regulada».

Para Lázaro Pablo es esencial que los jóvenes médicos y estudiantes de Medicina se interesen por la investigación, más entiende que primero es necesario que se incentiven por la profesión, que no la abandonen, y que se visualicen como médicos dentro de 20 años.

«Otro aspecto relevante es que en la universidad nos enseñen a investigar. Asignaturas como Metodología tienen que estar más aterrizadas a las líneas y necesidades de investigación reales que tenemos».

Integrante del equipo editorial de la Revista de la Universidad de Ciencias Médicas de Pinar del Río desde que concluyó el segundo año de la carrera, el joven asegura que cada día dedica un tiempo a estos asuntos, y para ello recibe el apoyo incondicional de su familia, la que ha creado las condiciones para ello.

Sueña con que llegue hasta los consultorios la informatización de la sociedad. «El médico se ahorraría la mitad del papeleo y la documentación, la Medicina va a mejorar entonces porque sería solo enfocarse en ver al paciente».

Solo una duda lo asalta. «¿Por qué no puede tener una categoría como investigador que no sea la de aspirante hasta cinco años después de graduado, aun cuando reúna los requisitos de idiomas, participación en eventos y publicaciones científicas?

«Es ilógico que me pueda presentar al programa de formación doctoral en Medicina, incluso desde la etapa de residencia, y no pueda aspirar a esa categoría».

Según su criterio, es preciso seguir trabajando en que los jóvenes se interesen más por la ciencia, que logren hacer maestrías y doctorados, que se superen en el posgrado, pues ello impactaría también en la asistencia. Es este un tema que, asegura, en el sector de la Salud debe tener un mayor impulso.

7 diciembre 2023|Fuente: Juventud Rebelde | Tomado de |Noticias| Suplementos en Red

diciembre 7, 2023 | Gleidis Hurtado Cumbá | Filed under: Ciencia, Cuba, De la prensa cubana, Salud | Etiquetas: , , , , , , |

Una Planta de Oxígeno funciona desde este domingo en el Hospital General Aleida Fernández Chardiet del municipio mayabequense de Güines tras inaugurarse con la presencia de la miembro del Comité Central del Partido y primera secretaria en la provincia, Yuniasky Crespo Baquero.

La planta abastece a las diversas salas de la institución mediante un enlace por tuberías entre el generador y las camas de los pacientes como forma de mejorar el servicio de salud.

La garantía de oxígeno de manera constante reemplaza el llenado de botellones en establecimientos de La Habana y favorece al resto de los hospitales, policlínicos y consultorios radicados en la provincia.

Crespo Baquero felicitó a los integrantes de la nueva Planta de Oxígeno de Mayabeque por pertenecer a la primera obra inaugurada en el territorio con motivo del 65 aniversario del triunfo de la Revolución.

7 diciembre 2023|Fuente: Radio Reloj | Tomado de |Noticias| Salud

Finlay enunció por primera vez, el 18 de febrero de 1881, ante la V Conferencia Sanitaria Internacional de Washington, su teoría del contagio de la fiebre amarilla, a través de la existencia de un agente biológico intermedio, capaz de transmitir esa dolencia de un individuo enfermo a otro sano

Hijo de padre escocés y madre francesa, Carlos Juan Finlay Barrés, el más universal de los científicos cubanos, nació el 3 de diciembre de 1833 en Puerto Príncipe, actual ciudad de Camagüey, hace 190 años.

Médico de profesión, Finlay enunció por primera vez, el 18 de febrero de 1881, ante la V Conferencia Sanitaria Internacional de Washington, su teoría del contagio de la fiebre amarilla, a través de la existencia de un agente biológico intermedio, capaz de transmitir esa dolencia de un individuo enfermo a otro sano.

Ese revolucionario planteamiento constituyó su más grande aporte a la ciencia médica mundial, al representar una ruptura radical con las concepciones epidemiológicas prevalecientes hasta entonces, según las cuales las dolencias solo podían diseminarse por contacto directo entre las personas o debido a la influencia de un factor ambiental.

Seis meses después, en una sesión de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, celebrada el 14 de agosto de 1881 (fue elegido Miembro de Número de esa institución, en 1872, y en 1895 Miembro de Mérito), el sabio cubano esbozó la hipótesis de que el agente transmisor debía ser un mosquito, probablemente la hembra de la especie hoy denominada Aedes aegypti.

Así, Finlay no solo identificó al vector transmisor de esa enfermedad, también fundamentó y demostró un nuevo modo de propagación de las enfermedades no enunciado hasta ese momento.

Tuvo también la genialidad de diseñar y proponer las recomendaciones higiénicas destinadas a la eliminación del mosquito, deviniendo así en precursor de la lucha antivectorial.

Pasaron casi 20 años años para que sus postulados relacionados con la prevención de la fiebre amarilla fueran sometidos a prueba por el Gobierno interventor estadounidense, en 1901.

Basadas en las recomendaciones de Finlay, en ese propio año La Habana se vio envuelta en una masiva batida contra el insecto, cuya acción fundamental radicaba en destruir las larvas en los propios criaderos localizados en acumulaciones de agua estancada.

Con la instauración de la República, el 20 de mayo de 1902, es nombrado Jefe Superior de Sa­nidad, y confeccionó el primer código sanitario que tuvo nuestro país.

Dispuso, de manera obligatoria, la vacunación contra la viruela, y abogó por crear mecanismos capaces de garantizar el saneamiento sistemático de la vía pública. Prohibió, de igual modo, los baños en determinadas áreas del litoral habanero, al considerar que las aguas estaban contaminadas.

Al igual que su padre, Finlay fue un reconocido oftalmólogo. En el ejercicio de esa especialidad describió un nuevo método quirúrgico para la extracción de cataratas, y diseñó un dispositivo capaz de atenuar la brillantez de la luz natural en los pacientes operados, así como un efectivo vendaje ocular.

Hizo diferentes investigaciones sobre el cólera en La Habana, logrando corroborar que la mayor incidencia de pacientes se concentraba en las áreas más cercanas a la Zanja Real.

Como aparece reseñado en el libro Historia de la ciencia y la tecnología en Cuba, de un colectivo de autores encabezados por el fallecido doctor Pedro Marino Pruna, entre 1905 y 1915 (año en que falleció, el día 20 de agosto), Finlay fue propuesto en varias ocasiones al Premio Nobel de Medicina y Fisiología, único cubano conocido en el orden individual que haya sido candidato a merecer tan alta distinción en reiteradas oportunidades, pero no se le concedió.

Si bien hubo intentos malintencionados de silenciar su monumental obra o arrebatarle, incluso, la paternidad de la teoría del mosquito como transmisor de la fiebre amarilla, el XII Congreso de Historia de la Medicina, celebrado en Roma, en 1954, ratificó que solo a Carlos Juan Finlay le corresponde el mérito de haber logrado tan significativo descubrimiento.

Para rendir permanente homenaje a Finlay en la fecha de su natalicio, a propuesta de la delegación cubana, los participantes en el IV Congreso de la Asociación Médica Panamericana, efectuado en la ciudad de Dallas, Estados Unidos, en marzo de 1933, aprobaron por unanimidad instituir, con carácter permanente, el 3 de diciembre, como Día de la Medicina Americana.

Después del triunfo de la Revolución, en Cuba la efeméride pasó a ser el Día de la Medicina Latinoamericana y del Trabajador de la Salud.

5 diciembre 2023 | Fuente: Granma| Tomado de |Noticias| Cuba