Las declaraciones difamatorias realizadas por la Encargado de Negocios de la Embajada de los EE.UU. en Barbados, que aparecen en el artículo publicado por Dominica News Online el 18 de febrero, tergiversan la cooperación médica internacional de nuestro país con falsedades.
Este ataque forma parte de una campaña de desinformación que distorsiona la naturaleza y niega el impacto de un programa humanitario reconocido por la comunidad internacional, incluidos organismos como la Organización Mundial de la Salud.
Es el uso recurrente de la mentira lo que ha llevado a que el Gobierno estadounidense no tenga credibilidad ni siquiera entre sus propios ciudadanos. No lo dice Cuba, según el centro de investigación con sede en los EE.UU., Pew Research, en diciembre de 2025, la credibilidad del Gobierno estadounidense se situó en un 17%.
Desde hace más de seis décadas, Cuba, un país con limitados recursos y bajo un cruel régimen de sanciones de la potencia más poderosa del planeta, ha demostrado que la verdadera solidaridad se traduce en hechos y es por eso que más de 605 000 profesionales cubanos de la salud han participado voluntariamente en misiones en 165 países, atendiendo a más de 2 300 millones de pacientes, realizando alrededor de 17 millones de cirugías, asistiendo más de 5 millones de nacimientos y salvando más de 12 millones de vidas.
En el mismo período, los EE.UU. han realizado intervenciones militares y operaciones encubiertas en más de 25 países. Diversas estimaciones sitúan en millones las muertes que han resultado de ese accionar bélico. Y aquí debemos incluir a las más de 100 víctimas mortales que entre finales de 2025 e inicios de 2026, bombardeos de EE.UU. han causado en aguas de nuestro mar Caribe, en lo que expertos de Naciones Unidas han definido como asesinatos extrajudiciales.
Este accionar diferente entre Cuba y los EE.UU. fue el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz quien mejor lo definió, Cuba envía “médicos y no bombas”.
La colaboración en el sector de la salud de Cuba ha sido reconocida incluso por voces dentro de los propios EE.UU.. En 2016, el entonces presidente Barack Obama, durante su visita a Cuba en 2016 expresó:
“Hemos desempeñado roles muy diferentes en el mundo. Pero nadie debería negar el servicio que miles de médicos cubanos han prestado a los pobres y los que sufren. (Aplausos). El año pasado, trabajadores de la salud estadounidenses -y militares de EE.UU.– trabajaron codo a codo con los cubanos para salvar vidas y acabar con el Ébola en África Occidental. Creo que deberíamos continuar teniendo esa clase de cooperación en otros países.”
No fue Cuba quien puso fin a esta cooperación, fue un nuevo Gobierno de los EE.UU. quien decidió escalar en el conflicto bilateral y en medio de la pandemia de la COVID 19 recrudeció sus sanciones y se negó incluso a vender a Cuba oxígeno para los pacientes de esta emergencia sanitaria.
Nuestra cooperación médica no es un negocio ni un instrumento de explotación. Es solidaridad que salva vidas y que responde a la solicitud de gobiernos soberanos cuyos pueblos se benefician de ella. La participación en estas misiones es voluntaria, regulada por acuerdos bilaterales, respetuosos de las leyes internacionales y de los derechos de los profesionales cubanos, quienes regresan a su país con reconocimiento social y profesional. Las acusaciones de “trabajo forzado” carecen de fundamento y responden a una narrativa política.
El Gobierno de los EE.UU. se dedica no solo a difamar, sino que amenaza a los países donde nuestros colaboradores prestan sus servicios. La historia demuestra que donde los EE.UU. logra imponer su voluntad y eliminar la presencia de colaboradores cubanos de la salud el resultado es el deterioro en la atención médica y el sufrimiento de la población.
Hoy, mientras el Gobierno de los EE.UU. continúa recrudeciendo su agresión y busca generar una crisis humanitaria al proponerse impedir que lleguen combustibles a Cuba, nuestro heroico pueblo resiste, sabe que no está solo pues cuenta con la solidaridad del mundo y no se rendirá.
En medio de un escenario marcado por el recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el Gobierno de los Estados Unidos contra Cuba, la Salud Pública en Pinar del Río busca alternativas y demuestra que la voluntad colectiva se impone ante las carencias materiales.
Una evidencia palpable lo es el policlínico Hermanos Cruz, una institución que asiste a seis consejos populares del municipio cabecera y mantiene en funcionamiento todos sus servicios, a pesar de las limitaciones de combustible y los perjuicios al suministro eléctrico que impactan directamente en los procesos vitales como la esterilización, los estudios diagnósticos y el transporte sanitario.
Cobertura total
Con una extensión aproximada de 300 kilómetros cuadrados, el “Hermanos Cruz” funciona actualmente con 70 consultorios, todos con cobertura completa de médicos y enfermeras.
“En estos momentos no tenemos déficit de personal en los consultorios, o sea, la atención primaria está garantizada”, explicó el doctor Juan de Dios Miranda Rieumont, director de la institución. A ello se suman los servicios propios del policlínico: rayos X, ultrasonido, laboratorio clínico, atención de emergencias, enfermería, central de esterilización y el resto de las consultas de la atención secundaria, entre ellas, Pediatría, Medicina Interna y Estomatología, esta última también con presencia en los consejos populares de Briones y Las Ovas.
En Estomatología se mantiene una guardia permanente para urgencias. Cuando no hay corriente, se atienden los casos que no requieren equipos eléctricos; los demás se programan para el momento en que regresa el servicio
La inestabilidad en el suministro eléctrico, derivada, en gran medida, de las limitaciones para la adquisición de combustible, obliga a reorganizar diariamente el trabajo. Expresó el especialista que cuando no hay corriente, el personal permanece en sus puestos y se priorizan las consultas clínicas, que no dependen de equipos eléctricos. En cuanto se restablece el servicio, se activan de inmediato los procesos más sensibles: esterilización, ultrasonidos, laboratorios, entre otros.
Para los procedimientos que no pueden esperar, el policlínico mantiene convenios con otras áreas de Salud que disponen de electricidad en días específicos. “Nos coordinamos según los horarios de corriente. Si otra institución tiene servicio lunes, miércoles y viernes, por ejemplo, enviamos a allí los casos que lo requieran”, comenta el doctor Juan de Dios.
La esterilización, uno de los procesos más perjudicados, cuenta con respaldo en el hospital León Cuervo Rubio, donde diariamente se procesa el instrumental si no ha sido posible hacerlo en el policlínico. Además, se incorporó una segunda autoclave para optimizar el tiempo cuando llega la electricidad.
Transporte racionalizado
El combustible es otro aspecto que incide directamente en los servicios de Salud y en su calidad. El “Hermanos Cruz” dispone de dos taxis a los que se le asignan 10 litros a cada uno, organizados estratégicamente para garantizar traslados imprescindibles. En la mañana se prioriza el envío de recursos a determinadas áreas, y en la tarde se hace un segundo recorrido similar.
La coordinación con el SIUM se mantiene activa. En situaciones urgentes, la respuesta ha sido inmediata. Recientemente, un menor que requirió traslado fue atendido en menos de 10 minutos, gracias a la articulación entre los servicios, mencionó el directivo.
Hasta el momento, no se reportan fallecimientos ni quejas asociadas a demoras por falta de transporte.
Alternativas ante cada dificultad
Buscar soluciones es palabra de orden para los trabajadores de este centro asistencial, tal es el caso de los servicios de oftalmología y optometría, los cuales, cuando no hay electricidad, emplean equipos con batería y métodos tradicionales como la cartilla visual.
Es de interés aclarar que la consulta provincial de conductores continúa su funcionamiento, por lo que ningún servicio esencial se ha detenido.
Por otra parte, las salas de rehabilitación reorganizan los ejercicios según requieran o no de corriente. En horario nocturno, médicos y enfermeras trabajan apoyados por lámparas y linternas recargables, que se cargan en cuanto regresa el servicio eléctrico o en las casas de los propios trabajadores.
A su vez, el suministro de oxígeno, altamente demandado por el envejecimiento poblacional, se gestiona con especial cuidado. A pesar de la elevada necesidad, ningún paciente ha quedado desatendido.
“La población envejece y aumenta la demanda de oxígeno. Es una situación compleja, pero siempre hemos buscado soluciones para que nadie se quede sin apoyo”, dijo Miranda Rieumont.
Comunicación y sensibilidad humana
El cuerpo de guardia del policlínico funciona como hasta ahora. Entre el personal médico y de enfermería trabajan para brindar una buena atención
Más allá de la logística, el policlínico Hermanos Cruz ha reforzado el seguimiento al estado de opinión de la población. De forma sistemática se evalúan criterios y se ajustan procesos. La dirección reconoce que muchos conflictos surgen por problemas de comunicación, por lo que la información oportuna y clara se convierte en herramienta esencial.
También es válido destacar que se brinda acompañamiento psicológico a trabajadores y pacientes, conscientes de que las tensiones económicas y sociales generan ansiedad y depresión, así aludió el director.
El especialista alagó el hecho de que en este centro se combina experiencia y juventud, en tanto profesionales jóvenes asumen responsabilidades bajo la guía de médicos con larga trayectoria, lo que garantiza continuidad y compromiso.
Tiempos de innovar sin perder calidad
Otro aspecto esencial es la docencia, la cual no se ha detenido. Aunque no siempre se pueden utilizar medios audiovisuales, las clases continúan mediante métodos tradicionales, sin que ello afecte la calidad formativa. Ejemplo de ello son los estudiantes de Estomatología, los cuales reciben teóricamente el contenido de la mano de los especialistas principales de la institución de Salud.
“Nos esforzamos como docentes mucho más ahora, por la cantidad de estudiantes ubicados aquí, pero no hay de otra. Impartimos temas, ellos son evaluados on line, y cuando llega la corriente se trabaja”, dijo Odalys Toledo Vervez, una de las profesoras de la asignatura básica de esta carrera.
Por todo lo anterior, la clave está en innovar con base científica y en coordinación con la Dirección Municipal y Provincial de Salud. “El día que pensemos que todo está bien, dejamos de mejorar. Hay que trabajar cada día para hacerlo mejor”, admitió Juan de Dios Miranda.
En tiempos de limitaciones materiales, el “Hermanos Cruz” confirma que la mayor fortaleza del sistema de Salud cubano sigue siendo su capital humano.
Frente a las restricciones impuestas por el bloqueo y la crisis energética, la respuesta en Pinar del Río se resume en organización y compromiso con lo más preciado del ser humano: la vida.
En la sala de neonatología del Hospital Ramón González Coro, centro de referencia nacional para la obstetricia y la neonatología en Cuba, la vida de los recién nacidos más vulnerables pende de un hilo cuando la electricidad falla. Este, a pesar de ser de los llamados “circuitos protegidos” no está libre de cortes, pero, aun así, la profesionalidad de los galenos se impone.
La doctora Niurka Moreno Obregón, jefa del servicio de Neonatología, no oculta su desvelo mientras describe la compleja y angustiosa rutina que enfrenta su equipo a diario. «El tema del bloqueo nos afecta desde todos los puntos de vista, pero la afectación principal hoy es el fluido eléctrico», sentencia.
El problema no es solo la falta de luz, sino la cadena de fallos que un simple corte puede desencadenar en un área donde la precisión tecnológica es vital. Cada vez que el circuito del hospital sufre una interrupción, una planta eléctrica envejecida debe entrar en funcionamiento. La ventana de tiempo para que lo haga de forma «perfecta» es de menos de diez segundos. ¿La razón? Los ventiladores pulmonares, muchos de ellos en estado de «obsolescencia tecnológica», carecen de baterías funcionales o directamente no tienen.
«Si la ventilación se interrumpe más de esos diez segundos, hay que establecerla de forma manual. Y los resultados no son los mismos», explica la especialista con la crudeza de quien conoce el precipicio al que se asoma.
Pero el daño no termina cuando la luz regresa. Los equipos, extremadamente sensibles a las fluctuaciones de voltaje, sufren un desgaste acelerado. «Los equipos de avanzada, que son costosísimos y tienen nuevas modalidades de ventilación, para un funcionamiento óptimo deben estar conectados de forma continua a la corriente. Con los cambios de voltaje, su batería se afecta y terminan dañándose. Algunos no los hemos logrado recuperar», lamenta.
El problema se extiende como una mancha de aceite por toda la unidad: incubadoras, pesas y más del 95% del equipamiento dependen de un fluido eléctrico que nunca es seguro.
Hoy, la preocupación se ha convertido en una sombra constante que acompaña cada guardia. «Ahora estamos muy preocupados por la situación actual del país. Si se afecta la electricidad, los hospitales tendrán que echar a andar con grupos electrógenos y el consumo de crudo será superior. Nos preocupa mucho», confiesa la doctora.
Detrás de los informes técnicos y los diagnósticos médicos, emerge el rostro humano de quienes libran esta batalla diaria. «Sentimos, por lo menos en lo particular, temor, angustia, todo. Son niños que están en nuestras manos. Nosotros somos los máximos responsables. La vida de ellos depende de lo que nosotros podamos ofertar. Da mucho temor, da angustia, da impotencia».
A pesar de los cortes eléctricos, el personal del Hospital Ramón González Coro ha logrado un milagro silencioso: ningún niño ha perdido la vida por estos fallos. Esta estadística no oficial es el más grande de los triunfos, y solo se explica por la profesionalidad a prueba de balas de médicos y enfermeras que, cuando la tecnología falla, ponen sus manos y su vocación al servicio de la vida.
El hospital sigue siendo centro de referencia nacional por el cuidado que le ponen sus responsables que sacan los recursos de donde no existen y por la legión de batas blancas que sostienen en sus manos lo más sagrado: la vida que apenas comienza. Mientras la luz vacila y los ventiladores luchan por no apagarse, ellos permanecen firmes, demostrando que siempre habrá un médico cubano dispuesto a encender la luz con sus propias manos.