Durante nueve años, la familia de Neisy García Molina y Reinier Rodríguez Rodríguez ha debido lidiar con la enfermedad de su pequeño y el dolor de verlo encamado, para lo cual han tenido que sobreponerse a muchas adversidades y preocupaciones

Siete meses tenía el pequeño Reyland Rolando Rodríguez García, cuando un equipo de especialistas del hospital infantil José Luis Miranda, de Villa Clara, le diagnosticó una atrofia muscular espinal. Lo que al principio parecía ser un simple retraso en el desarrollo, terminó siendo una enfermedad neuromuscular degenerativa, que debilita de manera progresiva los músculos, incluidos los que tienen que ver con la respiración.

La noticia provocó una lógica tristeza en la familia que tanto había esperado la llegada del niño. La primera gran conmoción ocurrió a los diecisiete meses, cuando se le presentó una crisis, que terminó en la dependencia permanente del ventilador mecánico, situación mantenida hasta nuestros días.

Durante nueve años, la familia de Neisy García Molina y Reinier Rodríguez Rodríguez ha debido lidiar con la enfermedad de su pequeño y el dolor de verlo encamado, para lo cual han tenido que sobreponerse a muchas adversidades y preocupaciones.

«Los primeros tiempos fueron los más difíciles. Yo, al igual que mi esposo éramos muy jóvenes, y en verdad no estábamos muy preparados para enfrentar un reto tan grande y devastador», reconoce la madre, quien durante cinco años debió dejar de trabajar para dedicarse a la atención de su hijo.

«Todo era nuevo para nosotros. Tras un largo periodo de hospitalización, los médicos decidieron que el niño podía ir a casa, siempre y cuando tuviera allí todas las condiciones para su supervivencia. Fue así que tuvimos que aprender sobre la marcha a lidiar con el padecimiento y a manejar los equipos que nos asignaron, para lo cual siempre conté con el apoyo incondicional de mi familia», nos dice Neisy.

«En todo este periodo, no sé qué hubiera sido de nosotros y del niño sin la ayuda de mi mamá Antonia y de mi papá Hugo, que han estado todo el tiempo para nosotros en estos casi diez años de enfermedad de nuestro Reyland», reconoce Neisy, quien junto a su esposo, forma parte de las fuerzas del Ministerio del Interior en Villa Clara.

Mientras mira a su hijo respirar mediante el ventilador mecánico, con la ternura que solo puede venir de una madre protectora, sabe que cada sacrificio, cada gesto y cada acción que realiza en bien de su pequeño, ha valido la pena.

Como mujer agradecida, la joven mamá tiene palabras de elogio y gratitud hacia muchas personas e instituciones, entre ellas Julio Lima Corzo, entonces primer secretario del Partido en el territorio, y Gustavo Pérez Bermúdez, vicepresidente del Gobierno, quienes le gestionaron un pequeño panel solar que garantizaba la electricidad unas siete horas, el que luego fue sustituido por una planta, también insuficiente, en especial, en momentos de situaciones climatológicas adversas.

También menciona la ayuda del Minint, que le asignó una nueva casa, mucho más grande y confortable que la anterior, donde residían, casi en situación de hacinamiento, diez personas en solo dos cuartos.

A ello se ha unido ahora la entrega de una nueva estación de carga, capaz de garantizar los servicios básicos que demanda el infante.

Antonia, la abuela y reconocida profesora de Historia, no tiene palabras para expresar el agradecimiento que siente la familia por esta ayuda. «Sabemos el esfuerzo del país, en medio de las difíciles circunstancias actuales, para que todos los niños en situaciones como la nuestra puedan seguir viviendo. Eso no tiene precio», reconoce con lágrimas en los ojos la mamá de Neisy.

Nada hay más importante que la sonrisa de un niño

Quisieron apagarles la luz, y con ello pudieran hasta haberles privado la vida, pero la voluntad de un pueblo, que prioriza por encima de todo y a pesar de las múltiples carencias, la salud de sus niños, encontró la manera de mantenerles la sonrisa y la de su familia.

Cuba nunca se hubiera perdonado que uno solo de los 76 infantes que padecen enfermedades crónicas, hubiese fallecido por no contar con la energía necesaria para hacer funcionar los equipos de ventilación o de clima, que ellos demandan de manera permanente para subsistir.

¿Cómo pudiera explicársele a una madre, un padre, un abuelo o a un hermano, que su ser querido no podía continuar viviendo porque una potencia extranjera privó al país del combustible necesario para mantener la vitalidad de sus servicios más esenciales?

¿Cómo decirles, que su niño ya no sería el centro de todo en la familia, que su sonrisa se apagaría para siempre, a pesar de contar con todos los recursos necesarios para su subsistencia, menos la electricidad? De igual manera, pudiera pensarse en el dolor que provocaría a las enfermeras y a los médicos que durante años han atendido a esos niños, y los tienen como su propia familia.

Para que nada de eso ocurra, el Estado cubano, con la ayuda de varios países amigos, ha realizado un esfuerzo descomunal para, en tiempo récord, importar y colocar en el hogar de esos infantes una estación de carga portátil, con la cual se garantiza la prolongación de su vida.

Se trata de niños que sufren enfermedades tan graves como la distrofia muscular, el síndrome de West y el de Lennox-Gastaut, bronquiectasia, epilepsia refractaria de difícil control, miocardiopatía hipertrófica, malformaciones congénitas y cerebrales, estenosis subglótica, enfermedad pulmonar intersticial, entre otros padecimientos que los hacen dependientes de ventiladores pulmonares u otros equipos especializados.

Todas las provincias del país, excepto Guantánamo y el municipio especial Isla de la Juventud, donde no hay niños con estas características, fueron beneficiadas con esa moderna tecnología, entregada de manera gratuita a esas familias, quienes ahora tienen mayor seguridad para la sobrevivencia de sus seres queridos, ante la inestabilidad que sufre el Sistema Eléctrico Nacional.

Por territorios, Villa Clara resultó el de más estaciones de carga entregadas (17, a igual cantidad de familias), seguido por Holguín, que recibió 11, y Granma y Santiago de Cuba, que se beneficiaron con ocho.

Fuente: Granma

Con la satisfacción del deber cumplido: culmina etapa histórica de la brigada médica cubana en esa Isla del Caribe

«Estamos de regreso en la Patria, con la satisfacción de haber cumplido con nuestro objetivo en ese país, y con el cariño de ese pueblo que nos despidió con el corazón», afirmó Dayna Rosa González, enfermera intensivista que integró la brigada médica en Jamaica, tras el arribo a La Habana este viernes del último grupo de colaboradores que prestó sus servicios en esa isla caribeña.

Durante el recibimiento realizado en la terminal 5 del aeropuerto internacional José Martí, la doctora Carilda Peña García, viceministra de Salud Pública de la Isla, significó que la obra de la brigada médica en Jamaica es un testimonio de la esperanza, gratitud y compromiso entre ambos pueblos. «La población más humilde en Jamaica agradece el trato amable, humano y la profesionalidad demostrada por cada uno de los miembros de la brigada. Eso nadie nos lo podrá quitar», sentenció.

Su trabajo, dijo, perdurará en el corazón de ese pueblo agradecido «y pesará en la conciencia de los gobiernos que privan hoy a su país de esos elementales servicios».

Ratificó que su regreso se debe la decisión unilateral del gobierno de Jamaica poner fin al acuerdo de cooperación en materia de salud, ante la cual Cuba decidió proceder al regreso de los profesionales que integraban la brigada en la actualidad.

Por su parte, la doctora Niordalis Liliam Llanes Hidalgo, al tomar la palabra en nombre de la brigada, expresó que por 50 años profesionales cubanos prestaron atención médica de alto nivel en instituciones de todo el país. «En los lugares más intrincados de la geografía jamaicana, en instituciones nacionales donde se requería alto nivel profesional y de lo cual existe una gran carencia de recursos humanos», señaló.

Allí, significó, cubrimos especialidades muy difíciles de encontrar, como anatomía patológica, reumatología, cirugía, obstetricia y ginecología, nefrología, imagenología, entre otras.

Yolepsys Valle Legón, licenciada en Enfermería, resaltó: «Fue asombroso ver cómo el pueblo de Jamaica nos despedía, brindándonos muestras de cariño y gratitud, y reconociendo la labor desarrollada durante 50 años por la misión médica cubana en esa hermana nación».

«Hoy nos ponemos nuevamente al servicio de la patria para las tareas que enfrentaremos en el futuro», aseguró.

Con el retorno del último grupo de profesionales sanitarios, concluye una etapa de medio siglo de colaboración en Jamaica, donde los profesionales de la salud cubanos dejaron una huella imborrable de solidaridad y humanismo. La experiencia acumulada y el reconocimiento del pueblo jamaicano constituyen ahora el mejor aval para los nuevos desafíos que asumirán estos colaboradores en su tierra natal.

Fuente: Granma

En un contexto marcado por el recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos, la Mesa Redonda de este viernes evidencióla doble realidad que enfrenta el sistema de salud cubano: por un lado, la solidaridad internacional y la voluntad política de gobiernos hermanos; por otro, las afectaciones objetivas de una política de cerco que, según datos oficiales, acumula pérdidas por más de 4 183 millones de dólares en el sector.

El espacio televisivo sirvió para desglosar el impacto de las restricciones norteamericanas, así como las estrategias de resistencia creativa que ha desplegado el país para garantizar el derecho constitucional a la salud.

El Dr. Julio Guerra Izquierdo, viceministro de salud, detalló la complejidad del Sistema de Salud cubano —conformado por más de 10 mil consultorios, 451 policlínicos y 149 hospitales— y subrayó que el Estado financia en su totalidad este entramado como derecho constitucional, a pesar del acoso externo.

“El bloqueo de Estados Unidos hacia el sector de la salud es real y es permanente”, sentenció. Y cuantificó: “En los años de bloqueo había una afectación acumulada de más de 4183 millones de dólares solo en el sector de la salud. Si lo dejáramos al último año, hasta el año 2025, son más de 288 millones de dólares”.

Para dimensionar el impacto en la vida cotidiana de los cubanos, el especialista ofreció tres ejemplos que condensan la magnitud del cerco:

· 25 días de bloqueo equivalen al financiamiento requerido para cubrir las necesidades del cuadro básico de medicamentos de Cuba durante un año (más de 339 millones de dólares).
· 9 días de bloqueo equivalen al financiamiento requerido para importar el material gastable médico (jeringuillas, gazas, suturas, reactivos) durante un año (unos 129 millones de dólares).
· 21 horas de bloqueo equivalen al costo de la adquisición de la insulina necesaria para los pacientes diabéticos durante un año (unos 12 millones de dólares).

“Esto significa que la afectación del bloqueo a la salud es palpable y es objetiva”, resumió el galeno. “Lo que pasa es que a lo mejor uno puede decir ‘no hay dinero para un tornillo’. Pero cuando no hay dinero para salvar la vida es difícil”.

El año 2026 añadió una capa adicional de complejidad: el déficit de combustible y las afectaciones al sistema electroenergético nacional. Frente a este escenario, el sistema de salud ha tenido que reorganizar sus servicios para priorizar la atención a los más vulnerables.

“El hecho de no tener combustibles y no tener energía eléctrica impacta directamente a las instituciones de salud. Para eso, el sistema ha establecido un grupo de prioridades”, indicó el Dr. Julio Guerra.

Entre ellas, destacó la garantía de atención en todos los niveles, el programa materno infantil —considerado de sensibilidad máxima para el país—, la vigilancia epidemiológica, y la atención a urgencias y emergencias, especialmente a pacientes oncológicos y aquellos con tratamiento sustitutivo renal en hemodiálisis.

“Ninguno ha dejado de recibir el tratamiento que sabemos que significa. No tener el tratamiento significa también su vida”, enfatizó.

Como parte de las soluciones estructurales, Cuba ha impulsado una estrategia de cambio de matriz energética en las instituciones de salud. Hasta la fecha, se han instalado paneles solares en 282 policlínicos, 78 hogares de ancianos, 97 hogares maternos, 74 casas de abuelos y 15 hospitales, una obra que cuenta con el apoyo del gobierno, empresas estatales y también de formas de gestión no estatal.

El Dr. Julio Guerra aprovechó su intervención para desmentir categóricamente una información falsa que circuló en redes sociales, la cual aseguraba que 19 pacientes habían fallecido en el Hospital Hermanos Ameijeiras, durante una desconexión nacional. El especialista, quien se encontraba en ese centro durante el incidente, relató lo ocurrido.

“Es cierto que el sábado, en la desconexión del sistema electroenergético nacional, hubo un problema técnico en el grupo electrógeno y el hospital se mantuvo oscuro. Duró unos minutos. Se restableció como bien está previsto”, aclaró. “Y como dato curioso, ese día por ninguna causa falleció ningún paciente en el Hospital Ameijeiras. Nosotros sabemos que en los hospitales fallecen personas en terapias intensivas habitualmente. Sin embargo, ese día no falleció ningún paciente”.

El director lamentó la difusión de estas informaciones inescrupulosas: “Esos son personas inescrupulosas que incluso no valoran el enorme sacrificio que hacen los profesionales, tanto los que estaban atendiendo a los pacientes como los que rápidamente fueron a resolver el problema del grupo electrógeno. Eso nos puede pasar. Pero yo creo que lo importante es estar preparados para esa situación y, por supuesto, garantizar la vida de los pacientes, que es nuestra razón de ser”.

Hospital Calixto García: Sostener la vida en medio de la complejidad

La directora del Hospital Clínico Quirúrgico “Calixto García”, Iliovanys Betancourt Plaza, expuso en la Mesa Redonda los desafíos que enfrenta una institución con 130 años de historia, en la que se han formado miles de profesionales de la salud y que hoy mantiene activos sus 21 pabellones sin cerrar un solo servicio, a pesar de las limitaciones impuestas por el bloqueo.

Explicó que la complejidad estructural del hospital exige respaldo eléctrico en cada pabellón, lo cual encarece y tensiona la organización de los servicios. “Esto hace que las actividades se complejicen”, señaló, al referirse a un escenario donde la atención médica, especialmente a pacientes politraumatizados, debe cumplir con los llamados “tiempos de oro”, decisivos para salvar vidas.

Sin embargo, reconoció que estas condiciones se ven afectadas por el bloqueo, lo que ha obligado al personal a reinventarse constantemente y a desarrollar protocolos más complejos ante la carencia de recursos e insumos.

Betancourt Plaza subrayó que el cuerpo de urgencias, abierto las 24 horas, constituye un punto estratégico dentro del hospital, donde múltiples espacios deben adaptarse para la atención de lesionados, incluso en situaciones de múltiples víctimas. En ese contexto, la disponibilidad de tecnologías médicas, como ventiladores de diferentes modalidades y marcas, no siempre es homogénea, lo que añade un nivel adicional de dificultad a la toma de decisiones clínicas.

Asimismo, apuntó que la planificación quirúrgica ha debido ajustarse a las condiciones actuales, llegando a realizarse hasta tres programaciones en un mismo día. “Tenemos que entrar al paciente y que en una misma cirugía intervengan especialistas de diversas ramas”, explicó, lo cual demanda una alta coordinación y recursos tecnológicos que no siempre están disponibles.

La directora también abordó el impacto en la formación de nuevos profesionales. La irregularidad en los tiempos quirúrgicos limita las oportunidades de aprendizaje para estudiantes de pregrado y residentes, quienes deben desarrollar habilidades en escenarios más complejos. A ello se suma la pérdida de intercambios académicos internacionales debido a las restricciones del bloqueo, que han impedido la continuidad de vínculos con especialistas de otros países.

En el plano humano, destacó que las dificultades no se limitan al ámbito institucional. Los profesionales de la salud enfrentan en su vida cotidiana las mismas carencias que el resto de la población, desde problemas eléctricos hasta el estrés de no poder realizar procedimientos en las condiciones ideales. “Hay un costo humano para los pacientes, pero también para el personal de salud”, afirmó.

Pese a este panorama, el hospital mantiene estrategias para la reorganización de servicios ante contingencias, apoyado no solo en el personal médico, sino también en trabajadores esenciales como los operarios de grupos electrógenos y el personal de servicio, cuya labor calificó de imprescindible.

Cardiocentro pediátrico: Cuando el bloqueo impacta directamente en la vida

Por su parte, el director del Cardiocentro Pediátrico del Hospital “William Soler”, Eugenio Selman Housein Sosa, enfatizó que el bloqueo “afecta la vida de los cubanos en todas sus dimensiones” y recordó que más del 80 % de la población ha nacido bajo sus efectos. En el caso de la cardiología pediátrica, advirtió que estas restricciones inciden directamente en la atención a enfermedades cardiovasculares, que continúan siendo la principal causa de muerte a nivel mundial.

De acuerdo con el especialista, la imposibilidad de acceder a tecnologías, medicamentos y dispositivos —muchos de ellos con patentes o componentes de origen estadounidense— repercute directamente en la salud de los pacientes. “No contar con eso recae en daño al paciente”, afirmó, al tiempo que señaló que las limitaciones se extienden a insumos básicos como catéteres, así como a problemas asociados al suministro eléctrico y de agua, esenciales para la higiene hospitalaria.

Selman Housein Sosa alertó que estas condiciones buscan provocar el colapso del sistema de salud, aunque resaltó la capacidad de resistencia del personal médico cubano. En ese sentido, aseguró queel pueblo es testigo cotidiano del esfuerzo y la dedicación de los profesionales de la salud para preservar la vida, incluso en medio de carencias.

“Nuestro pueblo no debe tener dudas de que el ejército de la salud en ninguna circunstancia le va a fallar”, afirmó. No obstante, reconoció que algunas intervenciones pueden demorarse, ya sea por la gravedad de otros pacientes o por la necesidad de asegurar los recursos imprescindibles.

De igual modo, destacó el impacto del bloqueo en las relaciones comerciales internacionales, que ha generado temor en empresas y proveedores, al tiempo que valoró el apoyo solidario de personas e instituciones en el mundo que, a través de donaciones, contribuyen a sostener los servicios médicos en el país.

Fuente: Cubadebate