Día Mundial de las Familias desde la mirada de una persona mayorHoy es día de reflexión acerca del valor de la familia como parte intrínseca de nuestras vidas.

En lo personal tengo la dicha de haber disfrutado de una magnifica familia de origen y la satisfacción de haber creado y criado también, por tanto, con vivencias hermosas y difíciles que, desde el rol de madre, hija, nieta, hermana, esposa, tía nos acompaña la vida. A su vez, la dicha de ser estudiosa de la familia cubana desde la perspectiva de la Psicogerontología, y siendo a la vez ya… una persona mayor.

Como sabemos, en Cuba nuestra cultura de familia nos incluye y nos protege, en la mayoría de los casos, a diferencia de otros contextos culturales en que se hace vida separada y hasta de pocas visitas.

En la Cátedra del Adulto Mayor de la Universidad de La Habana, desde sus inicios hace 21 años, trabajamos el tema de estudio de la familia, con sus transformaciones y determinantes de cambios, ahora bajo el término de las familias, a tono con sus abordajes mas recientes.

Hoy las familias son muy diversas en su composición y lo seguirán siendo a medida que la sociedad se torne mas inclusiva y amigable con todas las tendencias y necesidades de los seres humanos.
Los que hoy somos mayores nacimos en familia patriarcal tradicional, en buena parte de nosotros en familias ya comenzando a cambiar a medida que nuestras propias madres se incorporaron a la vida social, no así tanto las madres de ellas.  Llegamos a la adultez, esto es, a nuestra vida laboral propia y a la creación de nuestras familias bajo los determinantes de enfoque de género con avances y retrocesos, pero triunfantes de logros. Llegamos después a la adultez mayor, esto es, a nuestra vejez, desde un protagonismo social y trayectoria laboral y con una prole menos numerosa de las que rodearon a nuestros abuelos y abuelas. Hijos y nietos hoy con muchas actividades y menor tiempo para cuidarnos, pero también nosotros como mayores con menor tiempo para cuidarles a ellos, pues muchas somos viejas y viejos con proyectos que desbordan el ámbito doméstico, es decir, con proyectos sociales y comunitarios. Por lo tanto, una gran parte de las personas mayores envejecimos desde otra cultura de cuidado.

Aun así, muchas abuelas y abuelos actuales han asumido la crianza de nietos y nietas o contribuido de forma decisiva en la atención y cuidado de los mismos. Urgen de hecho, figuras jurídicas que protejan la abuelidad y no les sean arrebatados los nietos producto de decisiones unilaterales de los padres ante separaciones de esas parejas, migración o fallecimiento de una parte de estas.
Al igual que de las familias, también hay que hablar en plural de las abuelidades pues no bastan tipologías específicas para cada una de ellas, solo tendencias en su expresión, debido justamente a lo diverso, único e irrepetible que se es, cuando se llega a la vejez.

Hemos contribuido también al cambio hacia una mayor democracia a lo interno de la familia a diferencia de la gerontocracia típica de épocas anteriores, donde la palabra la daba en primera y última instancia la persona mayor para todas las decisiones, lo cual para nada significa minimizar la figura y valor actual de los mayores, en cada grupo familiar.

A su vez, en cuanto a las tipologías de familias las personas mayores también formamos parte de las estadísticas de divorcialidad del país y nosotros mismos hemos propiciado familias reconstituidas con segundas y terceras nupcias, o familias monoparentales generalmente de madre sola, e inclusive bajo uniones consensuales de personas ya mayores sin matrimonio firmado y en algunos casos ya también de parejas de un mismo sexo.

Somos una generación adulta mayor, si bien con subetapas de edades dentro la misma, pero portadora de numerosos cambios por factores sociales, familiares, tecnológicos, ocurridos en el propio transcurrir de nuestras historias de vida, por lo que, si importante es el cambio demográfico del asunto, también lo es el cambio de tipo generacional.

Aprendimos a envejecer no solo desde la vejez ajena de nuestros abuelos, sino también desde nuevos paradigmas y referentes. Cada uno de nosotros vivencia su propia situación social del desarrollo, desde su biografía, recursos personológicos y dispone de un entorno específico y de posibles y necesarias redes de apoyo. Algunos se encuentran muy requeridos de cuidados generalmente al vivir solos y presentar alguna situación de dependencia, y otros no requeridos de cuidados, pero si de espacios, (aun escasos) para nuestro desarrollo continuo y esparcimiento.

Sin embargo, a veces se nos habla del envejecimiento que “padece” nuestro país como si fuera una enfermedad o discapacidad, por lo cual, sin dudas, queda mucho por hacer, Desmontar y educar a favor de una cultura gerontologica que sea inclusiva, es decir, donde se haga referencia a los mayores como parte natural intrínseca de la sociedad y como sujetos de derechos, siendo a la vez personas tan diversas como lo son las vejeces y abuelidades.  Y así, nos deben atender, desde esa perspectiva del desarrollo y no desde una perspectiva tradicionalista.
El momento actual es sumamente sensible y requiere de muchas consultas, pues a mi modo de ver se unen dos factores: la redacción y debate de un nuevo código de las familias cubanas y la temporada de visión de vulnerabilidad por la que está transitando la edad, debido a la COVID-19.

Antes de la pandemia el foco de atención hacia los mayores, más aún en esta última década, había estado centrado en el fomento de una nueva cultura gerontologica, menos asistencialista, libre de edadismos y gerofobias, a favor del mejoramiento de la imagen de la persona mayor, de su condición como sujeto de derechos y del envejecimiento activo y saludable. Sin embargo, durante la pandemia el foco se ha trasladado hacia la vulnerabilidad de las personas mayores. Por tanto, el foco ha cambiado y lo más importante es darse cuenta de eso, para que la mirada de vulnerabilidad hacia los mayores, por riesgo a la vida de ser contagiado por la COVID-19, no vaya a trascender y poner en riesgo la autonomía de la persona mayor y provocar tantos rebrotes de actitudes edadistas. ¿Cómo es posible que desde las buenas intenciones existan familias que le hayan prohibido la salida a los mayores? ¿Se estará entendiendo que ser persona mayor ya es sinónimo de dependencia y de pérdida de la capacidad de decisión personal? ¿Por qué en los medios nos han vuelto a llamar “los abuelitos” perdiéndose el término de personas mayores? ¿Cómo tan rápido se proliferan tratos infantilizadores sin tener en cuenta la historia de vida de una persona mayor? ¿Qué tan paternalista puede ser la cultura acerca del tema?… Haber creído en los avances acerca de las Ciencias del Envejecimiento por la comunidad científica internacional y presenciar ahora la necesidad de reposicionar los paradigmas de envejecimiento activo y participativo, han conmocionado al pensamiento gerontológico actual y por supuesto, también a la subjetividad de las propias personas mayores. Por tanto, el tema de las personas mayores ante la Covid-19 no se agota el día que finalice la pandemia, sino que ha dejado marcas para seguir siendo y haciéndose como personas mayores.

Hoy, hoy disfrutemos el día

Disfrutemos y recordemos la familia que nos dio la vida y disfrutemos de la familia que hemos construido.

Trabajemos todos juntos por el bienestar de las familias cubanas, como campo de estudio interdisciplinario y por ese nuevo código que responde a las necesidades diversas de la sociedad y a la protección de derechos de todos sus miembros.

mayo 15/2021 (Cubadebate)

mayo 15, 2021 | Maria Elena Reyes González | Filed under: De la prensa cubana | Etiquetas: , , , , , , , , , |

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