May
29
Sin dudas las personas que más sufren caídas son las de la tercera edad. Estudios indican que este hecho aumenta del 25 % a los 65 o 70 años hasta el 35 % después de los 75. Antes de esta última edad son más frecuentes en las mujeres, después la incidencia en los dos sexos se equipará.
En ocasiones las caídas provocan lesiones y fracturas que en esta etapa de la vida son más difíciles de rehabilitar y sus consecuencias pueden ser físicas, psicológicas o sociales.
En lo tocante al aspecto físico, estos accidentes pueden afectar la movilidad, algo que los ancianos consideran indispensable para su existencia, porque de ello depende en gran medida su validismo.
Existe la creencia popular de que una fractura de cadera en esta edad, que es la más frecuente, generalmente producida por la osteoporosis, puede conducir a la muerte. Es cierto que los que la han sufrido tienen más posibilidades de fallecer que los de la misma edad y sexo que no han tenido esa experiencia, pero no quiere decir que inevitablemente la caída conduzca a ese fin.
La persona que sobrevive a este tipo de accidente a menudo se enfrenta con una incapacidad física, es decir no recupera su funcionalidad total anterior a la caída, pero puede rehabilitarse y volver a caminar.
Respecto a las consecuencias psicológicas, la caída genera miedo a que ocurra otra vez, el individuo pierde confianza en sí mismo y se aísla o limita sus actividades cotidianas.
Entre las sociales está la sobreprotección que provoca en los familiares este tipo de evento, lo que le resta autonomía al adulto mayor.
Los especialistas enumeran un conjunto de factores que influyen en las caídas de los ancianos, entre ellos alteraciones visuales, la pérdida del equilibrio relacionada con la edad y el consumo de determinados fármacos o la polifarmacia, o sea el uso de varios de ellos. En otros casos los utilizan de manera incorrecta. Por ello es importante seguir estrictamente las indicaciones médicas.
También son causas de caídas las alteraciones en el sistema osteomuscular, deformidades en los pies, que afectan el equilibrio y entorpecen la marcha, problemas en el sistema neurológico, enfermedades agudas como las infecciosas y la exacerbación de enfermedades crónicas.
Como el mayor número de caídas ocurre en el hogar, deben tomarse precauciones como evitar las alfombras, el exceso de espejos, pisos muy pulidos o con desniveles, tener una buena iluminación, colocar barandas en las escaleras, no dejar juguetes u otros objetos en el suelo con los que pueda tropezar, y cuidar que las mascotas y los muebles bajos no entorpezcan sus movimientos, también es conveniente que el anciano use un calzado adecuado, de tacón bajo y bien sujeto a los pies, no chancletas, entre otras precauciones.
Se recomienda también, el uso de espejuelos, emplear bastón, andador u otro recurso como el collarín cervical para mantener su postura. Es importante la realización de ejercicios que mejoren su movilidad, fundamentalmente después de haber estado encamado y tratar de que recupere la confianza en sí mismo.
Además de tener en cuenta estos elementos es fundamental que el médico siga de cerca los padecimientos del adulto mayor que puedan provocarles caídas y mantenerlos bajo control. Son medidas para prevenir un problema serio de la tercera edad y con ello propiciar una mejor calidad de vida a la persona en esta etapa de su vida.
Fuente: Trabajadores
May
29
Holguín, 28 may (ACN) El sistema de salud de la provincia cuenta con un equipo multidisciplinario especializado en el seguimiento de la materna grave, el cual mantiene su labor en medio de la crisis energética que afecta al país desde hace varios meses.
Ese grupo está integrado por expertos de la maternidad ubicada en el Hospital Universitario Docente Vladimir Ilich Lenin en áreas como la obstetricia y otras ramas requeridas.
Rubén Reynaldo Rojas, subdirector de ese servicio en la institución asistencial, destacó a la Agencia Cubana de Noticias que el equipo se activa ante una emergencia en cualquier municipio y se establecen las coordinaciones para el traslado en el menor tiempo y con la mayor oportunidad posibles.
Rojas indicó que en el sitio se decide si se traslada o no a la paciente, en dependencia de su estado, y el personal facultativo efectúa el seguimiento indicado con el objetivo de garantizar un cuadro clínico favorable de la madre y el neonato.
El especialista refirió que, pese a las limitaciones de recursos y combustible ocasionadas por la política hostil del gobierno de los Estados Unidos hacia Cuba, se garantiza el rescate de esas pacientes y su posterior ingreso en los servicios del centro asistencial holguinero.
Yelena Rodríguez Rodríguez, jefa de obstetricia del departamento materno-infantil en la Dirección General de Salud, señaló que en un primer momento se estabiliza a la paciente y se interconsulta el caso ante trastornos hipertensivos, obesidad y otros factores causantes de morbilidad durante el parto.
Rodríguez explicó que, dentro de los protocolos, las gestantes de riesgo por los años o enfermedades crónicas desarrolladas en el embarazo se ingresan en el Lenin a las 34 semanas.
Holguín tiene en la actualidad tres mil 160 gestantes y cuenta con una red de seis hogares maternos, garantías en la atención primaria y secundaria y centros obstétricos municipales en Moa, Mayarí y Banes.
La oriental provincia, que superó en 2025 los cinco mil nacimientos, estuvo durante varios años consecutivos entre las de más bajos indicadores de mortalidad infantil en Cuba.
Fuente: ACN
May
28
Cuando el Canciller habla de una tasa de mortalidad infantil que pasó de 4,0 a 9,2 por cada mil nacidos vivos, no está citando una estadística fría: está poniendo sobre la mesa el costo humano de una política diseñada para quebrar un país desde sus servicios más sensibles.
Nueva York escuchó una advertencia, no una queja. Ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, Bruno Rodríguez Parrilla habló como Canciller, pero también como vocero de un país que sabe reconocer el ruido de los tambores antes de que empiece la guerra.
Estados Unidos vuelve a construir un expediente contra Cuba, y no lo hace solo con sanciones, ni solo con acusaciones judiciales, ni solo con discursos sobre «crisis humanitaria». Lo hace combinándolo todo. Washington aprieta el cuello económico de la Isla y acto seguido señala la falta de aire como prueba de fracaso. Finalmente, sugiere que la solución podría venir desde afuera, con la vieja receta del cambio de régimen envuelta en lenguaje humanitario.
El Canciller denunció la instrucción de cargos contra el General de Ejército Raúl Castro como un acto políticamente motivado, reactivado treinta años después no para buscar justicia, sino para fabricar clima. Comparó el cerco energético, por sus efectos, con un bloqueo naval: una forma de guerra que no necesita barcos frente a las costas si consigue impedir que lleguen a nuestro país combustible, transporte, electricidad, medicinas y vida cotidiana. El bloqueo no es una abstracción ideológica; se mide en apagones, hospitales tensionados, alimentos más caros, niños enfermos y familias exhaustas.
Y se mide, sobre todo, en vidas. Cuando el Canciller habla de una tasa de mortalidad infantil que pasó de 4,0 a 9,2 por cada mil nacidos vivos, no está citando una estadística fría: está poniendo sobre la mesa el costo humano de una política diseñada para quebrar un país desde sus servicios más sensibles.

Cuando señala que la expectativa de vida de niños enfermos de cáncer cayó de un 85 a un 65%, tampoco describe una fatalidad inevitable, sino el rostro más cruel de una asfixia que golpea donde más duele: en los hospitales, en los tratamientos, en las familias que esperan una medicina, un equipo funcionando, una oportunidad.

El cerco energético mata sin disparar, porque apaga máquinas, retrasa terapias, encarece cada urgencia y convierte la enfermedad en otro campo de batalla.
Washington castiga y luego acusa a Cuba de sufrir. Provoca el daño y después se presenta como soljución. Asfixia y luego habla de «crisis humanitaria». Esa es la ingeniería del pretexto que la condena internacional del Canciller llevó a Naciones Unidas.
La intervención tuvo también un destinatario fuera de la sala: el pueblo estadounidense. El Ministro pidió que no se dejen arrastrar por las élites que han convertido la hostilidad contra Cuba en negocio político. Les recordó que una guerra no la pagarían los estrategas de Miami ni los halcones de Washington, sino jóvenes estadounidenses y cubanos puestos a morir por una mentira.
Cuba volvió a decir que está dispuesta al diálogo, pero no a la rendición; a la cooperación, pero no a la tutela; a conversar con Estados Unidos, pero no bajo amenaza. La columna vertebral del discurso es que la soberanía no se negocia y si llega el momento que nadie desea, Cuba combatirá hasta las últimas consecuencias.
Fuente: Granma
