La provincia de Holguín cerró 2025 con una tasa de mortalidad infantil de 6,42 por cada mil nacidos, la cuarta más baja de Cuba, con más de seis mil partos realizados en el territorio oriental.

Alberto Rubén Piriz Assa, jefe del Programa de Atención Materno Infantil en la provincia, resaltó al semanario Ahora el desempeño del personal médico ante la crisis, las arbovirosis, el paso del huracán Melissa y el recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra la isla.

El experto, también especialista de primer y segundo grado en Medicina Intensiva y Emergencia, subrayó que el territorio oriental tiene la tasa más baja entre las provincias con más de cinco mil nacimientos y que en 2026 se continuará trabajando para reducir esta cifra.

Señaló la labor de la maternidad del Hospital Vladimir Ilich Lenin, la más grande de la isla caribeña y donde ocurre la mayor cantidad de nacimientos, que concluyó con 2,7 por cada mil nacidos vivos.

Además, Piriz Assa ponderó el quehacer de los servicios de Neonatología, con una sobrevida del 98,8 por ciento, y del Centro Regional de Cirugía Neonatal, que atiende a recién nacidos del oriente cubano intervenidos quirúrgicamente en las primeras horas de vida.

La Organización Mundial de la Salud reconoce la reducción de la mortalidad infantil como uno de los hitos fundamentales para incrementar la eficiencia reproductiva, por lo cual en Cuba, a pesar de exhibir indicadores bajos, se adopta una estrategia integral desde el inicio del embarazo, encaminada a disminuir el riesgo de muerte fetal y materna.

Estos proyectos incluyen la intersectorialidad para el transporte, el funcionamiento de los hogares maternos, la alimentación de las embarazadas, el seguimiento clínico y genético, entre otros acápites priorizados por el Ministerio de Salud Pública.

5 Enero 2026 Fuente: Tvsantiago/ Noticias/ Salud

enero 6, 2026 | Arlenes Tamayo Osorio | Filed under: Cuba, De la prensa cubana, Salud, Salud Pública | Etiquetas: , , |

En Cuba, donde el cuidado de cada niño se defiende como el más valioso tesoro, el Programa de Atención Materno Infantil (PAMI) continúa siendo prioridad para el Sistema Nacional de Salud. Lo hecho con ese propósito durante el 2025, aun en medio de complejidades y desafíos constantes, evidencia que, proteger la vida, sigue siendo el eje esencial de una obra colectiva de inmenso amor.

De acuerdo con datos preliminares proporcionados por la Dirección de Registros Médicos y Estadísticas del Ministerio de Salud Pública, al cierre del pasado año la tasa de mortalidad infantil en menores de un año fue de 9.9 por cada mil nacidos vivos, contra 7.1 en 2024.

Durante los últimos doce meses, en Cuba se reportaron 68 mil 51 nacimientos, lo cual significa 3 mil 108 nacidos menos que en el 2024. Esa reducción en la natalidad ha sido un comportamiento habitual en los últimos años y es consecuencia de la situación demográfica que se manifiesta en todo el país.

En ese contexto y a pesar de las complejidades, 17 municipios no reportaron fallecidos menores de un año, lo cual constituye uno de los indicadores más favorables del periodo. Por otra parte, las provincias de Pinar del Río, Sancti Spíritus, Cienfuegos y Holguín alcanzaron las mejores tasas de mortalidad infantil del país.

En cuanto a la mortalidad materna, la tasa resultó de 44.1 por 100 000 nacidos vivos, contra 40.6 en 2024. El incremento de un año respecto al otro fue de una muerte materna. No obstante esos resultados, en el 2025 se produjo el segundo menor número total de fallecidas en la historia de la Salud Pública cubana.

Es importante reconocer el desempeño de provincias como Artemisa y Camagüey, así como el municipio especial Isla de la Juventud, donde no ocurrieron fallecimientos relacionados con el embarazo, parto o puerperio. De manera particular, más de un centenar de municipios alcanzaron ese mismo resultado.

Si habláramos de cifras, podemos decir que fueron 321 pacientes con morbilidad materna extremadamente grave, las que se salvaron de esa condición crítica, gracias a la atención oportuna de los profesionales sanitarios, lo cual constituye un logro que merece ser destacado.

Asimismo, la tasa de mortalidad preescolar fue de 3.7 por 10 000 habitantes, disminuyendo en comparación con el año anterior en 24.3%. La tasa de mortalidad escolar fue de 2.2 por 10 000 habitantes, igual al año anterior, aunque en números absolutos fueron siete fallecidos menos.

Ante todos esos resultados, es imprescindible reconocer los efectos negativos que a lo largo y ancho del territorio nacional han tenido en muchos de nuestros servicios, y de manera particular en indicadores del PAMI, elementos que afectan de manera general al país. Entre ellos no podemos dejar de mencionar la difícil situación económica; el recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero del Gobierno de los Estados Unidos, que ocasiona limitaciones en medicamentos, insumos y equipamiento médicos; la circulación de arbovirosis; el impacto de fenómenos naturales como huracanes e intensas lluvias, así como el no completamiento de los recursos humanos en algunos servicios.

Es justo subrayar, además, que los territorios con mejores resultados representan un ejemplo, y sus avances, métodos y estilos de trabajo deben convertirse en inspiración, en medio de las dificultades, para continuar defendiendo la vida de cada madre y niño en Cuba.

Acciones conjuntas y estrategias

Entre las acciones conjuntas desarrolladas por las instituciones de Salud y otros sectores, en el transcurso del pasado año, para el cuidado a madres e infantes, sobresalen el seguimiento a enfermedades preexistentes a la gestación; el manejo integral de la enfermedad hipertensiva del embarazo; el chequeo sistemático a los casos de alto riesgo obstétrico; las medidas para disminuir el elevado comportamiento del bajo peso al nacer, y la incidencia del parto pretérmino. A todas ellas se suma la atención a las mujeres en edad fértil, embarazadas, puérperas y niños.

Resulta especialmente significativa la implementación de una intervención sanitaria, basada en la innovación de procesos, y que Cuba aplicó con el apoyo de un grupo de expertos nacionales y provinciales en pos de lograr una evaluación integral de las gestantes y los lactantes del país.

Ese ejercicio permitió, entre otras acciones, una mejor definición de los factores de riesgo; el diseño de interconsultas ajustadas a las necesidades detectadas; el ingreso oportuno de quienes lo requerían, y la aplicación de tratamientos para las principales afecciones diagnosticadas.

Unido a todo ello, desde el trabajo intersectorial se ofrecieron soluciones a familias en situaciones de riesgo social, demostrando que la Salud Pública cubana tiene sus bases también en la integralidad, el acompañamiento, la asesoría constante y la búsqueda de alternativas en cada escenario, ajustando las acciones a las características de cada uno.

La intensa labor desplegada en el periodo, que involucró a miles de trabajadores de la Salud y de otros múltiples sectores, constituye un ejemplo del compromiso colectivo y la voluntad que marcaron al año recién concluido, de continuar defendiendo la vida.

También en el 2025 se actualizaron estrategias encaminadas a disminuir el embarazo en la adolescencia, indicador que mostró una mejoría respecto al 2024, a partir de una mayor responsabilidad intersectorial con la prevención y la atención a nuestras adolescentes.

Entre las acciones más relevantes llevadas a cabo con ese objetivo, resaltan el fortalecimiento de los programas educativos para adolescentes y jóvenes, con énfasis en la prevención y la promoción de estilos de vida saludables; la ampliación de los servicios de planificación familiar; la capacitación continua de profesionales; el acompañamiento integral a las adolescentes y sus familias; la articulación con organizaciones sociales y comunitarias para identificar y atender situaciones de riesgo, y la puesta en marcha de campañas de comunicación a todos los niveles.

El 2025 se distinguió, además, por el desarrollo de una actualización integral del Programa de Atención Materno Infantil, en correspondencia con el objetivo número 3 de la Política de Atención Integral a la Niñez, Adolescencias y Juventudes. Asimismo, inició el proceso de reorganización de los recursos humanos en la Atención Primaria de Salud, con el propósito de garantizar y dar sostenibilidad a la cobertura médica en el territorio nacional.

Sobresalen en el periodo la ampliación de espacios de preparación y capacitación continua, que impactan positivamente en la calidad de la atención, pues fortalecen las competencias del personal y aseguran que cada acción esté respaldada por el conocimiento más actualizado.

De manera especial, se concretó por primera vez en Cuba la vacunación contra el neumococo, un paso trascendental y directo para la disminución de la morbilidad y de los fallecimientos por infecciones respiratorias agudas, en los primeros años de vida. También se introdujo la vacuna contra el Virus del Papiloma Humano para la prevención del cáncer cervicouterino desde edades tempranas.

Incansable ha sido la labor de los trabajadores del sector que tributan a la materialización del PAMI, conscientes de que en sus manos está la felicidad de muchas familias y también el futuro del país.

Cada jornada del año amaneció con el mismo empeño: perfeccionar estrategias, buscar alternativas para optimizar recursos y fortalecer la prevención, como pilares fundamentales de nuestro modelo de salud. Ese esfuerzo colectivo sigue demostrando que la Salud Pública cubana no se limita a enfrentar las dificultades, sino que se prepara y se transforma constantemente.

La salud materno-infantil en Cuba no es solo un Programa, es un compromiso de amor y de entrega hacia nuestro pueblo. Nuestro propósito para el 2026 es el de continuar trabajando para consolidar los buenos resultados y multiplicar las experiencias positivas que ya distinguen a muchos territorios.

La prioridad seguirá siendo la misma: garantizar que nacer y crecer en Cuba sean sinónimos de cuidado, esperanza y futuro, porque no existe misión más noble que proteger siempre, a pesar de las adversidades, la vida.

2 Enero 2026 Fuente: Cubadebate/ Noticias/ Salud

La transmisión materno-infantil de VIH en Nicaragua se redujo a menos del 2% de los casos positivos registrados en 2024, lo que encamina a este país a obtener la certificación de la eliminación vertical del virus por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Sputnik visitó el Hospital de la Mujer «Bertha Calderón Roque» en Managua, un centro de atención de la mujer en esta nación latinoamericana, para conocer la estrategia que llevó a Nicaragua alcanzar este éxito atribuido a su modelo de salud, de acuerdo con la doctora Carmen Cruz, directora de la entidad sanitaria.

«Este es un logro más de nuestro Gobierno, gracias a todas las estrategias que se vienen impulsando a través del Ministerio de Salud y en consonancia con nuestro modelo de salud familiar comunitario, en conjunto con nuestra red comunitaria a los diferentes niveles en que estamos organizados», expresó Cruz.

La experta precisó que la transmisión materno infantil puede ocurrir en la gestación, el alumbramiento o durante la lactancia, de allí la importancia de captar a la mujer en una etapa temprana.

«Durante el embarazo, ocurre más o menos en un 20% de la transmisión; la segunda etapa donde puede ocurrir la transmisión al bebé es durante el parto, que es el mayor porcentaje de probabilidades de transmisión, y la tercera es durante el puerperio, que es cuando ya nació el niño, pero la mamá viene y alimenta al bebé con la leche materna», expresó la especialista nicaragüense.

Atención prioritaria

El fortalecimiento de la infraestructura sanitaria y la dotación de medios diagnósticos en Nicaragua durante la Administración sandinista llevaron a este país centroamericano a reducir las estadísticas de 58 infantes nacidos con VIH en 2006 a dos en 2024, de acuerdo al Mapa de la Salud.

Estas acciones se combinan con la participación comunitaria, la atención integral y la prevención, lo que ha elevado la atención prioritaria materno infantil frente al virus que produce el síndrome de inmunodeficiencia adquirida.

«Todo comienza con las captaciones tempranas que realizamos como Ministerio de Salud de los embarazos y parte de las pruebas que nosotros realizamos de manera obligatoria en un embarazo. Está la realización de la prueba de VIH y la prueba de sífilis, en el caso de que una de las pruebas saliera positiva, [a] esa paciente se le hacen otras pruebas y se le da seguimiento multidisciplinario», manifestó Cruz.

El protocolo de atención de una embarazada con diagnóstico positivo en Nicaragua implica la realización de pruebas de carga viral para verificar si el VIH «se encuentra indetectable», el cumplimiento del tratamiento antirretroviral y controles integrales.

Participación comunitaria

De acuerdo con la doctora Cruz, este protocolo ha presentado variantes en los últimos años, dados los avances en el tratamiento para combatir al virus.

«Hace muchos años se hablaba de que había algunas semanas en las cuales a la paciente se le tenía que iniciar el tratamiento especial para el VIH; sin embargo, como la medicina igualmente ha venido avanzando, ahora no importa en la semana de embarazo en la que se encuentre, inmediatamente que se detecta la infección, se inicia el tratamiento«, agregó Cruz.

La actuación de miembros voluntarios de la red comunitaria vinculados al sistema de salud es clave para el acompañamiento de las pacientes en sus controles y tratamiento antirretroviral.

«Si por algún motivo ella no llega a su cita, se le localiza para llevarla a su atención y no perder esa continuidad, esto permite de que, si la paciente está embarazada con VIH y está garantizándose su tratamiento, el porcentaje de que ese bebé nazca con la enfermedad o que hay una transmisión es del 0.06%, es decir, prácticamente estamos hablando de casi nulo», agregó la médica nicaragüense.

La OMS estableció en el 2010 la meta global de eliminación de la transmisión vertical del VIH y sífilis. Este compromiso implica, además, que las autoridades sanitarias deben de monitorear a los bebés expuestos a estas enfermedades.

«Ya cumplimos esos indicadores»

Para que las naciones logren la certificación de la OMS deben garantizar el cumplimiento de los indicadores que determinan la sostenibilidad de los esfuerzos para reducir al mínimo la transmisión del VIH entre la madre y el hijo.

A decir de la titular del Hospital de la Mujer en Nicaragua, este país debe cumplir con criterios de impacto y de proceso, que garanticen mantener la tasa de transmisión vertical del VIH menor del 2%, así como garantizar una cobertura de las atenciones prenatales mayor o igual del 95%.

Además, el número de mujeres embarazadas que recibieron su tratamiento antirretroviral de manera adecuada debe ser superior al 95%.

«El año pasado recibimos la visita de expertos de la OPS que visitaron hospitales donde tenemos atención obstétrica, precisamente andaban revisando cómo estamos, ellos se fueron muy contentos y transmitieron esa información de que nosotros ya cumplimos esos indicadores, pero hay un proceso para hacer esa certificación, por lo menos un año debe estar sostenido esos indicadores», puntualizó la funcionaria.

Nicaragua espera en este 2025 obtener la certificación sanitaria y convertirse en el país número 20 en el mundo que elimina la transmisión vertical del VIH. Cuba fue el primer país que obtuvo este reconocimiento a nivel global en 2015.

2 Junio 2025 Fuente: Radio Caribe/ Noticias/ Salud