Cuando decidimos vacunar a nuestros niños con Soberana, recuerdo que muchos nos dijeron locos. En ese momento nadie en el mundo había anunciado esa estrategia, al menos el día que yo lo escuché sentado en una salita del Instituto Finlay de Vacunas (IFV), ningún fabricante había iniciado un ensayo en niños.

La verdad, muchos pensaban que no hacía falta, los niños se infectaban de COVID-19 sí, pero en general era muy leve, ya se inmunizarían por la vía natural. Cuando un niño muere, el término ‘en general’ suena a crimen.

Aquí se planteó una hipótesis que hoy ha demostrado ser cierta. Una vez vacunados los adultos, los niños quedarían no solo como la principal fuente de transmisión, sino también en mayor riesgo que los mismos adultos. ¿Los íbamos a dejar desprotegidos? Por supuesto que no.

La estrategia fue vacunarlos a partir de los dos años, no es que antes no hiciera falta, pero los niños cubanos reciben tantas dosis de vacunas en los primeros dos años que iba a ser muy complicado rediseñar un nuevo esquema de vacunación para esa edad, además llevaría un estudio largo y profundo; con niños hay que tener el máximo de los cuidados.

Yo hablo en plural, pero imaginan que no tengo nada que ver con eso, los estrategas son la dirección del IFV. Pero sigamos en plural, así te haces parte de la estrategia y compartes su éxito como yo.

La hipótesis incluía que vacunando a partir de dos años se podía llegar más fácil a lo que llamamos inmunidad de rebaño. O sea, cerrarle el paso a la transmisión en casa, en la escuela, en el parque, en la fiesta de adolescentes.

¿Y tú, variante delta, a quién vas a infectar?

Fíjense que eso resultó durante dos meses en Cuba, donde se ha vivido esa realidad a pesar de estar toda abierta.

Pero apareció ómicron. La efectividad de una hipótesis depende de cuán bien se entiende el problema científico y cuáles estudios se hacen para validarla o refutarla.

Y mira tú, este experimento llamado pandemia nos ha validado la hipótesis, resulta que ahora con ómicron, los niños están siendo mucho más afectados comparativamente que los adultos, relativo a olas anteriores claro, no en términos absolutos. ¿Y por qué?

Pues eso lleva otros estudios, pero ya no es un solo país quien empieza a notar un creciente número de hospitalizaciones en niños: miren el reporte del Washington Post debajo. Este análisis se está complicando, y me cuesta pensar que esta variante se esté ensañando más con niños y menos con adultos. Yo creo que es que los niños están más desprotegidos inmunológicamente en la respuesta específica anti-SARS-CoV-2 . Ya se vio en la pandemia de influenza de 1918, que afectó más a jóvenes y niños porque los ancianos tenían inmunidad de brotes anteriores.

Con el SARS-CoV-2 no había sido así, pero como la gran mayoría de niños a nivel mundial no están vacunados, ahora son más vulnerables. Los nuestros no, y aquí qué lindo es hablar en plural, ¿verdad? .

La vida dice que fue tronco de estrategia, claro de unos estrategas que llevan años haciendo vacunas para niños. La hipótesis…., bueno, sabemos que hay algo que muchos olvidan y otros desprecian, se llama experiencia, y la biotecnología cubana la tiene.

No te hablé de por qué esa vacuna es especialmente efectiva en niños, pero ya esto está muy largo. Imagino que ADN, Ciber y Diario de…., saquen titulares diciendo“Científico cubano habla bien de la estrategia cubana de vacunas”, ¿a que sí? Hay que ser consecuentes….., por favor.

Tomado del muro de facebook del autor

diciembre 26/2021(Cubadebate)

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