En todo el planeta el primer año de la pandemia del virus del SARS-CoV-2, causante de la COVID-19, desencadenó un aumento del 25 % en la prevalencia de la ansiedad y la depresión.

La Habana, 8 mar (ACN) En todo el planeta, el primer año de la pandemia del virus del SARS-CoV-2, causante de la COVID-19 desencadenó un aumento del 25 % en la prevalencia de la ansiedad y la depresión.

Un informe científico publicado recientemente por la Organización Mundial de la Salud (OMS), destaca, además, que el efecto de la pandemia se ha visto más afectado en la disponibilidad de servicios de salud mental.

Las preocupaciones sobre posibles aumentos en las condiciones de salud mental ya habían llevado al 90 % de los países encuestados a incluir la salud mental y el apoyo psicosocial en sus planes de respuesta a la COVID-19, pero aún persisten importantes brechas y preocupaciones.

Por tal motivo, la OMS hace un llamado de atención a todas las naciones con el fin de que intensifiquen los servicios y el apoyo a la salud mental de sus poblaciones.

El Doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la OMS subrayó que “la información que tenemos ahora sobre el impacto de COVID-19 en la salud mental del mundo es solo la punta del iceberg”.

Sin lugar a dudas, una de las principales explicaciones del aumento es el estrés sin precedentes causado por el aislamiento social resultante de la pandemia.

Ello está vinculado a las limitaciones en la capacidad de las personas para trabajar, buscar el apoyo de sus seres queridos y participar en sus comunidades.

También se han citado como factores estresantes que conducen a la ansiedad y la depresión: la soledad, el miedo a la infección, el sufrimiento y la muerte de uno mismo y de los seres queridos, el dolor después del duelo y las preocupaciones financieras.

Mientras, entre los trabajadores de la salud, el agotamiento ha sido un desencadenante importante de pensamientos suicidas, refiere la OMS.

El informe basado en una revisión exhaustiva de la evidencia existente sobre el impacto de COVID-19 en la salud mental y esos servicios, e incluye estimaciones del último estudio Global Burden of Disease, muestra que la pandemia ha afectado a los jóvenes, los cuales corren un riesgo desproporcionado de comportamientos suicidas y autolesivos.

Asimismo, las mujeres se han visto más afectadas que los hombres y las personas con condiciones de salud física preexistentes, como asma, cáncer y enfermedades cardíacas, tenían más probabilidades de desarrollar síntomas de trastornos mentales.

Los datos sugieren que las personas con trastornos mentales preexistentes no parecen ser desproporcionadamente vulnerables a la infección por COVID-19, sin embargo, cuando se infectan, es más posible que sufran hospitalización, enfermedades graves y la muerte en comparación con quienes no tienen perturbaciones cerebrales.

Indica el informe que quienes padecen de trastornos mentales más graves, como psicosis, corren un riesgo especial.

En estos más de dos años de pandemia, la OMS también ha trabajado para promover la integración de la salud mental y el apoyo psicosocial en todos los aspectos de la respuesta mundial.

Los Estados miembros de la OMS toman medidas al respecto y según una reciente encuesta, el 90 % de los países está trabajando para brindar apoyo psicosocial y de salud mental a los pacientes y socorristas de COVID-19.

Asimismo, en la Asamblea Mundial de la Salud, celebrada en 2021, los Estados enfatizaron en la necesidad de desarrollar y fortalecer los servicios de apoyo psicosocial y de salud mental como parte del fortalecimiento de la preparación, la respuesta y la resiliencia ante el COVID-19 y futuras emergencias de salud pública.

Para ese fin adoptaron el Plan de acción integral actualizado 2013-2030, que incluye un indicador sobre la preparación para la salud mental y el apoyo psicosocial en emergencias de salud pública, destaca la OMS.

marzo 08/2022 (ACN)

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