Judith Pérez Negré lleva solo cinco días en Cuba y apenas ha terminado su primer día de trabajo. Lleva veinticuatro horas atendiendo a los más de 40 pacientes positivos la COVID-19 ingresados en la vocacional Carlos Marx de Matanzas, convertida como otras tantas instalaciones escolares en centros de aislamiento.

Es ella uno de los tantos colaboradores de la brigada Henry Reeve que han acudido a apoyar el complejo escenario epidemiológico de la provincia, y aunque dice estar acostumbrada, reconoce la tensión del momento que atraviesa la ciudad donde el día de nuestra entrevista se reportaron unos 1794 casos.

Llevaba solo seis meses de misión en Venezuela cuando llegó la solicitud de apoyo y en pocas jornadas ya estaba de regreso.

“Enseguida que nos comunicaron la necesidad de apoyar dije que sí sin dudarlo. Unos días después ya estábamos en Cuba. Nos llevaron directo a la Unidad de colaboración en La Habana y de ahí hasta aquí, hasta Matanzas. Un grupo vino para acá y el otro fue para la provincia de Ciego de Ávila. Todo ha sido muy rápido, incluso tenemos todo nuestro equipaje con nosotros en el hotel donde nos hospedaron porque hasta que esto no concluya no podemos ver a la familia.

“Nos explicaron que era un trabajo por tiempo indefinido que podía ser un mes o tres, el que fuera necesario. Al término de esta misión acá es que nos van a dar unos días, y después regresar a nuestras misiones internacionales”, comenta Judith.

Asegura también que el trabajo es intenso a pesar de que los pacientes son positivos de bajo riesgo, todos se mantienen son tratamiento y son ellos, los dos médicos y tres enfermeras del equipo, los encargados de atender a los más de 40 pacientes.

“Realmente todos presentan buen estado hasta el momento. La situación es difícil, pero aquí todos estamos acostumbrados. Allá en Venezuela también teníamos muchos casos a nuestro cargo”, explica.

Judith forma parte de los colaboradores cubanos en el Estado de Miranda, municipio Zamora. Trabaja en un Centro de Diagnóstico Integral conocido como CDI y cada cierto tiempo cubre como enfermera en Zona Roja. Según dice entre el personal médico cubano, un grupo se dedica a la atención directa de la población y otro a cuidar a los colegas que puedan contagiarse, porque –remarca- nadie está exento.

“Yo me contagié allá, no precisamente trabajando en la Zona Roja, sino en el propio cuerpo de guardia. Llevaba un mes y medio más o menos de misión, pero gracias a Dios todo pasó sin complicaciones. No tuve muchos síntomas. Estuve un mes ingresada, me dieron muy buena atención, son nuestros compañeros los que nos atienden entonces no puede ser de otra manera. Me reincorporé enseguida al trabajo, me pusieron mis vacunas y seguí. Por eso te digo, nadie puede descuidarse”.

Para esta santiaguera, radicada en La Habana, ayudar a Matanzas en este difícil escenario es un deber y un compromiso. “Si vamos a otros países como no vamos a venir a ayudar en lo de nosotros”, concluye.

(Con información del perfil de Facebook del periódico Girón)

julio 28/2021 (Cubadebate)

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