Las cifras mostradas en la primera parte de este trabajo muestran la desigualdad de una forma engañosa y la reducen/diluyen de una forma u otra. La desigualdad en la distribución económica real es mayor que lo que las cifras muestran, debido a:

• Mucha población no blanca no son dueños de viviendas u otras propiedades y negocios. Una parte significativa de sus ingresos, ya de por sí más bajos, se usan en pagar alquileres o hipotecas de viviendas y autos.
• Considerables diferencias dentro del mismo grupo social o demográfico. Por ejemplo, entre negros e hispanos ricos y pobres. No es solo en ingresos, sino en tener o no seguros de salud, mejor o peor acceso a la educación, hacinamiento en viviendas, etc.
• La desigualdad se refuerza cuando vamos más allá de los factores tangibles o cuantificables, incluyendo el rechazo social, la observación y abuso policial, entre otras manifestaciones “invisibles” o invisibilizadas por los medios (prefieren desinformar sobre Ucrania, etc. que atender los problemas internos de los EE.UU.). Todo un círculo vicioso que les coloca en una situación de desventaja cada vez mayor.
Es importante observar que esta desigualdad no está solamente manifestada en grupos humanos, hay factores regionales que también participan fuertemente en las posibilidades de contagio y de muertes. Estos factores también se revelan en cuántas personas han sido vacunadas de ciclo completo, sobre todo los menores de edad. Así se muestra en la siguiente tabla:

En azul los estados con mayoría del Partido Demócrata, en rojo mayoría Republicana. Se observa la considerable diferencia a favor de los estados con mayoría y gobiernos del Partido Demócrata (9 de los 10 mejores estados) en el porcentaje de vacunados con respecto a los Republicanos (9 de los 10 peores). La tabla fue preparada por J. Oro sobre datos del CDC y de Worldmeter.

El promedio nacional de muertes por covid en los Estados Unidos por cada millón de habitantes es hasta ahora de 3 015. En los primeros diez estados con mayor vacunación es de aproximadamente 2 400 y en los diez peores de algo más de 3 500, es decir de un 46% de mayor mortalidad. Si los comparamos con Cuba, con 751 muertes por cada millón de habitantes, nuestro país muestra una menor mortalidad que cualquiera de los 56 estados y otras entidades de los Estados Unidos (50 estados, el distrito de Columbia, Puerto Rico, Islas Vírgenes estadounidenses, Guam, Samoa , Islas Marianas del Norte). Cuba tendría una diferencia a favor de un 29% con respecto a Hawaii, el mejor de los Estados Unidos en ese trágico índice.

Enjuiciar la desigualdad, en definitiva, nos permite discurrir en qué medida los modelos económicos adoptados por la sociedad estadounidense en las últimas décadas responden en la realidad a progresos sociales o no, aunque sean limitados, o a retrocesos destinados a incrementar la desigualdad y a perpetuar los privilegios de los pudientes. La causa esencial de la desigualdad es obviamente la sociedad clasista en sí misma.

La vulnerabilidad de los sectores pobres en muchos países, incluso los muy desarrollados económicamente, ha sido evidenciada dramáticamente por la pandemia de covid-19. El contagio y los fallecimientos han sido significativamente más altos entre los pobres y las minorías. Esto ha sido particularmente evidente en Estados Unidos, que sufre dos pandemias: la generada por el SARS-CoV-2 y la que representó la Administración Trump (2017 – 2021) y la actual de J. Biden, que a pesar de todas sus promesas no ha hecho ni remotamente lo necesario para eliminar aunque sea un poco los índices de desigualdad.

Un millón de muertos después: ¿Se aprendió en Estados Unidos alguna lección?

Después que pasamos décadas atrás el momento más álgido o epidémico del Sida y de la que pudo haber sido otra crisis mundial con el virus del Ébola, estamos hoy viviendo (y muriendo) en una pandemia diferente. Lo que no tuvimos con el SIDA lo tenemos ahora, vacunas para la covid-19, y que además son revolucionarias en su concepto, según explican los especialistas. Cuba se ha destacado mucho en ese sentido.

Ya han pasado con la covid más de dos años de exterminio, desolación y desdichas de todo tipo. El anhelo de volver a una vida normal es manifiesto entre mucha gente y se observa un nivel de desmovilización bastante considerable. El que queramos vencer a la covid no quiere decir ni mucho menos que esta enfermedad esté rebasada en su fase epidémica. El terrible virus estará con nosotros en el futuro previsible y también seguirá las líneas divisorias de la desigualdad social y económica en Estados Unidos (y otros países) que hemos discutido arriba. Permanecerá probablemente bien activo en países de poco desarrollo, donde las personas no tienen acceso suficiente a las vacunas contra el coronavirus, tanto por sus deficientes sistemas de salud, la incapacidad financiera y a la avidez de las compañías farmacéuticas.

¿Que hace falta para enfrentar con eficacia la pandemia, en los Estados Unidos, después de un millón de muertos y por doquier?

Las mejores definiciones de lo que se necesita para que la humanidad pueda enfrentar seriamente el desafío de la covid y en general de la salud a escala planetaria, las han dado el presidente cubano Miguel Díaz-Canel y otros altos funcionarios, tanto en Cuba, como en la ONU y otros foros internacionales.

En medio de una crisis sin precedentes, con un millón de víctimas, el gobierno de los Estados Unidos ha asignado presupuestos con fines militares y otros gastos relacionados, que exceden la astronómica cifra de 1,000,000 millones de USD (de ellos más de 700,000 millones en el Departamento de Defensa), con un crecimiento de entre 70,000 y 100,000 millones con respecto al presupuesto anterior. Para poner un ejemplo, un nuevo portaviones de la clase “Gerald Ford” cuesta más de 13,000 millones (equivalente al PIB de países como Moldavia o Namibia) y están construyendo de forma absolutamente innecesaria cuatro de ese o comparable tipo, para un total de 55,000 millones. ¡Cuánto se podría avanzar en progreso social, en especial en el campo de la salud con tales recursos sabiamente utilizados! Pero el Complejo Militar Industrial en los Estados Unidos es quien dice la última palabra.

El intento de usar a Ucrania como un Caballo de Troya contra Rusia, ha creado una inseguridad mundial que recuerda la Crisis de Octubre de 1962. Los medios “canallas” en un diluvio de muy cuestionables informaciones sobre esa crisis, han hecho que la gente en los Estados Unidos mire hacia otra parte y no le preste la requerida atención a que su propio país llegó a una cifra de muertes que supera a sus caídos en todas las guerras extranjeras de la historia de los Estados Unidos, incluyendo las Guerras Mundiales I y II, sumadas a las Guerras de Corea, Vietnam y muchas otras. Esta ignominiosa cifra de muertes, símbolo del fracaso de la más grande potencia mundial de defender a su propio pueblo, no es más que otra estadística, completamente opacada por la avalancha desinformativa sobre la “agresión” rusa en Ucrania.

En cambio, Cuba, con una capacidad financiera limitada y en medio de un terrible, brutal bloqueo ha dado ejemplos muy sólidos para el futuro que debieran ser utilizados como guía por países de muchos más recursos económicos y tecnológicos. Inmensos logros científicos con modestas cifras monetarias, miles de médicos y personal para-médico sirviendo no solo a Cuba sino también a muchos países, incluyendo algunos altamente desarrollados.

Si los Estados Unidos no actúa decididamente en esa dirección, de la colaboración internacional y no de agredir o sancionar países a diestra y siniestra, este millón de víctimas de covid habrá perecido en vano.

marzo 28/2022 (Cubadebate)

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