Cuando el pasado 13 de agosto el doctor Josué Jesús Méndez Labrada publicó en la red social de Facebook, la imperiosa necesidad de duplicar las vías para llevar el oxígeno medicinal a pacientes con deficiencias respiratorias a causa de la COVID-19, quizá nunca imaginó el impacto que tendría en el sistema de salud cubano.

“Yo puedo contribuir en la fabricación de esas piezas”. Así lo dejó saber el joven cuentapropista Yunier Sarmiento Aguilera en los comentarios de la publicación, aunque no confió mucho en las redes sociales y acudió al Gobierno Provincial para confirmar tal necesidad.

“Con la ratificación de las autoridades gubernamentales y el asesoramiento de los directores del Hospital Provincial Lucía Íñiguez y de Electromedicina en Holguín, comencé hacer el molde de la T en el torno de mi casa el sábado 14 de agosto, lo monté en la máquina de fundir plástico y el lunes les llevé las primeras 200 piezas.

“Me explicaron que estaban en falta en el país y le dije que estaría dispuesto hacerlo para donde fuera necesario. Quisieron ajustar el pago por el trabajo y me negué, pues yo los donaría a todos los hospitales de Cuba sin ningún problema” aseveró el trabajador por cuenta propia de 37 años.

El ingeniero Richelmis Rodríguez Barea, quien trabajó en Electromedicina, fue el enlace para realizar todos los ajustes, porque antes de comenzar la producción, hubo que acoplar las mangueras y la presión, para luego llevar las T al proceso de esterilización.

“Fue así que comenzaron a llegar los primeros divisores de oxígenos a los hospitales Clínico Quirúrgico y Militar de Holguín, así como a los policlínicos y consultorios a través de los trabajadores de electromedicina y en muchas ocasiones mi papá y yo, los llevamos personalmente, porque a medida que las personas fueron conociendo que nosotros hacíamos esas piezas, comenzaron a venir a la casa.

“Con el transcurso de los días fui perfeccionando la pieza y llegamos hacer diariamente mil T, hasta que se acabó la materia prima. Fabricamos poco más de 8 mil divisores y todavía me quedan cerca 3 mil, para donde sea necesario llevarla”, confirmó el hijo de Rolando Sarmiento Cruz.

Las piezas tienen registrada las iniciales de Yunier (YSA), con el objetivo de que no exista desvío de recurso con fines de lucro, porque él no los diseñó con ese propósito, sino para ayudar a los más necesitados.

La sensibilidad y el humanismo no solo brotaron en Yunier, pues todas las provincias que hoy cuentan con estas piezas para duplicar el servicio de oxígeno medicinal, tuvieron además la colaboración de amistades que transportaron los implementos por toda Cuba de forma voluntaria, excepto el municipio especial Isla de la Juventud, donde hasta ahora no ha hecho falta.
“Un amigo me llevó hasta Las Tunas sin cobrarme un peso, para entregar allí 250 T, lo mismo sucedió cuando doné 400 piezas a Santiago de Cuba y Guantánamo, en La Habana facilité 750, Artemisa (500), Mayabeque (500) al igual que a Pinar del Río, donde no pude llegar, porque ese mismo día estaba afectando esa provincia el huracán Ida”, resaltó el productor-vendedor de útiles del hogar.

Los otros territorios recibieron los implementos gracias al club de motos Lama, de Holguín, quienes junto a Richelmis entregaron en cada provincia una cantidad importante de estas piezas, para aliviar una seria dificultad generalizada.
“Estuve ingresado por sospecha de COVID-19 en el centro de aislamiento instalado en la Universidad de Ciencias Pedagógicas José de la Luz y Caballero y pude ver cómo a las personas les faltaba el aire y debían esperar que terminara uno para comenzar el otro.

“Cuando vi la publicación del doctor, no dudé en ayudar porque fui testigo de esa compleja situación, pero además, creo que contribuyo un poco al país, porque sabemos los problemas y carencias que nos provoca el bloqueo impuesto hace más de seis décadas por los Estados Unidos”, finalizó Yunier.

Conmovido también por el post del médico holguinero, el cuentapropista Douglas Orlando Anzardo Reyes no esperó tan siquiera un asesoramiento técnico para diseñar las Y o divisores, y un día después de la publicación, el técnico medio en Instrumentación y Control, ya tenía dos ejemplares diseñados e impresos como muestra, luego de una minuciosa revisión por Internet.

“Tengo una impresora 3D desde hace algunos años y ante la urgencia, me puse a diseñar algo sencillo, rápido de hacer, funcional y económico, porque el material que utiliza esta máquina (rollo de filamento de impresión, PLA) es importado.

Con la amarga experiencia de haber tenido a todos los integrantes de su familia en el hogar positivas a la COVID-19, Douglas, el sábado 14 de agosto le mostró las dos piezas a unas amistades médicos, quienes utilizaron las Y para aumentar las capacidades de oxígenos en los balones habilitados en su área de salud, con los cuales resolvieron, pero no ajustaron adecuadamente.

“Rectifiqué las medidas para ajustarla en la manguera, elaboré un diseño más sencillo que tarda aproximadamente 25 minutos para imprimir cada pieza y en un día se hacían de 22 a 25 Y” explicó el extrabajador de la Fábrica de Oxígeno de Holguín, quien logró entregar en esos días, 265 piezas.

Los divisores donados por Yunier y Douglas, mantienen una estabilidad en los centros de salud, por eso no están haciendo más implementos, no obstante, tienen de reserva para cualquier emergencia.

“Reciente me llamaron de Electromedicina, para contribuir en el funcionamiento de unos ventiladores pulmonares ensamblados en La Habana (VPC), que llegaron con un error en una pieza, diseñé otro modelo y allí están trabajando. Igualmente me solicitaron adaptadores para 10 ventiladores pulmonares rusos (VPR) donados por el hermano país, con el objetivo de asistir a tres personas al mismo tiempo.

“Ahora tengo previsto hacer las conexiones de las boquillas de las máscaras de oxígeno que están teniendo problemas, estamos haciendo el diseño que se necesita; la boquilla no se rompe porque es de silicona, pero la conexión sí, con esta unión se pueden recuperar esas máscaras.

Douglas ha donado 265 divisores en forma de Y, 10 piezas para los ventiladores pulmonares de procedencia rusa y dos para los ensamblados en Cuba. Realizar un divisor consume 49 centímetros del filamento PLA, para construir un VPC es necesario 2.4 metros y un VPR gasta un metro.

Cada rollo de filamento de impresión 3D tiene aproximadamente 200 metros y cuesta en los Estados Unidos 40 dólares, gastos que no dudó hacer Douglas ante la compleja situación que se dio no solo en Holguín, sino en Cuba.

Cuando aún luchamos para acabar con esta pandemia, Yunier y Douglas respiran más tranquilos al saberse útiles, en tiempos donde inhalar y exhalar, es un lujo.

(Tomado de Ahora)

septiembre 12/2021 (Cubadebate)

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