Cuba, el pequeño país caribeño, sometido a 60 años de durísimo embargo, ha logrado enfrentar sola a la covid-19.
Gracias a tres vacunas diseñadas y desarrolladas por la industria biotecnológica nacional. Una industria enteramente pública, pero capaz de importantes innovaciones científicas.

Hoy Cuba es el segundo país del mundo por tasa de vacunación (después de los Emiratos Árabes, que tienen una renta 8 veces superior) y sobre todo el único que ha vacunado también a la población infantil, a partir de los 2 años.

Gracias a Soberana, producida por el Instituto Finlay de La Habana, y desarrollada a partir de la plataforma de una vacuna pediátrica, con efectos secundarios cercanos a cero. ¿Resultado? Hoy Cuba tiene un índice de contagios muy bajo, e incluso la ola de Ómicron en la isla caribeña pasó sin causar daños.

Ahora también podría importarse Soberana a Europa, para completar la vacunación de los más pequeños, que hasta ahora ha quedado en juego. Pero los obstáculos de las regulaciones de Bruselas podrían ser insuperables. De hecho, también por el embargo, Cuba no puede respetar las buenas prácticas de manufactura impuestas en Europa. E incluso la hipótesis de fabricarlo en Italia, en una empresa puntera, puede no ser suficiente para salvar este obstáculo. Un muro que impide a los países en desarrollo, muchos de los cuales capaces de importantes innovaciones científicas, acceder al rico mercado farmacéutico del primer mundo.

(Tomado de Rai 3)

mayo 24/2022 (Cubadebate)

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