May
13
Hay imágenes que no necesitan explicación, pero sí merecen una historia. Cada día, quienes visitan el Hospital Provincial Clínico Quirúrgico Docente Faustino Pérez de Matanzas se topan con una valla de grandes proporciones donde un rostro sostiene, sin palabras, el peso simbólico de toda una profesión. Esa mujer de mirada serena y bata impecable, la primera a la izquierda, no es modelo anónima ni metáfora publicitaria: se llama Alianny Miranda Ceballos y representa, literal y profundamente, a las enfermeras de su institución. Mas, lo que la lona no revela es que detrás de esa imagen fija hay una vida en movimiento perpetuo, partida entre pasillos de hospital, aulas universitarias y la huella imborrable de una misión más allá de las fronteras.
Llega el Día Internacional de la Enfermería, y con él la oportunidad de escuchar voces que suelen quedar detrás del telón asistencial. Conversar con Alianny es intentar hallar a la persona que palpita bajo el símbolo; explorar sus batallas, sus motivaciones. Porque, si una valla nos recuerda lo visible, esta entrevista pretende alumbrar lo invisible: todo aquello que convierte a una enfermera en referente de una de las profesiones más humanas que existen.
—¿Cómo nació su vocación por la Enfermería? ¿Hubo algún momento o persona que la inspirara a elegir este camino?
—Mi vocación por la Enfermería nació desde muy joven, motivada por el deseo de ayudar a las personas y aliviar el sufrimiento humano. Siempre admiré la sensibilidad y entrega de las enfermeras que conocí durante mi infancia. Además, tuve familiares vinculados al sector de la Salud que influyeron mucho en mi decisión. Más que una profesión, entendí desde temprano que la Enfermería es una manera de servir y acompañar a los demás en momentos muy difíciles de sus vidas.
—Usted no solo se desempeña en la asistencia, sino que también ejerce la docencia. ¿Qué la motivó a formar a las nuevas generaciones y cómo logra el equilibrio entre el aula y el servicio?
—La docencia llegó como una extensión natural de mi profesión. Sentí la necesidad de transmitir experiencias, conocimientos y valores a las nuevas generaciones de enfermeros. Formar profesionales humanos y comprometidos también es una forma de cuidar. Lograr el equilibrio entre el aula y la asistencia no siempre es fácil, pero ambas funciones se complementan: lo que vivo en el servicio enriquece mis clases, y la enseñanza me obliga a mantenerme actualizada y crecer constantemente.
—La maternidad y la Enfermería tienen algo en común: ambas requieren amor, entrega, paciencia y sacrificio. Conciliar los tiempos no siempre resulta sencillo, porque nuestra profesión demanda mucho, física y emocionalmente. Sin embargo, mi hija ha aprendido a comprender la importancia de mi trabajo y se siente orgullosa de él. Siempre intento dedicarle tiempo de calidad y enseñarle valores como la sensibilidad y la solidaridad. No sé si seguirá mis pasos, pero sí deseo que crezca admirando el valor de servir a los demás.
—Cada 12 de mayo se celebra el Día Internacional de la Enfermería. ¿Qué significado personal y profesional tiene para usted esta fecha?
—Es una fecha que reconoce el esfuerzo silencioso de miles de profesionales que dedican su vida al cuidado. También es un momento para reflexionar sobre la responsabilidad y el compromiso que implica nuestra profesión. Más que una celebración, lo vivo como un homenaje a la vocación, la entrega y la resiliencia de las enfermeras y enfermeros.
—Su rostro aparece en una valla a la entrada del Faustino. ¿Qué sintió la primera vez que se vio allí y qué cree que simboliza ese homenaje para todas las enfermeras de la institución?
—La primera vez que me vi en esa valla sentí una mezcla de orgullo, emoción y también mucha responsabilidad. Más allá de lo personal, considero que ese homenaje representa a todas las enfermeras de nuestra institución; a esas que día y noche trabajan con sacrificio y amor, muchas veces sin visibilidad. Creo que simboliza el reconocimiento a una profesión imprescindible dentro del sistema de Salud cubano y universal.
—Como segunda jefa del Departamento de Enfermería de este hospital, ¿cuáles son sus principales responsabilidades y los mayores desafíos que enfrenta en la gestión diaria de un centro tan grande y con las numerosas carencias del sistema de Salud cubano?
—Mis responsabilidades incluyen la organización y supervisión del personal, la calidad de los cuidados, la formación continua y el acompañamiento a los equipos de trabajo. Uno de los mayores desafíos es mantener la calidad asistencial en medio de las limitaciones materiales y las carencias. Aun así, el compromiso humano y profesional de nuestros enfermeros permite sostener la atención a los pacientes con dignidad y sensibilidad.
—Usted cumplió misión internacionalista. ¿Cuáles fueron las experiencias humanas o profesionales que más la marcaron?
—Fue una oportunidad para crecer, conocer otras realidades y reafirmar el valor humano de la Enfermería cubana. Vivir lejos de la familia y enfrentar contextos diferentes implicó grandes retos, pero también dejó experiencias muy enriquecedoras y recuerdos imborrables relacionados con la solidaridad y el agradecimiento de los pacientes.
—¿Qué aprendizajes trajo de aquella misión y hoy aplica en su trabajo cotidiano, tanto en el cuidado directo a los pacientes como en el aula?
—De la misión aprendí a trabajar con mayor capacidad de adaptación, disciplina y sensibilidad. Aprendí que, incluso en condiciones difíciles, siempre es posible brindar cuidados con calidad y empatía. Esos aprendizajes los aplico a diario, enseñándoles a mis estudiantes que el conocimiento técnico debe ir siempre acompañado de humanismo.
—En todos estos años de entrega, ¿cuáles considera que han sido los mayores retos profesionales a los que se ha enfrentado y qué herramientas le permitieron superarlos?
—Los mayores retos han estado relacionados con asumir responsabilidades de dirección, enfrentar situaciones complejas dentro de los servicios y trabajar durante etapas muy difíciles para el sistema sanitario, en especial después de la pandemia. Para superar esos desafíos han sido fundamentales la preparación constante, el trabajo en equipo, la disciplina, la empatía y, sobre todo, el amor por la profesión.
—Como líder y profesora, ¿qué mensaje le gustaría dejar a los estudiantes de Enfermería que usted forma a diario; a esos que están dando sus primeros pasos?
—Que nunca pierdan la sensibilidad. La Enfermería no es solamente aplicar tratamientos o realizar procedimientos; es acompañar, escuchar, aliviar y brindar esperanza. Les aconsejo estudiar mucho, prepararse de manera constante y ejercer siempre con ética, responsabilidad y amor. Cada paciente merece ser tratado con dignidad y respeto.
—Por último, en el marco de este Día Internacional de la Enfermería, ¿qué valor o cualidad de las enfermeras y enfermeros cubanos desearía que la sociedad reconociera y apreciara más?—Me gustaría que la sociedad reconociera más la capacidad de sacrificio y la sensibilidad de las enfermeras y enfermeros cubanos. Detrás de cada guardia, de cada madrugada y de cada cuidado, existe una enorme entrega emocional y profesional. A pesar de las dificultades, seguimos trabajando con compromiso, vocación y amor por la vida.
Fuente: Girón
May
13
En reunión encabezada por las principales autoridades del Partido y el Gobierno en la provincia de Matanzas se chequeó la situación del sistema de Salud en el territorio, uno de los sectores más afectados por las consecuencias del bloqueo económico y con un impacto directo en la calidad de vida de la población.
Durante la cita se conoció que hoy no existe transmisión de arbovirosis en la provincia; sin embargo, persisten los brotes de hepatitis en Matanzas y Cárdenas, municipios con un escenario complejo debido a la situación existente con el abasto de agua y las irregularidades en la recogida de desechos.
El doctor Andrés Lamas Acevedo, director del Centro Provincial de Higiene, Epidemiología y Microbiología (CPHEM), expuso que hoy los febriles descienden, las enfermedades respiratorias se encuentran en zona de seguridad, mientras que las diarreicas tampoco representan un problema en la actualidad.
Asimismo, Mario Sabines Lorenzo, primer secretario del Partido en la provincia, insistió en la necesidad de adoptar medidas tempranas para evitar que con la llegada de las lluvias y las altas temperaturas se reproduzca el mosquito y exista un aumento de las enfermedades provocadas por este peligroso insecto.
Especialistas del CPHEM señalaron que, como medidas preventivas, durante los meses de mayo y junio se desarrollará la abatización del universo urbano; también se realizará tratamiento adulticida y próximamente el territorio contará con 25 bazucas con aditamentos para fumigar a base de agua.
De igual manera se informó que fueron asignadas cuatro nuevas ambulancias, lo que dejaría a la provincia en mejores condiciones para el traslado de los pacientes.
Se planteó, además, que hoy en centros asistenciales como el Hospital Pediátrico Provincial Eliseo Noel Caamaño y el Hospital Clínico Quirúrgico Faustino Pérez se implementa la telemedicina, valiosa herramienta que, a partir de las tecnologías de la información y las comunicaciones, propicia la interacción en tiempo real con especialistas de otros centros de Cuba.
También se analizó el Programa Materno Infantil y los esfuerzos que se realizan para atender a las embarazadas en cada municipio y eliminar factores de riesgo.
Trascendieron en este escenario preocupaciones relativas a la transportación de los trabajadores de la Salud hacia los diferentes centros asistenciales, la necesidad de mejorar la alimentación en los hospitales y la urgencia de buscar alternativas para garantizar la limpieza de los mismos.
Sabines Lorenzo enfatizó en la necesidad de trabajar ajustados al contexto actual, marcado por el déficit de combustible, sin descuidar el buen trato al paciente y la calidad en los diferentes servicios que brinda el sistema de salud.
Fuente: Girón
May
12
BAYAMO, Granma. — Varias veces vi, durante la entrevista, realizada en su casa de la calle La Bayamesa, en la Ciudad Monumento, cómo se le humedecían los ojos, mientras hablaba.
Era entendible: hacía confesiones sobre sus hijos, narraba los 13 días en que uno de ellos estuvo muy grave, del cáncer que venció en su propio ojo, de las tres misiones internacionalistas que rechazó para quedarse a cuidar a los suyos.
A sus 53 años, Yelaines Emilia Álvarez Fernández, especialista en Oftalmología, y hoy, al frente del Centro Provincial de Retinosis Pigmentaria, no es de esas personas que cuentan su vida con distancia. La cuenta con el corazón en la mano y cada palabra estremece.
Abel de Jesús Moreno Álvarez llegó al mundo el 16 de marzo de 2005. Andrés de Jesús, el 15 de septiembre de 2006. Los dos embarazos fueron muy deseados por ella —parió al primero a los 33 años y al segundo a los 34—, pero el último generó un sismo familiar, porque el niño vino al mundo con una atresia esofágica con doble fístula toraco esofágica.
Los cirujanos del hospital Carlos Manuel de Céspedes lo intervinieron, a las seis horas de nacido, para lograr una conexión normal entre el esófago y el estómago. «Fueron 13 días críticos, 13 días en que no pude ver a mi otro peque; me fui pensando que iba a ser una cesárea y que iba a retornar a los tres días, pero no pude regresar. El niño estuvo en la terapia intensiva de neonatología con un pronóstico muy crítico de que, si se salvaba o no se salvaba», narra con la voz entrecortada.
Después vino un desarrollo sicomotor vigilado, el susto de cualquier travesura infantil, la posibilidad de un daño neurológico… Por fortuna, Andrés creció sano, y hoy es tan roble como su hermano.
Yelaines se inclinó a la medicina por los consejos de su primo Rafael Vázquez Fernández, el célebre cirujano que lideró el equipo multidisciplinario que, en diciembre de 1973, separó a las hermanas siamesas de Las Tunas. Y el peso de esas recomendaciones hizo que nunca mirara atrás.
Ella recuerda, por ejemplo, que sus niños llegaron en medio de su formación como oftalmóloga, que tuvo que dejar de amamantar para comenzar la residencia, la cual incluía guardias cada tres días, seminarios, pases de visita, consultas, más la Operación Milagro, «que eran horas interminables haciendo cirugía».
Admite que la doctora Mayra Gutiérrez, jefa de servicio en ese momento, la impulsó, en medio de su complejo escenario familiar, a terminar la especialidad. «Estuve en mi residencia hasta que me llegó la licencia de maternidad, operando, embarazada».
Los ojos vuelven al lenguaje de la humedad cuando van goteando los recuerdos. «Ellos decían que una piernita era de uno y la otra era del otro. Así se dormían. Y después de las dos piernitas, mamá tenía que estudiar. A veces amanecía estudiando, empataba con el otro día, preparaba todo antes de irme, lo dejaba todo listo y ya sabes… me costaba trabajo, porque se quedaban llorosos cuando me iba».
Cuando le pregunté qué creía que podían sentir sus hijos por ella, Yelaines se emocionó otra vez. Con la voz discontinua respondió una sola palabra: «Orgullo».
Una marca vencida
Como si toda esta historia de montañas vencidas fuera poca, el 7 de febrero de 2014, cuatro años después de haberse graduado como especialista de primer grado en Oftalmología, Yelaines fue intervenida quirúrgicamente, en el Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología, de un carcinoma epidermoide del párpado inferior del ojo izquierdo, con infiltración a borde libre palpebral en su porción media.
«Yo me fui para el oncológico, me operaron, me di radiaciones y ellos pequeños. Vencí el cáncer, pero sé que eso también los marcó».
En ese tiempo, signado por las consultas y los viajes a la capital del país, su mamá, Elena Fernández Quesada, fue clave, al igual que su papá, Jesús Álvarez González, también su madrastra Gricel y sus cuatro hermanos paternos.
«Me ayudaron muchísimo con el cuidado de Abelito en sus primeros años y eso facilitó mis estudios y la atención a mi otro niño. Luego también estuvieron ahí en los momentos críticos».
Su esposo, el doctor Omar Chávez Ríos, maxilofacial, la ha acompañado durante los últimos nueve años, y ha ayudado a complementar la formación y el cuidado de los hijos.
La faceta de madre se alarga al centro provincial… porque allí muchos pacientes, incluso los mayores, la consideran una matrona tierna, que ayuda o aconseja cuando sobrevienen los problemas.
«Los pacientes de retinosis pigmentaria son extremadamente sensibles, sobre todo, los que no ven», dice, y la voz se endulza.
Habla entonces de la necesidad de diagnosticar la enfermedad tempranamente y de los obstáculos que les surgen a las personas aquejadas de retinosis: no ven de noche, les molesta la luz del sol, tienen una visión tubular (es decir, no ven hacia los laterales), los niños tropiezan, con frecuencia, y, en ocasiones, desarrollan terror nocturno. Por todo eso, hay que tratarlos con infinito amor.
Entre las anécdotas que atesora vinculadas con esa segunda casa están las de tres hermanos que padecen la enfermedad y viven en un lugar intrincado del municipio serrano de Buey Arriba. «Cuando eran pequeños les compraba juguetes o les llevaba cualquier cosa y ahora, ya grandes, me enseñan esos juguetes de aquel tiempo. Soy como su otra mamá», expresa con felicidad no disimulada.
Viaje pospuesto
En tres ocasiones le ofrecieron a Yelaines irse a cumplir misión internacionalista, y en todas respondió que no. «Me hubiera gustado vivir esa experiencia, pero no pudo ser. Yo fui de las pocas que decidió quedarse y cumplir con lo que me tocaba en ese momento, desde el punto de vista familiar, pero también desde el punto de vista profesional».
Nunca les ha dicho a sus dos retoños que fue por verlos crecer; más ellos, que ya están en la universidad —el mayor como estudiante de 2do. año de Medicina y el menor como alumno de 1er. año de Ingeniería Mecánica—, saben en el fondo la verdad.
Claro que esta doctora graduada en 1997 (especialista también en Medicina General Integral desde 2002) no se arrepiente, pues estar en Bayamo también le posibilitó cuidar a su mamá, que ya tiene 78 abriles y ha sido sometida a 11 operaciones.
Luego responde una pregunta con la mirada avivada: «Somos de una generación que creyó, que ama lo que hace, soy médico porque me gusta, porque no hay nada más satisfactorio para mí que la sonrisa de mis pacientes».
Al despedirme, pensé en todo lo que había escuchado con fascinación; en la fuerza de esta mujer, repetida en otras como ellas, que permanecen en el anonimato; en la pureza de una persona expuesta a tantas pruebas, en la grandeza indescriptible del alma de una madre.
Fuente: Juventud Rebelde
