Mientras se sacan las cuentas millonarias de la conveniencia mercantil, los países, sobre todo los del tercer mundo, siguen contando por miles los muertos que les deja la COVID-19.

El mecanismo internacional Covax, creado para la distribución de vacunas contra la COVID-19, mantiene sus propósitos de ser la principal estructura para el suministro de inmunógenos; sin embargo, supeditado al mercado, no podrá librarse de sus reglas.

Reiteradamente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha insistido en la necesidad de integrar a la mayoría de los países en el esquema de vacunación concebido en este mecanismo, pero también ha reconocido la imposibilidad de cumplirlo debido a insuficiencias de las grandes transnacionales farmacéuticas en la respuesta a los convenios establecidos.

Una cosa es esa, y otra, la dirección que ha tomado la mayor parte de las producciones obtenidas al amparo de Covax: el 87 % de los vacunados habita en países ricos, en tanto en los subdesarrollados apenas se llega al 0,2 % de la población inmunizada.

¿Cuál es más simple: la conclusión aritmética o la lógica predecible del capital? En un proceso concebido con las piezas y herramientas del clásico andamiaje mercantil, este siempre dictará quiénes se beneficiarán primero del resultado.

Covax debía garantizar la equidad y la solidaridad en la distribución de las vacunas en el planeta, pero lo cierto es que este año terminará sin que pueda asumir un esquema completo de inmunización al 10 % de la población mundial. Bajo el impacto de las naciones ricas productoras, estas determinarán el destino de cada bulbo.

En América Latina y el Caribe, unos 37 países solicitaron ser incluidos en este plan, de los cuales 27 accederán a las vacunas mediante financiamiento propio, y otros diez lo harán sin costo, dada su endeble condición económica o por el tamaño de su población, informó la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

Para acceder a los planes de distribución de vacunas anti-COVID-19, de Covax, la OMS elaboró un listado de 90 países pobres que recibirán los antígenos gratis, pero para el resto es requisito indispensable pagar por adelantado 1,60 dólares por cada dosis (3,20 en total, de acuerdo con el esquema de dos dosis por persona). A ello se le añade una garantía financiera de 8,95 por cada dosis, lo que representaría un total de 17,90 dólares en dos dosis, según detalla el sitio web de la organización.

Citemos varios ejemplos: Venezuela anticipó 120 millones de dólares, Paraguay hizo un pedido de 4 300 000 dosis, Brasil solicitó 10,7 millones, México unos 6,5 millones, y Colombia 2,7 millones.

En estas claves, donde los millones se balancean entre solicitudes desesperadas de los que más padecen e incrementos exponenciales de los que «deben» producir y entregar (contados monopolios farmacéuticos), radican el enriquecimiento desmedido, la inequidad de la distribución y el incumplimiento crónico de los compromisos, que acusaba el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla, en conferencia de prensa del 21 de julio, cuando le preguntaron por qué Cuba no integraba el mecanismo.

A pesar de los millones, Covax calificó las recaudaciones como insuficientes, pues estiman que deben contar al menos con 6 800 millones de dólares adicionales en 2021, para cubrir la inmunización del 10 % de la población mundial antes de finalizar diciembre.

Según alegan, el mayor escollo está en la industria, sin capacidad real para producir, con celeridad, las cantidades suficientes para llevar un ritmo adecuado en la vacunación; esto, sin contar con que no todos los países tienen el mismo margen de maniobra para ponerse delante en la distribución.

Los cálculos, basados en lo que se ha visto y se prevé en el corto plazo, no borran las nubes de la urgencia. Covax no va siendo una solución feliz, y para los más pobres, no parece ser, siquiera, una esperanza.

El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha pedido a todos los fabricantes comprometerse a poner a su disposición de Covax el 50 % de todo lo que produzcan, pero –a juzgar por lo acontecido– no es típico del mercado desplazar la posibilidad de multiplicar ganancias, por atender un clamor de humanidad.

Mientras se sacan las cuentas millonarias de la conveniencia mercantil, los países, sobre todo los del tercer mundo, siguen contando por miles los muertos que les deja la COVID-19. Muy pocos producen vacunas propias y, sin otra opción que atenerse a la caridad de los ricos, o pagar por ella, la mayoría depende de lo que el poder del capital les conceda como esperanza.

agosto 10/2021 (Granma)

agosto 11, 2021 | Maria Elena Reyes González | Filed under: De la prensa cubana | Etiquetas: , , , , |

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