Luis Javier González López trabaja desde hace más de tres décadas en el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), y a lo largo de estos años ha sentido, una tras otra, las dificultades que el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos causa al desarrollo de la biotecnología cubana.

El científico, quien comenzó en la institución cuando era estudiante en 1987 y hoy es Doctor en Ciencias Químicas, señaló que su área de trabajo requiere equipamientos costosos e imprescindibles y, como consecuencia de la política estadounidense, su adquisición se ha visto limitada.

González López, también jefe del Departamento de Biología de Sistemas perteneciente a la Subdirección de Investigaciones Biomédicas del centro detalló que, por ejemplo, los espectrómetros de masas son equipos necesarios en la caracterización de los productos biofarmacéuticos y cuando comenzaron a utilizarse en el mundo existían fabricantes de varios países; pero actualmente la mayoría de las compañías que los confeccionan son norteamericanas.

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— Agencia Cubana de Noticias (@ACN_Cuba) February 3, 2022

El primero adquirido por Cuba pertenecía a una empresa japonesa, y se mantuvo en funcionamiento en el CIGB desde 1987 hasta el 2000, gracias al talento de los ingenieros cubanos, pues en ese tiempo fue muy difícil adquirir las piezas de repuesto al existir inversionistas de Washington en esa compañía, y no ser posible la presencia de los especialistas nipones en nuestra isla, afirmó a la Agencia Cubana de Noticias (ACN).

En el 2000, atendiendo a la actualización de la industria, se compró otro espectrómetro a una empresa inglesa y, poco tiempo después, esa firma pasó a integrar otra entidad de procedencia estadounidense. Veinte años después ese equipo se mantiene funcionando y es el único que se utiliza para caracterizar proteínas en la industria biofarmacéutica nacional.

Mucho se ha avanzado en esa técnica, comentó, pero prácticamente todos los que se usan para la caracterización de productos biotecnológicos están copados por compañías estadounidenses o tienen acciones en ellas.

Mantener la biotecnología en medio del bloqueo implica un gran reto, acotó, y manifestó que el efecto de esta política afecta también la divulgación de resultados científicos.

Existen revistas en las que es preciso pagar para publicar, y muchos bancos no realizan transacciones con Cuba en tanto se rigen por leyes extraterritoriales estadounidenses; asimismo, insertar fármacos del CIGB o de otra empresa en ese país es muy difícil, por la cantidad de aprobaciones que solicitan, subrayó.

En cuanto a los reactivos, dijo que más del 70 por ciento (%) de los requeridos para las investigaciones poseen origen o son controlados por compañías de EEUU. Al no ser posible una negociación directa, hay que recurrir a intermediarios, quienes debido a los riesgos que implica negociar con la nación caribeña, aumentan el precio de los insumos hasta dos o tres veces.

Acerca de las limitaciones en la entrada de los insumos para la industria biofarmacéutica cubana, la ingeniera Yai Cruz Ruiseco, directora de Importaciones, agregó que en el CIGB se adquieren alrededor de 15 mil surtidos entre materias primas, misceláneas, reactivos de laboratorio y piezas de repuesto para mantener la cartera de productos de la institución.

Precisó a la ACN que, de adquirirse mercancías fabricadas en Estados Unidos, con capital de ese país o que tienen al menos un 10 % de componentes de esa nación, al precio inicial del producto –que de por sí es elevado al tratarse de una industria de alto estándar–, se le adicionan los costos de recurrir a intermediarios y los de transportación, los cuales aumentaron exponencialmente durante la pandemia.

Otro de los inconvenientes referidos es que para realizar transacciones financieras con un país que no sea Estados Unidos, es preciso transitar por varios bancos, que establecen tasas de interés superiores a las comunes o restricciones por el riesgo que implican estos procesos con la Antilla Mayor.

La experta también puntualizó que debido al bloqueo, la isla no pertenece a foros empresariales; por tanto, no tiene acceso a créditos, y esto dificulta aún más las inversiones.

Subrayó que la COVID-19 modificó la logística internacional y, en dependencia de las características, los insumos pueden demorar de tres meses a dos años en llegar a Cuba, incluso si se emplea una vía rápida teniendo en cuenta el escenario cubano.

Este contexto ha obligado a los especialistas del CIGB, al igual que a los del resto de las empresas de BioCubaFarma, a ser creativos para desarrollar el potencial científico, diversificar los proveedores y fabricantes, apostar más por la colaboración con laboratorios extranjeros y por el encadenamiento productivo en el territorio nacional.

septiembre 20/2022 (ACN)

septiembre 20, 2022 | Maria Elena Reyes González | Filed under: Bloqueo, Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), Cuba, De la prensa cubana | Etiquetas: , |

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