La Habana, 29 oct (ACN) Promover estilos de vida saludables, capacitar a los profesionales y trazar nuevas estrategias de prevención y tratamiento resultan primordiales para evitar secuelas en los pacientes que padecen de ictus, enfermedad cerebrovascular que constituye un verdadero problema de salud en el orbe.

Cifras de la Organización Mundial de la Salud refieren que, anualmente, alrededor de 15 millones de personas sufren un ictus cerebral, de ellas mueren cerca de 5,5 millones y un porcentaje elevado presenta secuelas discapacitantes.

En el Día Mundial del Ictus, este 29 de octubre, el Doctor en Ciencias Médicas Javier Vicente Sánchez López, jefe de la Unidad de Cuidados Intensivos del Instituto de Neurología y Neurocirugía, señaló a la Agencia Cubana de Noticias que el padecimiento es la tercera causa de muerte en el país y en el mundo desarrollado, después de las enfermedades coronarias y el cáncer.
A su vez, constituye, después del Alzheimer, la secunda causa de demencia y amenaza en convertirse en la primera, y es la enfermedad crónica no transmisible más discapacitante al ser la que más secuelas provoca.

Los pacientes pueden perder la fuerza muscular en un hemicuerpo, tener dificultades en la visión, la audición, el equilibrio y para articular y comprender el lenguaje, agregó.

Insistió en la importancia de acudir de inmediato a los servicios de salud si se presentan algunos de esos síntomas, porque mientras más rápido se llegue a un diagnóstico y comience el tratamiento, mayores serán las posibilidades de recuperación neuronal.

Detalló que esta enfermedad cerebrovascular puede ser tanto isquémica como hemorrágica, ya sea porque un vaso sanguíneo del cerebro se vea ocluido o roto; cuando se ocluye se origina un infarto cerebral y cuando se rompe, una hemorragia cerebral, acotó.

El especialista de segundo grado en Neurología y Cuidados Intensivos dijo que quienes lo padecen en muchas ocasiones dependen de otros para vivir, por lo que es preciso conocer los factores de riesgo y tratar de prevenirlos.

Mencionó que están los no modificables como la edad, al ser el envejecimiento uno de los elementos que más influye, y también está la predisposición genética a enfermedades cerebrovasculares.

No obstante, podemos modificar o controlar la hipertensión arterial, que predispone tanto al ictus isquémico como al hemorrágico.

En Cuba la población hipertensa es muy amplia, al igual que lo es la que padece de diabetes mellitus, otro factor predisponente, al que se suman los trastornos con los lípidos, el colesterol elevado, los hábitos tóxicos, el consumo de drogas y el sedentarismo, entre otros.

El ictus se ha desplazado a edades más tempranas, hace años al escuchar que alguien tuvo un infarto o una hemorragia se pensaba en un adulto mayor y en la actualidad hemos visto qué personas entre 40 y 50 años pueden sufrirlo, expresó el investigador y profesor titular.

Ante esta realidad, Sánchez López reiteró los beneficios de asumir estilos de vida sanos desde las primeras edades, pues para cambiar el futuro de la enfermedad hay que empezar por las infancias.

El doctor puntualizó que en Cuba se revitalizan las unidades de ictus, luego de la pandemia de la COVID-19, para que los pacientes reciban la mejor atención posible.

Asimismo, reconoció que esta dolencia es prevenible, tratable y recuperable, y puede hacerse mucho para lograrlo.

octubre 29/2022 (ACN)

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