Recién comenzaba este mes cuando el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) publicaba un interesante texto: «Preparándonos para la próxima pandemia».

Después de todo lo que la humanidad ha pasado, y sigue pasando, desde que hace dos años, un 11 de marzo, fuera declarada esta horrible pandemia, resulta francamente desagradable enfrentarse a títulos como el del documento mencionado.

Siente uno, deseos solo de cruzar los dedos para «espantar» el mal augurio, y, a renglón seguido, pasar la página.

Pero eso sería hacer como el avestruz: meter la cabeza en un agujero para pretender ignorar lo que sucede.

Y de todas formas, la realidad va a seguir gritando afuera y, definitivamente, imponiéndose, a pesar de todo. Por eso, sería valioso que todos y cada uno de los habitantes de este planeta nos detuviéramos en las alertas enunciadas por el PNUD cuando pasa recuento de qué hemos aprendido en estos dos años siniestros.

Además de reconocer que el mundo no estaba preparado para un evento como este, advierten que, en el presente, los países continúan estando «peligrosamente mal preparados» para un futuro evento similar.

Para tal afirmación, citan el informe Índice de Seguridad Sanitaria Global de 2021, que así lo indica, aun reconociendo avances.

Las desigualdades fueron de los peores caldos de cultivo para que la pandemia se adueñara de nuestra existencia, no solo poniéndolas todas al descubierto con sus tintes más tenebrosos, sino profundizándolas porque, al decir del texto citado, «los que ya estaban quedándose atrás son los que más han sufrido…».

Y una de las aristas en que más evidentes se han hecho las desigualdades ha sido precisamente la distribución de vacunas. Tal ha sido la falta de igualdad, que en los países de bajos ingresos solo se ha vacunado el 13,3 % de la población; mientras que en las naciones de ingresos altos, ese indicador alcanza el 68,6 %.

La carencia de una cobertura universal de salud ha quedado evidenciada en las respuestas a esta pandemia, que también ha hecho retroceder lo avanzado en el enfrentamiento a enfermedades como el VIH, la malaria y la tuberculosis.

La ayuda a los países más rezagados en la vacunación y en su recuperación de esta crisis sanitaria mundial podrá tributar a las bases de un mundo más equitativo, pero alcanzarlo no depende, por supuesto, solo de ello.

«El liderazgo y la competencia han importado más que el dinero en las respuestas a la pandemia. Hay una clara oportunidad de construir un futuro más allá de la pandemia basado en fuentes de sabiduría de todas partes del mundo», subraya el PNUD.

Ese programa de Naciones Unidas recuerda que «el costo de una respuesta eficaz y justa a una pandemia es solo una fracción de lo que nos cuesta una respuesta deficiente», y estiman que la COVID-19 costará a la economía mundial 500 veces más que unas eficaces medidas de prevención de pandemias.

Sin dudas, vivimos un momento decisivo para el futuro de nuestra especie, porque lo que como civilización logremos a partir de este instante podría marcar el derrotero ante futuras catástrofes como la vivida; sobre todo, si no se sigue de brazos cruzados ante tanta desigualdad en aumento.

Lo que hagamos ahora podría hacer que esta pandemia sea la última de este tipo. Pero ¿está el mundo dispuesto a hacer lo que hace falta?

marzo 16/2022 (Cuba Si)

marzo 20, 2022 | Maria Elena Reyes González | Filed under: coronavirus, COVID-19, De la prensa cubana, Organización de las Naciones Unidas (ONU), pandemia | Etiquetas: , |

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