“La astilla de madera medía alrededor de media cuarta, quizá un poco menos, o más, pero solo unos centímetros se veían fuera del cráneo. Lo demás había penetrado la cabeza del bebé”, nos cuenta el Dr C. Marlon Ortiz Machín.

El especialista en neurocirugía del hospital Hermanos Ameijeiras lideró, junto a las doctoras Peggys Oleydis y Julia Rosales, el equipo neuroquirúrgico que intervino al niño de dos años lesionado en la explosión en el hotel Saratoga, ocurrida en la mañana de este viernes 6 de mayo.

El médico ofreció declaraciones a Cubadebate sobre el procedimiento y la evolución del menor, que hasta el momento ha sido favorable, confirmó.

Lo encontramos en el servicio de neurocirugía, en el noveno piso de la institución hospitalaria, este sábado en la tarde. Pasaron ya más de 24 horas desde que entró al quirófano, con la determinación de hacer lo que tanto él como el equipo que le acompañó saben hacer: salvar vidas, pero aún hay tensión y también –creo percibir– algo de temor.

Para un médico, el temor de no poder imponer la vida siempre está.

“La dirección del hospital nos convocó para atender a un grupo de lesionados en el terrible accidente. Cuando llegamos a la planta baja del hospital, a la zona de oncología donde se estaban recibiendo los casos, nos llamó la atención un niño de dos años que llegó con una lesión craneal, con material de tierra y madera en la herida. Cuando lo exploramos, nos dimos cuenta de que tenía una fractura deprimida”, cuenta el especialista.

La primera intención fue trasladarlo a un hospital pediátrico, como se establece en los protocolos, “pero entonces el niño comenzó a vomitar, a mostrar señales de disminución de su estado neurológico, y decidimos darle de inmediato la atención médica correspondiente”.

El doctor Ortiz Machín señala que, aunque el Hermanos Ameijeiras no es un hospital caracterizado por la atención a casos de traumas, “en nuestra especialidad recibimos formación de traumatología”.

Los momentos que siguieron fueron decisivos para el pequeño. “Le hicimos una tomografía que confirmó la presencia de una fractura craneal, cuerpos extraños intracraneal, edema cerebral y áreas de contusión en el cerebro. Fue entonces cuando decidimos realizar la intervención quirúrgica aquí”.

La operación se realizó sin complicaciones, gracias al apoyo del equipo quirúrgico y los residentes, afirma el especialista en neurocirugía, quien resaltó además la labor del grupo de anestesiólogos que participaron en la cirugía. “Asumieron con entereza la anestesia de este bebé a pesar de ser un hospital de adultos”. Katia, Obdulia, Rivero y Fuentes, un equipo excepcional, dice.

Labor encomiable además la de los enfermeros, técnicos, intensivistas, pediátricos que se movilizaron hacia el hospital y del resto del personal de salud que apoyó en la atención del pequeño en estas primeras horas.
“Se pudo retirar el cuerpo extraño, realizar hemostasia, porque había sangrado en el área donde estaba impregnado este cuerpo extraño; limpiar bien toda la zona afectada, retirar los restos de madera, que son verdaderos proyectiles secundarios desprendidos por la explosión…

“Tratamos de conservar la mayor parte de la masa craneal. Recordemos que es niño pequeño. Descomprimimos la presión craneal e hicimos una reparación de la zona dañada”.

La enumeración de pasos del procedimiento, que se escribe rápido, implica horas en un quirófano. Horas de esfuerzo, esperanza y tensión, y también de fe.

El doctor Marlon confirma que “el niño salió bien del salón. Ha tenido una evolución inicial favorable, despertó y fue trasladado posteriormente, como corresponde, al hospital pediátrico Juan Manuel Márquez, a la terapia intensiva. Tenemos reporte, porque estamos trabajando en conjunto con intensivistas y personal de allá, de que se mantiene estable”.

Agrega que ya está despierto, sin defectos motores, moviliza las cuatro extremidades y se está trabajando en la extubación.

El especialista agradece, una vez más, la labor del servicio de neurocirugía del hospital Hermanos Ameijeiras, en especial a los doctores Pedro Pablo Gutiérrez y Eddy Mapolón, así como a los residentes del servicio. ”Todos funcionamos como un reloj”, dice.

“Estamos tristes, esto que ha sucedido es algo inesperado, y las pérdidas de vidas, entre ellas las de niños, son muy dolorosas”, comenta, y añade que “los médicos estamos para trabajar y ayudar”.

Luego del diálogo con el doctor Ortiz Machín, pienso que la decisión de operar allí, sin dilaciones, y luego trasladar al pequeño al pediátrico, fue no solo la mejor, sino propia de la entereza de valientes.

Gracias infinitas, un niño –ya lo dije en algún post escrito en estas horas aciagas–, es el mundo entero. El universo. Y allí, en manos de estos neurocirujanos, ese mundo, el nuestro, quedó un poco más a salvo.

mayo 07/2022 (Cubadebate)

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