La gradual reapertura que están experimentado las provincias con los indicadores más favorables es una incógnita que carga de preocupación a muchas cabezas, mientras que para otras, significa el respiro de descongestión para calmar los niveles de estrés.

Hay quienes temen vuelva a suceder lo del año pasado cuando incluso se llegaron a abrir las fronteras. En unos días aquello terminó patas arribas, las personas al arribar a Cuba hacían la cuarentena a su entender propio, y en muchos casos devino en muchos contagios.

Fue una explosión pandémica, los números se dispararon y lo que habíamos logrado tras varios meses de encierro acabó de nuevo en la primera página de aquella novela trágica que ya lleva varios tomos y ni el autor sabe cuándo le dará el giro final para el desenlace.

Ahora que son pocos los casos en ciertas localidades, claro está que tras ello está el papel de las vacunas Abdala y Soberana 02 y Plus, en donde hay un gran volumen de población vacunada la tasa de pacientes graves y críticos, y fallecidos ha descendido.

Las vacunas funcionan y evitan en un por ciento que los enfermos fallezcan, pero no hay día en que los médicos e investigadores aclaren que, incluso estando inmunizados, en menor medida se puede enfermar, llegar a estadios graves y hasta llegar al más temible.

Además, han aclarado que cuando se tiene una o dos dosis, o sea, el ciclo no se ha concluido o aún no han pasado 15 días tras el último pinchazo, los niveles de inmunidad son bajos, por tanto, la persona tiene menos seguridad de que no vaya a infectarse con la COVID-19.

Precisamente a ese enfoque queríamos llegar. Los niños y adolescentes, más que nadie estos últimos, que cursan en la secundaria o preuniversitario están visualizando una luz al final del túnel, puesto que ya están siendo vacunados.

Es cierto que los vacunatorios instaurados en sus propias escuelas devienen un mar de alegría, pero en la confianza está el peligro, y ahora es doble, porque no tienen todas las dosis y se están atreviendo a pisar cada vez un centímetro más de libertad social.

Asimismo, ello está condicionado por la reapertura gastronómica, ya son varios los centros, sean estatales o por cuenta propia, que en un 50 por ciento están brindando sus servicios y los más jóvenes están queriendo lanzarse a la interrelación después de noches de soledad.

Los jóvenes, no de todas las provincias, están viviendo una nueva normalidad que parece empezar a descongelarse, con el próximo retorno a las aulas, el arranque de la economía, y la reanimación del turismo extranjero, pero la actitud no debe cursar entre el desespero.

Ansias de ir a la playa, de viajar a otro territorio nacional u a otro país, de poder ir a comer a un restaurante en pareja, de pasar una semana en familia donde sea, pero la verdad es que, si vuelve a ser a lo loco e irresponsable como en el 2020, las puertas deberán volver a cerrar.

Hay que tener cuidado con los niños en el parque y los padres en casa confiados porque ya le pusieron la primera dosis, hay que tratar de que este grupo etario más joven no se convierta en la bola de contagios que pudiera explosionar en todo el país.

Es momento de revivir, pero también de meditar cuidados más severos y controlar emociones que no terminen por el desespero en cadenas y picos de contagios, y a la larga volvamos a echar páginas atrás hacia el capítulo que se sufrió a finales del 2020.

septiembre 30/2021 (Cubasi)

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