Aún convaleciente del accidente, con una trombosis venosa y varios artefactos ortopédicos incorporados a su cuerpo debido a la luxo fractura de cadera que sufrió; a Eldi le preocupaba algo: que no pudiera volver a donar sangre. Y le preguntó a los doctores que lo atendían, quienes le dijeron que no se preocupara, que podría hacerlo. Entonces retomó el compromiso, -ahora más comprometido-, pues él mismo necesitó en ese momento, 12 años atrás, sangre de otras venas.

Ya suma, en su hoja de vida, más de 100 donaciones y piensa continuar haciéndolo.

“En diciembre cumplo 60 años, y toda la vida he donado sangre, desde muy joven, excepto cuatro años que estuve de misión internacionalista en Angola. Y pienso seguir donándola hasta que cumpla 65 años porque así lo establece salud pública, si no yo seguiría”; comenta este guantanamero radicado desde hace muchos años en el Reparto Sierra Maestra, del municipio habanero de Boyeros.

“Sí, porque Eldi dice que el cojea, pero que el brazo todavía lo tiene fuerte”, añade entre risas y cofradía de vecinos, Lázaro Martín Gutiérrez, coordinador desde hace 19 años de la zona #2 a la que pertenece el CDR de Eldi Rodríguez.

Desde un rinconcito de la terraza que nos cobija, a Pedro Luis le aflora el orgullo en el rostro, no tanto cuando hablan de su condición de vanguardia en donaciones voluntarias de sangre, sino cuando reconocen a su hijo Luis Yanel Leiva Orozco, un joven de 19 años que ya ha hecho dos donaciones.

“Mis amigos me decían que ellos habían escuchado, que eso hacía daño, que si uno dejaba de donar empezaba a sentir cosas, esto, lo otro. Pero el compañero Eldy y mi papá hablaron conmigo, me contaron sus experiencias, que a ellos nunca les había sucedido nada de eso, y que aportara mi granito de arena al país, que yo no tenía ningún problema de la familia (a alguien que necesitara sangre en ese momento), pero que tal vez mañana sí, mi mamá o algún conocido… Que pensara en eso. Y me decidí a hacerlo. Puedo asegurar que no he sentido nada raro, es un pinchacito, no hace daño. De hecho, tengo un hermano que cumplió 18, que estoy animándolo para que también sea donante”; cuenta Luis.

María Cristina Álvarez Gainza, casi triplica la edad de este joven, y a pesar de que en el año 1996 sufrió una anemia severa que la inhabilitó de donar sangre durante cinco años, ella continúa ofreciendo, sin temor alguno, la vida que corre por sus venas, porque como licenciada en farmacia, bien sabe, la importancia de los componentes sanguíneos para la producción de algunos medicamentos imprescindibles para la salud de las personas, y sobre todo, la importancia de las donaciones de sangre para salvar o ayudar a mejorar la calidad de vida de los pacientes con cáncer, los que se hemodializan, los que requieren ser operados, las embarazadas…

“Por eso comencé a donar sangre siendo estudiante, con 20 años, hasta el 1996 que tuve una anemia, pero en cuanto me recuperé, retomé las donaciones y hoy día sigo haciendo dos o tres en el año. Y esas experiencias se las contamos a los vecinos que aún no se incorporan, para que comprendan la importancia de donar sangre y dejen el miedo atrás. Porque tú los ves cuando tienen algún familiar que necesita sangre, ‘qué tengo que hacer’, ‘a quién tengo que ver’. Porque la verdad es que casi todos alguna vez en la vida, ya sea para uno o para alguien cercano, necesita una donación de sangre. Yo misma, cuando la anemia, la necesité”.

Donar se lleva en la sangre. Eldis, Luis, María y todos los donantes de los nueve CDR que integran la zona que coordina Lazarito, evidencian que es, ante todo, una cuestión del corazón, de altruismo del donante, pero resultado también de iniciativa del barrio, de los vecinos que hacen posible que ese se convierta en un día fácil, agradable, de compañerismo para quien desinteresadamente deja salir de sus entrañas, vida para otras personas.

Si Mahoma no va a la montaña…

Un día cualquiera, de esos muchos que él suele tener, entre papeles, tablas, archivos y pensamientos para ayudar al barrio, Lázaro pensó en la posibilidad de traerles a los donantes, el banco de sangre a la comunidad, y evitarles así kilómetros de caminata, la odisea de la transportación para llegar hasta el policlínico, la pesadez de tener que ponerse determinado vestuario o zapatos, la demora y la preocupación porque dejó un familiar enfermo o la visita en casa.

“Oye, esos tragos amargos hay que ahorrárselos, conque donen la sangre ya es suficiente”, pienso yo ahora, y seguramente se dijo el veterano de los Comité. Por eso, tocó puertas, planteó ideas, hizo gestiones, volvió a explicar la estrategia, esperó aprobaciones. Pero es un hecho que desde el 2015, cada tres meses, los donantes del reparto solo tienen que ir a los Consultorios del Médico de la Familia habilitados para ellos en el propio barrio.

Acerca de los frutos de esta iniciativa popular, explica el coordinador de la zona #2 del reparto Sierra Maestra, que su área logró más de 100 donaciones anuales durante 16 años consecutivos, después del 2003, aunque “históricamente la zona nuestra, ha sido una zona fuerte en donaciones voluntarias de sangre»; precisa el octogenareo.

«Aprovechando un proceso de fortalecimiento de los CDR de años atrás, analizamos esta experiencia para generalizarla en el reparto que lo integran 10 zonas cederistas, y así lo hicimos. Con este sistema, cada mes, dos o tres zonas donan. Se elabora el plan de cada trimestre, que incluye un análisis del comportamiento histórico, del trimestre que termina y la planificación para el trimestre que sigue”.

Explica Lazarito que aunque los resultados pudieran ser mejores, porque tienen potencial de donantes que aún no se han incorporado; la iniciativa genera emulación entre las zonas del reparto y algunas de ellas que donaban muy poco, han empezado a despertar.
“Las donaciones es una de las tareas priorizadas que se mide en la emulación entre los CDR del municipio. Al comenzar el trimestre, cada uno tiene 100 puntos, y en la medida que dejan de hacer actividades, pierden puntos, pero por otra parte, hay un grupo de actividades que dan puntos. Cumplir no da puntos, pero sobrecumplir sí, entonces eso estimula al sobrecumplimiento.

En nuestra zona nosotros, además de reconocer a los donantes en sus CDR, le hacemos una actividad e invitamos a los históricos también. Una caldosa en el patio de mi casa, su traguito de ron, juego de dominó. Eso lo hacemos con el aporte de cada CDR de la zona, que lo juntamos porque es verdad que ahora los valores en la caldosa han aumentado. Nada más la cabeza de puerco que antes costaba 80 pesos, ahora cuesta más de 80 pesos la libra, pero me parece que los donantes se lo merecen”; explica el rector de este programa en el Sierra Maestra.

En la tarea de las donaciones de sangre de los cederistas de la zona #2, la avezada cederista, Adela Gainza (madre de María Cristina), ha sido determinante, desde captar (con la información que le ofrece el médico y enfermera de la familia) a aquellos hombres y mujeres con potencialidades para donar su sangre, hasta el detalle de preparar la camilla donde el donante descansa en el momento de la extracción.

Con esa dulzura maternal con la que habla, convence a cualquiera; me susurra el pensamiento, mientras ella describe un día de donación en el consultorio 22 que es el que acoge en la zona al banco móvil de sangre.

“Dos meses antes se le va avisando a todos los presidentes de CDR, y ellos visitan a sus donantes, para que tengan tiempo de planificarse y eso no los coja de sorpresa. Ya el día de la donación, preparamos las condiciones: que puedan acostarse bien, alguien me lleva un colchón, otro una sabanita, preparamos un juguito, lo que podamos, para que el que llegue a donar se sienta en un lugar agradable y bienvenido.

Y con los muchachos que no se han incorporado a donar, cuando yo los veo: ‘Vayan chico, miren cuanto beneficio tienen las donaciones de sangre que ustedes hacen, cuántas cosas resolvemos con eso’. Algunos de mi CDR que antes de la COVID-19 donaban, ahora no lo hacen, me dicen: ‘No, es que cogí miedo’. Es que en las casas a veces tampoco los ayudan a vencer esos miedos, pienso yo, y ahí trato de explicarles; comenta Adela.

La dirección de los CDR y de Salud Pública del municipio Boyeros reconocen la labor destacada en donaciones de sangre de la zona cederista: “La zona #2 de un plan de 505 donaciones, ha realizado 494 para un 97.8 % de cumplimiento. Como puede apreciarse, una sola zona (la 2) cumple sobre el 90 % su plan histórico (…) En este trimestre enero-marzo del 2022, la zona 2 de un plan de 15 donaciones, realizó 16 para un 106.7 % de cumplimiento», dice el último informe que hicieron llegar a Lázaro.

La iniciativa del banco móvil de sangre en los barrios, rinde frutos en el reparto Sierra Maestra, especialmente en la zona que coordina Lazarito, por eso ante el más mínimo indicio que algo puede afectar la donación, él se preocupa y ocupa, «para evitar que esto que ha dado un resultado vaya a cesar, porque es algo que tenemos que resolver de conjunto los revolucionarios, nosotros los cederistas de aquí”, concluye definitivo.

Este domingo, cuando su esposa le hizo saber que del policlínico habían llamado que había problemas con el transporte para llevar la técnica hacia la zona 144 de la Sierra Maestra, como otras tantas veces ha hecho, el donante mayor puso a disposición su carrito ruso y dijo: «Na’, me toca salvar las castañas». Por suerte, el transporte apareció.

junio 14/2022 (Cubadebate)

Comments

Comments are closed.

Name (required)

Email (required)

Web

Speak your mind

*

code