Vivencias y remembranzas de una joven doctora en Venezuela
La Guaira, Venezuela.–Dice Andrés Rosario que, en manos de Yanisledys, el dolor del tobillo se le hace menos intenso, porque, «verá usted, ella me pregunta y me toca de igual a igual, sin miedo; de verdad preocupada por curar mi dolencia; y eso da confianza».

«Mire –prosigue el sesentón, a la salida de un centro de diagnóstico integral (CDI) de La Guaira, al que acudió por molestias en uno de sus tobillos–, cuando se está enfermo, alienta verse frente a un ser humano que lo trata a uno como si fuera familia suya».

A Yanisledys Rodríguez el cronista no le dijo lo que Rosario le refirió; mas, el diálogo con ella fue revelador de esos atributos, al parecer anidados en la genética de la Medicina cubana, y que a diario salen al paso de quien llega a cualquiera de los más de 400 CDI atendidos por profesionales de la Isla, en la extensa geografía venezolana.

Durmieron poco durante meses esos dos «farolitos clínicos» que otean sobre el tobillo de Andrés, como si le fuera la vida en sanarlo. Esas, y otro medio centenar de pupilas cubanas en el CDI La Atlántida, del estado de La Guaira, permanecieron abiertos a todo riesgo, para evitar que se cerraran para siempre otros ojos, cuando fue más letal la COVID-19.

Todavía Yanisledys Rodríguez recuerda sus sobresaltos en zonas rojas y vacunatorios, los de la casa a casa, las consultas y las entregas de guardias. «Fueron meses tremendos», dice. «En mi vida laboral es la etapa de mayor regocijo; ahora consolidamos los servicios asistenciales propios de nuestra misión, los que se habían afectado por la epidemia».

La plática da un giro anecdótico brusco; un salto espontáneo hasta Mayabeque, y abraza allá, con el pensamiento, «a mi madre», dice, con mirada húmeda y palabras entrecortadas. «Quiero sentirla en mi pecho, y también que Yaniel y Yasiel Alberto –sus dos pequeños– me abrazan».

Esos «ángeles» revolotean en las vivencias de la joven especialista en Medicina General Integral (mgi). Son como duendes; acompañan el relato de sus vivencias por Venezuela, que incluye dos años en la natal Barinas, de Chávez, además de la misión actual, el regreso a la Patria para combatir la COVID-19, y la vuelta a suelo bolivariano.

«Para mí, ejercer esta profesión es la victoria de María Victoria, mi mamá; ella soñó con ser médico; no pudo, y yo fui su desquite»
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Deudas «de tiempo y cercanía física con mis niños y mi mamá» flotan en el testimonio de la profesional de 39 años. «Los necesito cerca; la lejanía duele, sí, pero no remuerde cuando se trata de ayudar a gente necesitada; a Venezuela vine para eso».

Su última frase es apuntalada por otra de Andrés Rosario: «Ese trato no me sorprende cuando los médicos son cubanos; aquí estamos acostumbrados a ellos; Dios los bendiga».

julio 14/2022 (Granma)

julio 16, 2022 | Maria Elena Reyes González | Filed under: Cuba, De la prensa cubana, médicos cubanos, Ministerio de Salud Pública (MINSAP), Salud, Salud Pública, Sociedad, Solidaridad, Venezuela | Etiquetas: , |

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