Los científicos y el personal de salud están en la primera línea en el enfrentamiento de Cuba a la pandemia de COVID-19.

Los resultados de los candidatos vacunales, la marcha de las intervenciones sanitarias en varias provincias, y la distribución del primer lote de Umelisa SARS-COV-2 antígeno, un sistema de diagnóstico nacional, han sido noticias alentadoras en un panorama marcado por el peor rebrote de la enfermedad en el país.

Hay razones para el optimismo, pero hay que tener los pies bien puestos sobre la tierra: la situación sanitaria de ahora mismo es muy compleja. Y las cifras diarias de fallecidos, que sobrepasan casi siempre la decena, tienen que ser llamados permanentes al esfuerzo y la disciplina. Cuando se habla de muertes no hay cifras menores. El dolor de una familia no se puede contabilizar.

El agotamiento por el largo período de restricciones puede incidir en una peligrosa noción de normalidad. Los avances en la vacunación pueden hacer creer que la pandemia es menos peligrosa. Hoy, cuando las estadísticas de nuevos contagios indican récords casi a diario, es notable un relajamiento en la aplicación de medidas esenciales en espacios públicos y privados.

Exceso de confianza. Indisciplina. Y, ciertamente, falta de rigor.

Hay administraciones que no hacen lo que tienen que hacer: incumplen protocolos perfectamente establecidos y que han demostrado su efectividad en la prevención. Hay trabajadores que no han concientizado sus responsabilidades directas. Y algunas autoridades en esos niveles han minimizado los riesgos.

En los lugares públicos son notables irregularidades: personas que usan mal las mascarillas, aglomeraciones sin control en colas, exceso de movilidad en horas nocturnas. Y en no pocos barrios algunos ciudadanos ni siquiera se preocupan en disimular sus fiestas particulares.

Urge también reducir al mínimo indispensable las reuniones, los encuentros de trabajo, los actos públicos. Es la indicación permanente de las autoridades gubernamentales; es la recomendación enfática de las autoridades sanitarias.
Hay que tomar las medidas correspondientes con los que incumplen. A todas luces no se han aplicado suficientes multas.

En los hogares el desafío es mayor, pues la responsabilidad es personal y no todos parecen conscientes de su necesidad. El país precisa del esfuerzo de todos para controlar una enfermedad muy peligrosa, de relativamente fácil contagio y con serias secuelas.

La promoción en los medios de comunicación y en el sistema de atención primaria de las prácticas adecuadas sigue siendo fundamental. Pero no basta. Hay que exigir que se cumpla lo establecido.

julio 07/2021 (Cubasi)

julio 8, 2021 | Maria Elena Reyes González | Filed under: De la prensa cubana | Etiquetas: , |

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