Mar
26
«¿Qué hacemos cuando tenemos que subir hasta el séptimo piso a un paciente en medio de una caída del Sistema Eléctrico Nacional? Echarlo en brazos y andar escaleras arriba»
El pinchazo de «Buenos días» se ha vuelto habitual para Lisnatali y Anyeli. Tienen 17 y 16 años respectivamente y, aunque se conocen hace poco tiempo, las une una experiencia «espantosamente dolorosa» que, sin embargo, sobrellevan con tanto valor como alegría. Y esos son, sin duda, sus tratamientos más efectivos.
La mayor fue la primera en ingresar. Hace apenas un mes –después de pasar por varios centros– en el Hospital Pediátrico Docente Juan Manuel Márquez le diagnosticaron Linfoma Hodgkin de variedad esclerosis nodular. «Desde que cayó aquí le han hecho de todo: radiografía, tomografía, biopsia, medulograma, en menos de 15 días. El trato es especial, en la sala de Miscelánea, en la de Cirugía, en esta», asegura, con la esperanza en el iris de los ojos, su mamá.
La menor padece una mola hidatiforme –trastorno del embarazo acompañado por una forma de cáncer. Tras saberlo, lo primero que preguntó fue si se le caería el pelo con las quimioterapias. «Cuando escuché el “sí” yo me derrumbé. No podía aguantar el llanto, me asusté bastante. Antes de entrar mi mamá me peló». Ella y su abuela también cortaron sus cabellos. Pensó que los tratamientos la afectarían sicológicamente, pero los médicos y enfermeros no dan tiempo a que «baje el ánimo» y evitan cualquier dolor que esté en sus manos.
La una quiere estudiar sicología, para ella, para entenderse, ayudarse. Y sí, es evidente que, en buen cubano, «le nace». Ha sabido darle ánimo a su compañera de sala cuando comenzó –como a ella– a caérsele el pelo. «Es una cosa exótica», le dice. La otra estudia enfermería. «Cuando entré ya yo sabía lo que tenían que hacerme. Y cuando lo supieron aquí me hicieron partícipe de todo». Su voluntad ante lo que hoy enfrenta, su persistencia por vivir tiene mucho de ese amor por la profesión que ansía terminar de estudiar. «En cuanto salga volveré a la carrera, a hacer guardias, a ayudar», asegura con una firmeza que nadie puede negarlo.

DESDE EL LADO DE LA BATA
También la «vocación» es lo que, en estos momentos, en el que resulta complejísimo lograr un equilibrio entre las dificultades personales y laborales, hace que los especialistas cubanos de la Salud permanezcan en sus puestos de trabajo. Esa es una certeza que defiende el doctor Andy Hernández Álvarez, especialista en oncología clínica pediátrica y jefe de ese servicio en el Juan Manuel Márquez.
«El profesional que se mantenga en pie merece respeto. Nosotros elegimos quedarnos. Creo que lo más fácil es ocuparse de los problemas que nos están afectando, pero aquellos que amamos lo que hacemos y que lo sentimos en nuestra piel no podemos dejar a los pacientes atrás. Hacerlo es muy difícil: la llegada al trabajo, el transporte, el agotamiento físico y sicológico, las horas de mal sueño».
Posponer cirugías, ampliar las listas de espera, fragmentar los servicios médicos, porque los especialistas no pueden llegar, son solo algunas de las medidas que se han debido tomar en esa institución tras el recrudecimiento del bloqueo y el cerco petrolero que presiona al país.
«¿Qué hacemos cuando tenemos que subir hasta el séptimo piso a un paciente en medio de una caída del Sistema Eléctrico Nacional? Echarlo en brazos y andar escaleras arriba. Esa es la parte que las noticias del otro lado no ponen», cuestiona Hernández Álvarez.
Ese hospital es centro de referencia nacional en servicios como neurocirugía, oncohematología, siquiatría, terapia y neonatología. Es el único servicio pediátrico que recibe a los pacientes quemados, cuenta con la sala de oncohematología más grande del país, la terapia más grande de la capital. «Somos un sostén de la pediatría».
Aunque desde afuera la oncología se mira con temor, para él no es un tema difícil. «Hay otras especialidades más complicadas –asegura. Cada profesional ve las cosas desde su perspectiva». Para entenderlo hay que tener en cuanta –dice– «que yo fui paciente oncológico pediátrico a los 13 años. Sé lo que es estar del otro lado de la bata. Y eso es lo que no se le puede olvidar a ningún médico: la empatía».
De sus propias vivencias le llegó la vocación. «Siempre quise ser médico, desde pequeño quería ser veterinario. Luego comenzó mi conciencia de las enfermedades, de todas las complicaciones y supe que quería ser médico, precisamente para ayudar a aquellos que estaban en la misma situación que yo en ese momento».
COMPROMISOS
Es ese sentido de pertenencia el que, cuando la ayuda se abre paso en tiempos de asfixia, la única palabra que describe lo que sienten los trabajadores del hospital es «alivio». Porque «no existe nada más satisfactorio que tener el medicamento. El alivio es por saber que puedes tratar, que puedes continuar, que puedes luchar y, sobre todo, que puedes hacer que tu paciente permanezca».
Así se sintieron cuando el proyecto Hatuey (Health Advocates in Truth, Unity and Empathy– Defensores de la Salud en la Verdad, la Unidad y la Empatía) trajo un donativo especial para esa esa institución.
Como metáfora de proteger la ternura de la infancia ante lo efímero de la vida, medicamentos citostáticos, antibióticos, antieméticos, material gastable…coronados por juguetes, ocupaban las mesas.
Mientras, el doctor Andy explicaba –como si fuera su vida la que salvarían las donaciones– la importancia de la llegada de esos insumos salidos de los buenos deseos y el sacrificio de muchos que aman a Cuba desde distintas geografías.
«Es una realidad que nos golpea. Estamos funcionando. No hemos detenido los servicios, pero ¿saben lo que es tener un año y no parar de vomitar por la quimioterapia, y no tener los medicamentos para detener las reacciones adversas? No estamos hablando solo de salvar, sino también de tratar y de mantener la calidad de vida del paciente. Un paciente que tolera las reacciones adversas, resiste más tratamientos y se mantiene anímicamente bien».
«Quiero que no se queden con esta información, quiero que lo compartan –les dijo. Este no es solo un acto solidario, es un acto de humanidad. Están representando cómo debería ser la humanidad».
A sus palabras, la doctora miamense Nadia Marsh, integrante del proyecto Hatuey respondió: «Ustedes nos dan las gracias, pero quiero dar a los trabajadores de salud de Cuba, las gracias a ustedes, que son una inspiración para nosotros. Estamos aquí porque sirven como ejemplo para el mundo».
«Antes de venir hablé con mis compañeros en el hospital y me dijeron que cubrirían mis responsabilidades. Ellos no son activistas, son doctores regulares, pero la mayoría de las personas en EE. UU. está en contra del bloqueo y de la estrangulación que hace el imperio».
«Mis compañeros saben lo que ustedes han hecho a nivel internacional. Es un trabajo de héroes. Eso nos da fuerza para luchar. Estamos viendo que aún con el bloqueo y la falta de recursos, lo que un pueblo puede hacer cuando piensa realmente en las personas».
La solidaridad con Cuba parece algo nuevo, pero no es una flor reciente. Retoña desde hace algunos años, a sabiendas –sus cultivadores– de que el cerco imperial no es tampoco una medida reciente.
David Paul, enfermero en San Francisco, California, se llevará, a su regreso, «un compromiso», el de «no solo facilitar nueva ayuda material que merecen y requieren, sino el de educar al pueblo en ello». Y reflexionó: «¿Qué dirán en nuestros países cuando expliquemos que el bloqueo no permite que entre lo que se necesita para la vida de nuestras familias? Estamos comprometidos a seguir en la lucha», aseguró.
El doctor Andy agradece, despide a los amigos del proyecto Hatuey. Mira su reloj. Sube las escaleras hasta el séptimo piso. Suda. Recorre los pasillos con desgastadas pinturas de dibujos animados. El hospital no está al 100 % como edificación. Hay otras prioridades. «No somos una estructura, somos un corazón vivo, latiendo», lo sabe.
Continúa su recorrido por el laberinto de pasillos y salas. Pregunta en Quimioterapia Ambulatoria por sus pacientes. Sigue. Entra a la primera sala de hospitalización, Lisnatali y Anyeli sonríen junto a sus madres, les han traído un juego de parchís, como al resto de los niños que no pueden salir. Respira, abre la puerta: su «Buenos días» parece una invitación a la vida.
Fuente: Granma
Abr
17
Más de una treintena de profesionales recibieron sus títulos que los acreditan como especialistas en primer y segundo grado en varias especialidades de la Atención Secundaria de Salud en la provincia de Las Tunas.
En esta oportunidad estos galenos del Hospital General Docente Doctor Ernesto Guevara fortalecerán más de una decena de servicios como Cirugía, Oftalmología, Ginecobstetricia, Terapia Intensiva, Anestesiología, Neumotisiología y Medicina Interna, entre otros.
Respecto a esta graduación la doctora Marianela Zapata Romero, directora de la mayor institución de salud de Las Tunas, denotó el aporte a la misión de brindar calidad en la atención al pueblo tunero.
«Es realmente de vital importancia pues están cubiertas más del 90 por ciento de las especialidades, además permite incrementar la calidad de la asistencia y la atención, tanto dentro de la institución como en la interrelación con las áreas de salud y los municipios de la provincia.
«Se consolida también la función del Hospital como unidad docente, al mantener todos los servicios abiertos a la población y vamos por mayor calidad con mejores especialistas en Neonatología y Ginecostetricia, que sostienen el Programa de Atención Materno Infantil, la Terapia Intensiva, Medicina Interna y Geriatría, entre otras».
Acotó la también Diputada a la Asamblea Nacional del Poder Popular que es trascendental que el programa quirúrgico se ha logrado nutrir de un número importante de especialidades que consolidan los estándares de salud de la población».
Singularidad de la ceremonia resultó la entrega de la condición de Profesor Consultante dentro de los servicios médicos a la Doctora Isora Magdalena Sánchez Lorenzo, cuyo legado fue reconocido por Zapata Romero «la doctora Isora abrió el Hospital hace 44 años y se mantiene activa hoy en la formación y capacitación de los profesionales del sector en una especialidad que es clave la Medicina Interna».
Entre los nuevos titulados figura el doctor Sergio Orlando Escalona González, especialista en segundo grado en Medicina Familiar, quien destacó el valor de la formación y el aporte continuo a las nuevas generaciones desde la orientación en la superación actualizada del posgrado que es esencial para los profesionales del sector.
Por su parte la rectora de la Universidad de Ciencias Médicas de Las Tunas, la doctora Enelis Reyes Reyes, distinguió esta nueva graduación que cierra el ciclo de formación de posgrado de 2024.
«La Universidad de Ciencias Médicas conduce la formación profesional de médicos, licenciados en Enfermería, Estomatólogos y Tecnólogos de Las Tunas, que hoy aporta más de 30 nuevos especialistas que benefician fundamentalmente a los Hospitales Provinciales General Docente Ernesto Guevara y Pediátrico Mártires de Las Tunas.
«Los graduados tienen nuevas metas para transformar la situación del sector, desarrollar nuevas habilidades investigativas relacionadas con la formación académica y el desarrollo científico de másteres y doctores en ciencias, pues son de una formación precedente de títulos de Oro e integrantes del Movimiento Mario Muñoz Monroy, todos méritos científicos para garantizar la sostenibilidad de los indicadores de salud del territorio».
Resaltó Reyes Reyes como fortaleza «el claustro que garantiza la formación académica en los diferentes procesos del hospital provincial, un escenario docente con una historia de alto prestigio, e insertados en los diferentes departamentos, salas y laboratorios.
«En este colectivo se destacan profesores que arriban a la edad de la jubilación y se mantienen activos en la formación de varias especialidades evaluadas de excelencia por la Junta Nacional de Acreditación mientras se espera el dictamen de las más recientes presentadas Cirugía General, Gastroenterología, Imagenología, mientras se preparan Otorrinolaringología y Endocrinología.
«Suman ya 17 especialidades en la provincia las acreditadas en diferentes categorías, una fortaleza que evidencia que el profesional que se forma tiene requisitos para asumir las exigencias sociales de dar una atención integral de salud a la población», concluyó.
14 Abril 2025 Fuente: Tiempo 21/ Noticias/ Salud
Feb
15
Entre los profesionales de la Salud que distinguen por su constante acompañamiento al paciente para aliviar los dolores figura un colectivo de profesionales de la Enfermería, del servicio de Perinatología, en el Hospital General Docente Ernesto Guevara de la Serna de Las Tunas.
Ellas realzan por su sensibilidad y humanismo, de manera cotidiana cada experiencia la viven diferente, comenta la Licenciada en Enfermería Lidney Mariño García, la jefa del servicio compuesto por cuatro cubículos con 20 pacientes y donde atienden a las gestantes más complicadas que tiene el área de la maternidad.
«Aquí recibimos pacientes de parto, provenientes de la Terapia Intensiva, de salas de Obstetricia, además de las llegan desde las áreas de salud.
«Disponemos de dos decenas de enfermeras que integran turnos de trabajo de cuatro, unido a la atención de las pacientes que se le coloca el Misofar, una tableta que se pone diario por tres días y se les da seguimiento hasta el momento que ya estén en trabajo de parto y se remiten para el salón.
«Estoy muy orgullosa de mi colectivo que se caracteriza por la unidad, hay dos representantes nuestras que brindan sus servicios fuera de frontera mientras el resto del personal nos superamos para alcanzar mejores procesos en cada turno.
«En este servicio todos los días evaluamos un tema diferente, evacuamos dudas porque a medida que pasa el tiempo los protocolos de actuación cambian y debemos estar al tanto de los procederes relacionados al Programa de Atención Materno Infantil.
Cada enfermera gana experticia en la sala de cuidados especiales maternos perinatal, manejan y leen el equipo de CTG, una labor constante según comenta Lidney «en este 2025 la exigencia es mayor, vamos a trabajar con el propósito de perfeccionar las investigaciones referentes a la profesión y su actuar asistencial en este centro de la Atención Secundaria de Salud.
«También analizamos y estudiamos a partir de revistas de referencia a nivel nacional e internacional. La estabilidad del personal distingue el servicio que cuenta con el apoyo de las áreas de salud, unido a la calidad de 19 licenciadas y una enfermera general que se gradúa este año.
«Con las embarazadas que llegan hasta aquí, aunque la mayoría son adolescentes, realizamos promoción de salud respecto a la salud sexual responsable, la lactancia materna y el cuidado de la madre y el bebé.
«Me encanta mi labor y trabajar con mis enfermeras porque todas son muy responsables a pesar de que muchas son jóvenes, es un colectivo de enfermeras del cual estoy muy orgullosa», acota Lidney.
La experiencia y alta responsabilidad en este servicio también cautivó a Lianeth Fuentes Batista con ocho años de experiencia en su profesión.
«Primeramente trabajaba en el servicio de Ginecobstetricia y ya llevo cinco años en Perinatología.
«Lo más difícil es enfrentar la gravedad de una paciente, que peligre su vida o la de su bebé, el objetivo principal aquí es cuidar de ambos.
«La enfermera es responsable del cubículo de las pacientes en proceso de pre-inducción, tenemos que llevar un ritmo en su cuidado, cada tres horas hay que ponerle CTG y vigilar el bienestar fetal y materno, por la propia evolución del embarazo y en la etapa final que es el parto ante las complicaciones que se puedan presentar».
La observación de todas las manifestaciones de la paciente y el seguimiento constante es vital en este actuar, distingue la licenciada Neyfer Esteban Nápoles, con dos años en la sala y ocho como personal de enfermería.
«Nos gusta proyectarnos por una mejor superación, tenemos un equipo médico de muy altas competencias profesionales y tratamos de estar a su mismo nivel, logramos ese binomio perfecto médico-enfermera.
«Trabajamos como un equipo multidisciplinario, ante cualquier duda contactamos con los perinatólogos y la jefa de sala, ejemplo casos de preeclampsia o pacientes que vienen de la Unidad de Cuidados Intensivos.
«En colectivo nos orientamos ante cualquier manifestación clínica para detectar cualquier alarma en la embarazada, con mayor riesgo que las ingresadas en otros servicios», subraya Esteban Nápoles.
«Somo preocupadas por el cuidado materno-infantil, y como meta nos enfocamos en que este servicio y el hospital logren resultados óptimos en la atención a la materna y su bebé, para contribuir como personal de la Salud y que las familias disfruten de la alegría de tener a una mamá y un recién nacido sanos en casa.
En Las Tunas este personal sanitario supera los tres mil profesionales, quienes humanizan los cuidados al paciente y favorecen el trabajo en equipo, bajo el legado de la precursora de la enfermería moderna Florence Nightingale.
12 Febrero 2025 Fuente: Tiempo 21/ Noticias/ Salud
