Tras casi dos años de interrupción debido a la COVID-19, el 20 de septiembre último, los servicios de trasplante del Instituto de Nefrología Dr. Abelardo Buch López recuperaron su actividad y volvieron a ser testigos de un acto inmenso de amor.

A sus 53 años de edad, Marleni Alluis Pérez afirma sentirse feliz y orgullosa de poder cambiarle la vida a su sobrino Leosvany Pérez Alluis, de 40 años. Gracias a su buen estado de salud y al compartir el mismo grupo sanguíneo, ella era la única de la familia que podía donarle el riñón que necesitaba.

Esa era una decisión tomada desde el primer momento: “Si existe posibilidad de trasplante, usted tiene mi riñón” –le dijo. “Él es mi sobrino mayor, todos lo queremos mucho y nos llevamos muy bien. El apoyo de la familia fue incondicional y estamos muy contentos y agradecidos con los médicos por hacerlo posible», expresó.

Cuando los especialistas conectaron el órgano a su nuevo dueño funcionó de inmediato y Leosvany, luego de tres años de tratamientos en el Hospital Faustino Pérez, de Matanzas, y de ver frustrada la posibilidad de esa cirugía por la pandemia, sintió como si le dieran una nueva vida.

“Las sesiones de hemodiálisis son muy fuertes y dependes de ellas”, comentó, y aseguró que este es un nuevo comienzo con el que tiene la oportunidad de reincorporarse a la sociedad, de seguir aportando y cuidando a sus hijos.

Con 72 años, luego de casi cinco décadas vinculadas a la Urología y al equipo de trasplantes del centro, al doctor Pedro Raidel Reyes Arencibia no deja de sorprenderle el humanismo de quienes donan sus órganos.

El profesor auxiliar y especialista de Segundo grado en Urología y Máster en Longevidad Satisfactoria manifestó su admiración principalmente por los donantes vivos. «Hay que tener valentía, porque son personas sanas», agregó.

Desde su experiencia señaló que realizar la operación implica mucha tensión y extremo cuidado. «La cirugía es muy estresante, pues no es lo mismo operar un enfermo al que antes se le detallan los éxitos y las complicaciones, pero en este caso se habla de posibles limitaciones a futuro, de ahí el profundo sentido humano», afirmó.

Para el Instituto de Nefrología, centro rector de la especialidad en el país, este fue el primer trasplante renal efectuado después de que en diciembre de 2020 sus servicios se vieran interrumpidos por las restricciones que ocasionó la COVID-19.

En estos momentos, señaló el doctor Guillermo Guerra Bustillo, director del Instituto, están retomando la actividad a partir de los donantes vivos, fundamentalmente entre parientes, lo que demuestra el valor de la familia.

Como Leosvany, en Cuba existen más de tres mil personas con enfermedad renal crónica en etapa de hemodiálisis, aunque muy pocos están aptos para trasplantes, acotó el doctor Christian Leyva de la Torre, jefe del servicio de trasplantes en el Instituto de Nefrología.

El profesor auxiliar, especialista de Primer grado en Nefrología y de Segundo grado en Medicina Interna, precisó que cada centro de hemodiálisis reporta los pacientes para incluirlos en la base de datos a escala nacional y para el trasplante se tiene en cuenta primero a los niños y luego los adultos.

Detalló el también Máster en Farmacoepidemiología que el proceder se realiza, en el caso de un donante cadavérico, dependiendo de la compatibilidad, el tiempo de espera en hemodiálisis y el peso corporal.

Las personas que donan deben mantener el seguimiento anual y se priorizan en caso de requerir con posterioridad un trasplante, aunque pueden llevar una vida normal, sin que la donación represente un riesgo mayor de padecer enfermedad renal crónica; no obstante, eso pudiera cambiar si adquieren padecimientos que dañan el riñón, aclaró.

Si una persona recibe un órgano, continúa el chequeo constante, pues no quiere decir que se curó, sino que se mantiene como enfermo renal crónico, lo que con una mejor función renal y ello le permite tener mayor calidad de vida, puntualizaron los especialistas.

Antes de la epidemia, la referida institución médica era una de las que más trasplantes hacía en Cuba, con un promedio entre 30 y 50 al año, de ellos el 25 por ciento de donante vivo, ritmo que sus profesionales aspiran a retomar a pesar de las limitaciones en la adquisición de los insumos necesarios.

En la nación existen nueve centros dedicados a la actividad y en La Habana se realizan también en el Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas y en los hospitales Clínico Quirúrgico Hermanos Ameijeiras, el Militar Central Dr. Luis Díaz Soto y el Pediátrico Docente de Centro Habana.

octubre 21/2022 (Cuba Si)

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