En estos momentos se está desarrollando una historia en todo el Caribe que debería quitarle el sueño a todos los ministros de salud africanos, y casi nadie en este continente le está prestando atención.

Pero empecemos por Gambia, porque ahí es donde la historia cobra sentido. En junio de 1996, el líder cubano Fidel Castro envió a treinta y ocho trabajadores sanitarios cubanos a uno de los países más pequeños y con menos recursos del continente. Sin alardes. Sin cámaras de la CNN. Simplemente llegaron y empezaron a trabajar. Treinta años después, la administración de Barrow da la bienvenida a 260 más para dotar de personal a 23 nuevas clínicas en todo el país. Y en algún punto de ese lapso entre 38 y 260, entre 1996 y 2026, ocurrió algo extraordinario que la industria del desarrollo global nunca ha sabido cómo clasificar, porque no encaja con la narrativa que les gusta contar sobre África.

No fue ayuda humanitaria. No fue caridad. Fueron dos países del Sur Global que decidieron que se necesitaban mutuamente y lograron que esa relación funcionara durante tres décadas.

He estado pensando en por qué esta alianza no recibe más atención, y creo que es porque resulta inconveniente. Complica la idea de que los países pobres necesitan instituciones occidentales para funcionar. Gambia se convirtió en una de las primeras naciones africanas en implementar el Programa Integrado de Salud en 1999, una descentralización total de la atención primaria que convirtió a la Brigada Médica Cubana en la columna vertebral del personal médico del país. Esto no sucedió gracias al FMI, a USAID ni a una cumbre del G7, sino gracias a un acuerdo bilateral entre Banjul y La Habana.

Y luego está la Operación Milagro, la iniciativa quirúrgica especializada que devolvió la vista a miles de gambianos. O la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud Afines, donde estudiantes gambianos se están formando para convertirse en la próxima generación de médicos en su propio país. Estos son logros estructurales. El tipo de cosas que se construyen a lo largo de décadas.

Estados Unidos, y en concreto el Departamento de Estado de Rubio, ha presionado sistemáticamente durante el último año a los gobiernos para que rompan sus acuerdos con las brigadas médicas cubanas. Han revocado visados ​​a funcionarios brasileños, africanos y caribeños cuyo único delito fue mantener acuerdos de colaboración en materia de salud con Cuba. Han enviado memorandos internos «confidenciales» que detallan estrategias para desmantelar el programa médico internacional de Cuba país por país. Guatemala se dio por vencida. Honduras se dio por vencida. Jamaica, que recibió 50 años de solidaridad médica cubana, donde médicos cubanos atendieron partos, devolvieron la vista y realizaron decenas de miles de cirugías, está poniendo fin a todo esto.

La justificación oficial es el “trabajo forzoso”. Y miren, la economía interna de cómo Cuba compensa a sus médicos en el extranjero es un asunto interno, pero un médico con el que hablé me ​​dijo que “es una forma de devolverle algo a mi país después de haber estudiado medicina gratis”. También me comentó que los médicos sienten orgullo de representar a su nación en el extranjero de manera positiva.

Pero seamos honestos sobre lo que realmente es esta campaña. El programa de exportación de suministros médicos de Cuba es una de las últimas fuentes importantes de ingresos que evitan el colapso total de la economía de la isla, especialmente después de que Washington impusiera un bloqueo petrolero total en enero de este año. Interrumpir esos ingresos no es una iniciativa en defensa de los derechos laborales. Es una guerra económica, y los pacientes de las zonas rurales de Guatemala y Kingston, Jamaica, son las víctimas colaterales.

Algunos países se han negado. Trinidad y Tobago, en esencia, mandó a Washington a paseo y le dijo que prefería perder los privilegios de visado estadounidenses antes que abandonar la atención médica de la que depende su población. Eso requirió valentía. El tipo de valentía institucional que surge de creer realmente en la propia soberanía, no solo de ejercerla.

Tras 30 años de experiencia sobre el terreno, podemos extraer tres lecciones. La primera es que la atención primaria no es glamurosa, y ese es precisamente el quid de la cuestión. El modelo cubano se basa en clínicas comunitarias, medicina preventiva y médicos integrados en los lugares donde vive la gente. África tiene demasiados hospitales de lujo que atienden a la clase media urbana y muy pocos centros de salud rurales que funcionen correctamente. El modelo cubano invierte esta situación.

En segundo lugar, el objetivo de cualquier alianza externa debe ser volverse innecesaria. Lo más importante en esta relación Cuba-Gambia no son los 260 médicos que llegan este año, sino los estudiantes gambianos de SMAHS, quienes no los necesitarán dentro de veinte años. La dependencia no se resuelve con mejores socios, sino desarrollando la propia capacidad hasta que los socios se conviertan en colegas.

En tercer lugar, la solidaridad necesita ser defendida como cualquier activo estratégico. Lo ocurrido en Jamaica no sucedió de la noche a la mañana. Fue resultado de una presión diplomática constante, amenazas de visado y una narrativa cuidadosamente construida que presentó a los médicos como explotadores. Los gobiernos africanos y la Unión Africana necesitan marcos sólidos que protejan los acuerdos de cooperación Sur-Sur precisamente de este tipo de injerencia de terceros.

Hace treinta años, 38 personas bajaron de un avión en Banjul y se fueron a trabajar. No querían hacer ninguna declaración. Simplemente estaban haciendo su trabajo.

Pero al final resultó ser una declaración sobre lo que es posible cuando dos pequeñas naciones del Sur Global deciden tomarse en serio mutuamente. Sobre cómo es la atención médica cuando se basa en la necesidad y no en el lucro. Sobre el tipo de solidaridad que perdura más allá de los ciclos electorales, las modas geopolíticas y la presión de los países poderosos que preferirían que dependiéramos de ellos.

El Caribe está siendo desmantelado en estos momentos. Alianza tras alianza, clínica tras clínica. Y el argumento que se esgrime —implícitamente, mediante la revocación de visados ​​y la presión diplomática— es que los países en desarrollo no pueden elegir a sus propios socios en materia de salud sin consecuencias.

La respuesta de África a ese argumento se está escribiendo en Banjul. En 23 nuevas clínicas. En 260 médicos que se presentaron.

Fuente: Trabajadores

La Habana, 26 abr (ACN) La brigada médica de Cuba en Guatemala suma hoy nuevos reconocimientos con los recibidos por tanta entrega durante casi 28 años en los municipios Sayaxché y Poptún del norteño departamento de Petén.

En emotivo acto en el primero de ellos, el representante del Consejo Comunitario de Desarrollo (Cocode) de la región central, René de la Cruz, calificó de honor poder participar para trasmitir un sincero agradecimiento a los galenos de la isla caribeña, reporta Prensa Latina desde Ciudad de Guatemala.

Un vecino, el cantautor Evaristo Carmenate, subrayó primero la asistencia de quienes aman el trabajo arduo de los profesionales de bata blanca antillanos y reseñó aspectos de la historia desde que iniciara la colaboración en esa demarcación en el lejano 1998.

Tras el azote del potente huracán Mitch en la región, detalló, comenzaron a brindar servicios de salud para las comunidades, e incluso, tenían un lanchero que los trasladaba, en una época en que había muchos casos de malaria.

Luego viajaron en moto largas distancias hasta donde pobladores necesitados en medio de la selva, en lugares con jaguares y una fauna diversa, describió. La gente con el tiempo –aseguró- se acostumbró a tener un médico cerca y sobrevinieron los reclamos de otras partes.

La vicepresidenta del Cocode de segundo nivel, Ana Cecilia Girón, expuso que los cubanos cruzaron el mar con la misión de salvar vidas y llegaron hasta los rincones más lejanos también a caballo, a pie.

Laboraron duro por nuestros hermanos en el municipio, mejoraron los índices de salud y se ganaron el corazón de Las Pozas, Tierra Blanca, La Reinita, El Nacimiento, Nueva Esperanza, Mario Méndez, entre otras, remarcó.

En el hospital trabajaron y siguen sin descanso para tratar todos los casos, aseveró, mientras consideró destacado y valioso el aporte en beneficio del pueblo, entre este mujeres y niños que querían participar del homenaje.

No tenemos cómo pagar tanta paciencia, cariño, buen trato, sonrisas y alegría, solo nos queda pedir que sus vidas estén colmadas de abundantes bendiciones, enfatizó Girón.

Pueden decir misión cumplida, salvaron vidas, cambiaron algunas, dejaron una huella imborrable en el municipio, se quedan por siempre con nosotros, en la historia de Sayaxché, afirmó la autoridad.

La dirección departamental de Redes Integradas de Servicios de Salud de Petén, Área Sur Occidente, destacó, por otra parte, la vocación de los médicos de Cuba.

La Municipalidad de Poptún entregó asimismo un reconocimiento especial a los galenos de la isla, en agradecimiento por su dedicación, compromiso y valioso servicio brindado.

El alcalde Obdulio Pinto envió su gratitud a Cuba por esta colaboración y confesó que no hay palabras para reflejar el esfuerzo en salvar vidas. Pusieron no un granito de arena, sino un piedra grande en nuestra gente, puntualizó.

Fuente: A

abril 28, 2026 | Mirta Nuñez Gudás | Filed under: Colaboración, Cuba, De la prensa cubana, Guatemala, Instituto Finlay de Vacunas (IFV), Solidaridad | Etiquetas: , |

La Habana, 17 abr (ACN) Para reforzar la atención de niños con síntomas respiratorios agudos, 50 concentradores de oxígeno, de un total de cien, son distribuidos actualmente en centros de salud de siete provincias de Cuba, como parte del apoyo del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) para fortalecer el sistema de Salud Pública, en particular el Programa de Atención Materno-Infantil.

Según información del organismo, los primeros cincuenta concentradores ya fueron trasladados a los territorios de La Habana, Villa Clara, Sancti Spíritus, Ciego de Ávila, Las Tunas, Granma y Santiago de Cuba.

El resto se distribuirá en los próximos días a las demás provincias junto con componentes de repuesto, entre los que se incluyen sensores y ventiladores, en una entrega con la que se benefician los servicios de urgencia de la red de hospitales maternos y pediátricos del país.

La crisis energética (provocada por la escalada hostil aplicada por la actual administración estadounidense) dificulta la atención en salud y pone en riesgo a los bebés, niños y niñas que requieren el acceso a oxígeno, expresó Sunny Guidotti, representante en función de Unicef en Cuba.

Guidotti aseguró que en este contexto Unicef mantiene su compromiso con la salud materna e infantil, y añadió que cada insumo, medicamento o equipamiento que llega al país para una institución hospitalaria es una oportunidad para mejorar los servicios de salud y salvar vidas, como es el caso de estos concentradores.

Raimel Milán, especialista del Área de Gases Medicinales del Centro Nacional de Electromedicina, indicó que los equipos recibidos pueden ser usados tanto en instituciones hospitalarias como en el hogar de un paciente, por su fácil maniobrabilidad.

Aunque sus prestaciones no sustituyen a un botellón de oxígeno, son factibles ante una urgencia médica, puntualizó.

Estos implementos, de acuerdo con la información, tienen una capacidad de 10 litros por segundo, óptimo para los tratamientos más demandados por los pacientes que lo requieran.

A lo interno poseen un compresor con una unidad de filtraje, una tarjeta de control con sensores, que purifican el aire y ofrecen la concentración requerida, precisó Milán.

Fuente: ACN