Desde hace dos años, en Sinaloa trabajan 80 médicos cubanos y desarrollan sus actividades en las zonas “más difíciles”, a las que “nadie quiere ir” por la lejanía de las comunidades y por la inseguridad, afirmó Julio César Quintero, coordinador de IMSS-Bienestar en la entidad.

La mayoría son médicos familiares asignados a centros de salud y, aunque tienen la mejor disposición y la gente los quiere, con frecuencia se tienen que cambiar a algún hospital por el cierre de la unidad de salud “cuando se agudizan los conflictos y aumenta el riesgo por la violencia”.

Así pasa con frecuencia en Badiraguato, San Ignacio, Tamiapa y Choix, entre otros municipios de la sierra, comentó el funcionario.

Quintero admitió que incluso los cubanos sabían del riesgo y tenían temor, pero ahora es común escucharles decir que ya no se quieren ir.

“Sí, hay problemas, pero la población los adopta; tienen buena relación porque, además, los doctores son empáticos con las personas y los problemas de salud que enfrentan. Tienen muy buen trato con los pacientes y sus familias”.

Durante la visita que realizó La Jornada a la entidad había entre 10 y 15 médicos cubanos que se vieron obligados a dejar los centros de salud porque fueron cerrados. “Una vez que se reabran, se les regresa”, indicó Quintero.

Entre los especialistas también están un nefrólogo, un médico internista y un traumatólogo que de igual forma contribuyen con la prestación de servicios de salud en el estado.

Aunque Sinaloa registra un buen nivel de bienestar en su población, también enfrenta desafíos en el acceso a los servicios médicos en lugares como El Carrizo, municipio de Ahome, donde hay un hospital que se construyó en 2020 pero no se ha podido contratar personal médico y servicios como cirugía general no se pueden ofrecer a los pacientes.

Algo similar ocurre en Villa Juárez, municipio de Navolato, donde viven alrededor de 45 mil personas, la mayoría migrantes y con problemas complejos por el consumo nocivo de alcohol y adicciones.

En el lugar hay un centro de salud, pero se necesita un hospital y hay un proyecto que ya conoce la presidenta Claudia Sheinbaum. Se planea construir un nosocomio integral con 12 camas y las especialidades básicas: medicina interna, ginecología, pediatría y cirugía general.

Fuente: Cubadebate

En el Día de la Enfermería, Granma se acerca a la labor de dos mujeres que son un canto a la solidaridad y al humanismo de la enfermería cubana

Con alguna estrella llamada Piedad deben haber nacido aquellas personas que llevan un fonendoscopio a cuestas y calientan el lecho de algún enfermo, si es que en verdad hay estrellas designadas al nacer.

En caso de que no sea cierto –eso de las estrellas– habría que adjudicar a la trillada del destino (hecho por uno o no) el mayor mérito. Pero como sabemos que vestir bata blanca es vocación, mejor que sean ellas las que cuenten.

Tiene 26 años de graduada como licenciada en enfermería, pero antes de llegar a ese camino, Yurizán Betancourt Curbelo soñaba con aguas de piscina y movimientos sincronizados. Luego estudió en el preuniversitario vocacional, en Holguín, «y ya me dirigí a ser enfermera porque me gustaba la cofia, el uniforme».

No fue un camino recto. Apenas con 18 años, recién graduada, entró a trabajar en terapia intensiva en la sala de pediatría, luego en neonatología. «Era mi primera experiencia como trabajadora. Todo era nuevo: la incisión del cordón, las vacunas, escuchar el primer llanto… La responsabilidad era mucha».

Pero lo suyo, confiesa, siempre fueron los cuidados intensivos. «Me llena de satisfacción ver que un paciente, que está grave, se rehabilite con mis cuidados».

Yurizán también pertenece a la brigada Henry Reeve, y explica que, en 2019, durante la pandemia de covid-19, su primera misión fue en México: «llegas con miedo a un país en el que los hospitales estaban saturados, la población con temor. Pero sentí fuerza para ayudar, para salvar vidas. Esa era mi premisa».

Luego, en 2021, partió para Venezuela, y permaneció cuatro años y medio. Allí fue enfermera intensivista, luego asesora nacional en uno de los estados y finalmente jefa de enfermeras en el Centro Integral de Alta Tecnología Salvador Allende, en Caracas.

Dice que ser enfermera es una profesión «muy sacrificada y muy humana. Ponemos la cofia en alto porque somos la mano derecha del médico y nos quedamos 24 horas al lado del paciente».

En cambio, la historia de Ruth Monier Morales en esta profesión empieza por una figura inspiradora debido a los muchos hospitales que visitó de niña: «en ese entonces veía a la enfermera como la figura insigne: la que hacía el chiste, la que te sonreía y la que te inyectaba. Entonces dije que iba a serlo también».

Y así fue. Se graduó en 1997, «en pleno periodo especial, entre apagones, dificultades para llegar a los laboratorios…, pero nos graduamos».

Su profesión transcurrió en el Instituto de Neurología, luego en cirugía y por último en Atención Primaria de Salud, que según comenta, es «lo mejor que pudo haberme pasado porque me enamoré del consultorio».

Ruth también recuerda con nitidez sus años en Venezuela, como parte de una misión internacionalista. Dice que en el lugar que estaban, «un lugar con bastante oposición, nos hicieron guerras de todo tipo. No nos ayudaban, no nos ponían oxígeno. Pero vimos personas de 70 y 75 años que nunca habían visto un médico y entendimos el porqué estábamos ahí».

Ruth y Yurizán son asesoras nacionales de Enfermería en el Ministerio de Salud Pública. Y aunque disfrutan liderar, lo que las define es su esencia de enfermera.

«Mi esposo dice que soy enfermera 24 horas. Tiendo la cama como enfermera, almuerzo como enfermera, vivo como enfermera. Y en el barrio, sigo siendo la enfermera de todos. Por eso, solo rectificaría una cosa: tener más pacientes», confiesa Ruth.

Y Yurizán remata: «Es una labor muy sacrificada. Hay que reconocerlo en el mundo».  Así es. Reconocido queda.

Fuente: Granma

mayo 13, 2026 | Mirta Nuñez Gudás | Filed under: Brigada Henry Reeve, Colaboración, Cuba, De la prensa cubana, Enfermería, Terapia intensiva |
Una delegación del Ministerio de Salud Pública de Cuba desarrolló una visita de trabajo a Brasil, donde tuvo encuentros con autoridades anfitrionas y organismos internacionales para ampliar la cooperación que existe hoy en este sector.

Según publicaciones en la red social X del embajador de la isla caribeña en el país sudamericano, Víctor Cairo, la agenda incluyó una reunión con el ministro brasileño de Salud, Alexandre Padilha.

Durante ese encuentro, precisó el diplomático, la parte cubana actualizó al titular acerca del negativo impacto del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos, al cual calificó de genocida.

También, agradeció los donativos de medicamentos realizados por el Gobierno brasileño a Cuba, víctima en la actualidad de un cerco energético norteamericano.

Cairo informó en la misma plataforma de microblogging sobre un diálogo con la representación de la Organización Panamericana de la Salud en Brasil.

Asimismo, se refirió a una “fructífera reunión del Comité Gestor Binacional Brasil-Cuba de Ciencia, Tecnología e Innovación y del Complejo Económico Industrial de la Salud”.

Ese encuentro, expuso, contribuyó a la profundización de las relaciones bilaterales entre ambos países.

Fuentes oficiales reconocen que la cooperación bilateral en el ámbito sanitario tiene antecedentes significativos, que incluyen la labor de profesionales cubanos en Brasil y acciones a favor de garantizar acceso a medicamentos y tecnologías.

Fuente: Prensa Latina

mayo 4, 2026 | Mirta Nuñez Gudás | Filed under: Bloqueo, Ciencia y Tecnología, Colaboración, Cuba, De la prensa cubana | Etiquetas: |