Las Tunas, 7 abr (ACN) El colectivo del hospital provincial Doctor Ernesto Guevara, de Las Tunas, asume el reto de continuar enfrentando con éxito las situaciones más complejas e inesperadas en momentos en que la población lo requiere para conservar su salud.

Para ello, la principal institución sanitaria de este territorio oriental cuenta con gran fortaleza en sus trabajadores, que se sobreponen a dificultades en el contexto actual, impuesto por el gobierno de Estados Unidos a Cuba, mediante el recrudecimiento del cerco económico, financiero y comercial.

La experiencia de estos años nos ha permitido prepararnos para enfrentar cualquier contingencia y enfocarnos a la aplicación del método clínico para el uso racional de los medios de diagnósticos, precisó la página web del periódico 26.

Además, se ha fortalecido la interrelación entre la atención primaria de salud y la atención secundaria como forma de mejorar la gestión y los distintos indicadores.

Se ejemplifica que en una ocasión en el hospital se vivió una dura prueba, pues con pacientes ventilados y niños críticos en la neonatología, permanecieron 40 minutos sin electricidad, con problemas en el sistema electroenergético nacional, en la línea de protección y en los dos grupos electrógenos.

Al enfrentar esa seria realidad no hubo estrés y todos los trabajadores se concentraron en sus funciones y pusieron en práctica lo que habían aprendido con anterioridad para enfrentar situaciones de contingencia.

Ante la comprensión de la importancia social de este centro y que su personal tiene las mismas carencias del resto de la población, Ómnibus Nacionales, en coordinación con Gobierno, aprobó la circulación de un transporte exclusivo para el personal sanitario, con recogida en distintos puntos a partir de las 6:30 a. m. y retorno en horas de  la tarde.

Fuente: ACN

Durante nueve años, la familia de Neisy García Molina y Reinier Rodríguez Rodríguez ha debido lidiar con la enfermedad de su pequeño y el dolor de verlo encamado, para lo cual han tenido que sobreponerse a muchas adversidades y preocupaciones

Siete meses tenía el pequeño Reyland Rolando Rodríguez García, cuando un equipo de especialistas del hospital infantil José Luis Miranda, de Villa Clara, le diagnosticó una atrofia muscular espinal. Lo que al principio parecía ser un simple retraso en el desarrollo, terminó siendo una enfermedad neuromuscular degenerativa, que debilita de manera progresiva los músculos, incluidos los que tienen que ver con la respiración.

La noticia provocó una lógica tristeza en la familia que tanto había esperado la llegada del niño. La primera gran conmoción ocurrió a los diecisiete meses, cuando se le presentó una crisis, que terminó en la dependencia permanente del ventilador mecánico, situación mantenida hasta nuestros días.

Durante nueve años, la familia de Neisy García Molina y Reinier Rodríguez Rodríguez ha debido lidiar con la enfermedad de su pequeño y el dolor de verlo encamado, para lo cual han tenido que sobreponerse a muchas adversidades y preocupaciones.

«Los primeros tiempos fueron los más difíciles. Yo, al igual que mi esposo éramos muy jóvenes, y en verdad no estábamos muy preparados para enfrentar un reto tan grande y devastador», reconoce la madre, quien durante cinco años debió dejar de trabajar para dedicarse a la atención de su hijo.

«Todo era nuevo para nosotros. Tras un largo periodo de hospitalización, los médicos decidieron que el niño podía ir a casa, siempre y cuando tuviera allí todas las condiciones para su supervivencia. Fue así que tuvimos que aprender sobre la marcha a lidiar con el padecimiento y a manejar los equipos que nos asignaron, para lo cual siempre conté con el apoyo incondicional de mi familia», nos dice Neisy.

«En todo este periodo, no sé qué hubiera sido de nosotros y del niño sin la ayuda de mi mamá Antonia y de mi papá Hugo, que han estado todo el tiempo para nosotros en estos casi diez años de enfermedad de nuestro Reyland», reconoce Neisy, quien junto a su esposo, forma parte de las fuerzas del Ministerio del Interior en Villa Clara.

Mientras mira a su hijo respirar mediante el ventilador mecánico, con la ternura que solo puede venir de una madre protectora, sabe que cada sacrificio, cada gesto y cada acción que realiza en bien de su pequeño, ha valido la pena.

Como mujer agradecida, la joven mamá tiene palabras de elogio y gratitud hacia muchas personas e instituciones, entre ellas Julio Lima Corzo, entonces primer secretario del Partido en el territorio, y Gustavo Pérez Bermúdez, vicepresidente del Gobierno, quienes le gestionaron un pequeño panel solar que garantizaba la electricidad unas siete horas, el que luego fue sustituido por una planta, también insuficiente, en especial, en momentos de situaciones climatológicas adversas.

También menciona la ayuda del Minint, que le asignó una nueva casa, mucho más grande y confortable que la anterior, donde residían, casi en situación de hacinamiento, diez personas en solo dos cuartos.

A ello se ha unido ahora la entrega de una nueva estación de carga, capaz de garantizar los servicios básicos que demanda el infante.

Antonia, la abuela y reconocida profesora de Historia, no tiene palabras para expresar el agradecimiento que siente la familia por esta ayuda. «Sabemos el esfuerzo del país, en medio de las difíciles circunstancias actuales, para que todos los niños en situaciones como la nuestra puedan seguir viviendo. Eso no tiene precio», reconoce con lágrimas en los ojos la mamá de Neisy.

Nada hay más importante que la sonrisa de un niño

Quisieron apagarles la luz, y con ello pudieran hasta haberles privado la vida, pero la voluntad de un pueblo, que prioriza por encima de todo y a pesar de las múltiples carencias, la salud de sus niños, encontró la manera de mantenerles la sonrisa y la de su familia.

Cuba nunca se hubiera perdonado que uno solo de los 76 infantes que padecen enfermedades crónicas, hubiese fallecido por no contar con la energía necesaria para hacer funcionar los equipos de ventilación o de clima, que ellos demandan de manera permanente para subsistir.

¿Cómo pudiera explicársele a una madre, un padre, un abuelo o a un hermano, que su ser querido no podía continuar viviendo porque una potencia extranjera privó al país del combustible necesario para mantener la vitalidad de sus servicios más esenciales?

¿Cómo decirles, que su niño ya no sería el centro de todo en la familia, que su sonrisa se apagaría para siempre, a pesar de contar con todos los recursos necesarios para su subsistencia, menos la electricidad? De igual manera, pudiera pensarse en el dolor que provocaría a las enfermeras y a los médicos que durante años han atendido a esos niños, y los tienen como su propia familia.

Para que nada de eso ocurra, el Estado cubano, con la ayuda de varios países amigos, ha realizado un esfuerzo descomunal para, en tiempo récord, importar y colocar en el hogar de esos infantes una estación de carga portátil, con la cual se garantiza la prolongación de su vida.

Se trata de niños que sufren enfermedades tan graves como la distrofia muscular, el síndrome de West y el de Lennox-Gastaut, bronquiectasia, epilepsia refractaria de difícil control, miocardiopatía hipertrófica, malformaciones congénitas y cerebrales, estenosis subglótica, enfermedad pulmonar intersticial, entre otros padecimientos que los hacen dependientes de ventiladores pulmonares u otros equipos especializados.

Todas las provincias del país, excepto Guantánamo y el municipio especial Isla de la Juventud, donde no hay niños con estas características, fueron beneficiadas con esa moderna tecnología, entregada de manera gratuita a esas familias, quienes ahora tienen mayor seguridad para la sobrevivencia de sus seres queridos, ante la inestabilidad que sufre el Sistema Eléctrico Nacional.

Por territorios, Villa Clara resultó el de más estaciones de carga entregadas (17, a igual cantidad de familias), seguido por Holguín, que recibió 11, y Granma y Santiago de Cuba, que se beneficiaron con ocho.

Fuente: Granma

Con la satisfacción del deber cumplido: culmina etapa histórica de la brigada médica cubana en esa Isla del Caribe

«Estamos de regreso en la Patria, con la satisfacción de haber cumplido con nuestro objetivo en ese país, y con el cariño de ese pueblo que nos despidió con el corazón», afirmó Dayna Rosa González, enfermera intensivista que integró la brigada médica en Jamaica, tras el arribo a La Habana este viernes del último grupo de colaboradores que prestó sus servicios en esa isla caribeña.

Durante el recibimiento realizado en la terminal 5 del aeropuerto internacional José Martí, la doctora Carilda Peña García, viceministra de Salud Pública de la Isla, significó que la obra de la brigada médica en Jamaica es un testimonio de la esperanza, gratitud y compromiso entre ambos pueblos. «La población más humilde en Jamaica agradece el trato amable, humano y la profesionalidad demostrada por cada uno de los miembros de la brigada. Eso nadie nos lo podrá quitar», sentenció.

Su trabajo, dijo, perdurará en el corazón de ese pueblo agradecido «y pesará en la conciencia de los gobiernos que privan hoy a su país de esos elementales servicios».

Ratificó que su regreso se debe la decisión unilateral del gobierno de Jamaica poner fin al acuerdo de cooperación en materia de salud, ante la cual Cuba decidió proceder al regreso de los profesionales que integraban la brigada en la actualidad.

Por su parte, la doctora Niordalis Liliam Llanes Hidalgo, al tomar la palabra en nombre de la brigada, expresó que por 50 años profesionales cubanos prestaron atención médica de alto nivel en instituciones de todo el país. «En los lugares más intrincados de la geografía jamaicana, en instituciones nacionales donde se requería alto nivel profesional y de lo cual existe una gran carencia de recursos humanos», señaló.

Allí, significó, cubrimos especialidades muy difíciles de encontrar, como anatomía patológica, reumatología, cirugía, obstetricia y ginecología, nefrología, imagenología, entre otras.

Yolepsys Valle Legón, licenciada en Enfermería, resaltó: «Fue asombroso ver cómo el pueblo de Jamaica nos despedía, brindándonos muestras de cariño y gratitud, y reconociendo la labor desarrollada durante 50 años por la misión médica cubana en esa hermana nación».

«Hoy nos ponemos nuevamente al servicio de la patria para las tareas que enfrentaremos en el futuro», aseguró.

Con el retorno del último grupo de profesionales sanitarios, concluye una etapa de medio siglo de colaboración en Jamaica, donde los profesionales de la salud cubanos dejaron una huella imborrable de solidaridad y humanismo. La experiencia acumulada y el reconocimiento del pueblo jamaicano constituyen ahora el mejor aval para los nuevos desafíos que asumirán estos colaboradores en su tierra natal.

Fuente: Granma