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La Guazuma ulmifolia, conocida en Cuba como guásima o guásima de caballo, es, según Roig, el árbol más ampliamente distribuido en toda la isla, hallándose en todas las localidades, en terrenos yermos y cultivados, así como en las faldas de las colinas y en los bosques bajos y de mediana elevación.
Es nativo de América tropical y está presente en otros países de nuestra región. Con respecto a su nombre común, el término proviene de la voz taína “guasuma».
La guásima tiene documentados varios usos tradicionales para la raíz, la corteza, las hojas, los frutos y el mucílago. Se plantea que la corteza de la raíz se emplea contra hemorroides y disentería.
El cocimiento de la corteza se utiliza tópicamente para tratar afecciones de piel y mucosas como estomatitis, lepra, piodermitis y quemaduras; también en fracturas e inflamaciones, malaria, elefantiasis y enfermedades respiratorias, entre otras.
Las hojas se emplean para tratar afecciones del hígado y los riñones, el asma bronquial, las bronquitis, la fiebre y la gonorrea.
El cocimiento de los frutos se aprovecha para combatir cuadros diarreicos, resfriados y problemas renales.
Finalmente, el mucílago se usa en quemaduras provocadas por el guao, hemorroides, contusiones y golpes, al igual que como diurético y antigripal.
La tercera edición de la Farmacopea Vegetal Caribeña recomienda el empleo de esta especie contra esguinces y traumatismos, gripe, resfriado y tos.
Las formas de preparación descritas son las siguientes:
Contra esguinces o traumatismos: para ello se debe lavar adecuadamente la corteza o las hojas, se machaca el material vegetal y se aplica en cantidad suficiente para cubrir el área afectada, cuatro veces al día.
Contra gripe, resfriado o tos: se prepara una decocción con dos cucharadas y media de hojas marchitas para un litro de agua. Esta mezcla se deja hervir durante diez minutos en recipiente tapado y luego se refresca, se filtra y se beben tres o cuatro tazas en el día.
Otra aplicación bien interesante de la guásima es a partir de su efecto antialopécico. Está documentado que las procianidinas, principios activos presentes en esta especie, promueven el crecimiento del cabello.
En estudios con animales de laboratorio, varios de estos compuestos han demostrado que favorecen el crecimiento y el diámetro del cabello, así como su regeneración.
En 2003, se presentó una patente estadounidense sobre un agente para el crecimiento del cabello, el cual contenía varias procianidinas.
Otras áreas de interés desde la investigación moderna, según un artículo publicado en 2021 en la revista Medicinal & Aromatic Plants, han sido la evaluación de la guásima como antitumoral y citotóxica, hipotensora, antibacteriana y antiviral, antioxidante, hipoglicemiante y antiinflamatoria.
De esta forma, se validan algunos usos tradicionales documentados y se abren nuevas líneas de interés para el desarrollo de productos naturales novedosos derivados de esta especie.
Al parecer, el uso de la guásima es bastante seguro, aunque se deben respetar las dosis recomendadas ya que la ingestión de grandes cantidades de sus diferentes partes puede provocar náuseas y vómitos.
Igual, no se dispone de datos que respalden su uso medicinal durante la lactancia o en niños menores de 12 años.
Con relación al embarazo, sí está documentado que en modelos animales la planta puede estimular las contracciones uterinas, por lo que se contraindica su uso en estos casos ante el riesgo de aborto o parto pretérmino.
La guásima, un árbol muy común en los campos de Cuba, no solo tiene bien documentados sus usos tradicionales, sino que la investigación científica ha podido validar algunos de ellos.
Puede decirse que en la actualidad continúa el interés por la especie y se generan nuevas evidencias a su favor, por lo que, sin dudas, sigue siendo una planta medicinal de utilidad para el cuidado de nuestra salud… ¡desde lo natural!
6 Enero 2026 Fuente: Cubadebate/ Noticias/ Desde lo natural
