Holguín, 11 mar (ACN) Con la incorporación de estudiantes de Medicina a las labores del médico y la enfermera de la familia, la provincia de Holguín refuerza la atención primaria de salud en medio de la contingencia energética que atraviesa actualmente el país.

La decisión responde a los reajustes orientados a continuar los procesos de formación de la Universidad de Ciencias Médicas en el contexto actual y fomentar la preparación de calidad de los futuros galenos, informó a la ACN George Velázquez Zúñiga, rector de la casa de altos estudios.

Precisó que los educandos desarrollarán actividades de pesquisaje, vigilancia de sectores vulnerables y dispensarización en áreas de difícil acceso, imprescindibles en su superación profesional.

Subrayó que la totalidad de los alumnos cuentan con opciones dirigidas proseguir el proceso docente educativo con las adecuaciones del calendario, donde la autopreparación resulta imprescindible.

Explicó que los estudiantes de tercero, cuarto y quinto años se incorporarán a los hospitales y policlínicos de los 14 municipios del territorio oriental y tendrán tutores asignados para el desempeño de su actividad.

En el caso de los alumnos residentes en zonas apartadas recibirán atención diferenciada en modalidad virtual, utilizando bibliografía digital, subrayó el rector.

Holguín cuenta con más de mil consultorios médicos con un programa diseñado capaz de responder al 70 por ciento de los problemas de salud en el primer escalón de la asistencia comunitaria.

Fuente: ACN

marzo 13, 2026 | Mirta Nuñez Gudás | Filed under: Atención Primaria de Salud, De la prensa cubana, Salud, Salud Pública | Etiquetas: , |

Las declaraciones difamatorias realizadas por la Encargado de Negocios de la Embajada de los EE.UU. en Barbados, que aparecen en el artículo publicado por Dominica News Online el 18 de febrero, tergiversan la cooperación médica internacional de nuestro país con falsedades.

Este ataque forma parte de una campaña de desinformación que distorsiona la naturaleza y niega el impacto de un programa humanitario reconocido por la comunidad internacional, incluidos organismos como la Organización Mundial de la Salud.

Es el uso recurrente de la mentira lo que ha llevado a que el Gobierno estadounidense no tenga credibilidad ni siquiera entre sus propios ciudadanos. No lo dice Cuba, según el centro de investigación con sede en los EE.UU., Pew Research, en diciembre de 2025, la credibilidad del Gobierno estadounidense se situó en un 17%.

Desde hace más de seis décadas, Cuba, un país con limitados recursos y bajo un cruel régimen de sanciones de la potencia más poderosa del planeta, ha demostrado que la verdadera solidaridad se traduce en hechos y es por eso que más de 605 000 profesionales cubanos de la salud han participado voluntariamente en misiones en 165 países, atendiendo a más de 2 300 millones de pacientes, realizando alrededor de 17 millones de cirugías, asistiendo más de 5 millones de nacimientos y salvando más de 12 millones de vidas.

En el mismo período, los EE.UU. han realizado intervenciones militares y operaciones encubiertas en más de 25 países. Diversas estimaciones sitúan en millones las muertes que han resultado de ese accionar bélico. Y aquí debemos incluir a las más de 100 víctimas mortales que entre finales de 2025 e inicios de 2026, bombardeos de EE.UU. han causado en aguas de nuestro mar Caribe, en lo que expertos de Naciones Unidas han definido como asesinatos extrajudiciales.

Este accionar diferente entre Cuba y los EE.UU. fue el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz quien mejor lo definió, Cuba envía “médicos y no bombas”.

La colaboración en el sector de la salud de Cuba ha sido reconocida incluso por voces dentro de los propios EE.UU.. En 2016, el entonces presidente Barack Obama, durante su visita a Cuba en 2016 expresó:

“Hemos desempeñado roles muy diferentes en el mundo. Pero nadie debería negar el servicio que miles de médicos cubanos han prestado a los pobres y los que sufren. (Aplausos). El año pasado, trabajadores de la salud estadounidenses -y militares de EE.UU.– trabajaron codo a codo con los cubanos para salvar vidas y acabar con el Ébola en África Occidental. Creo que deberíamos continuar teniendo esa clase de cooperación en otros países.”

No fue Cuba quien puso fin a esta cooperación, fue un nuevo Gobierno de los EE.UU. quien decidió escalar en el conflicto bilateral y en medio de la pandemia de la COVID 19 recrudeció sus sanciones y se negó incluso a vender a Cuba oxígeno para los pacientes de esta emergencia sanitaria.

Nuestra cooperación médica no es un negocio ni un instrumento de explotación. Es solidaridad que salva vidas y que responde a la solicitud de gobiernos soberanos cuyos pueblos se benefician de ella. La participación en estas misiones es voluntaria, regulada por acuerdos bilaterales, respetuosos de las leyes internacionales y de los derechos de los profesionales cubanos, quienes regresan a su país con reconocimiento social y profesional. Las acusaciones de “trabajo forzado” carecen de fundamento y responden a una narrativa política.

El Gobierno de los EE.UU. se dedica no solo a difamar, sino que amenaza a los países donde nuestros colaboradores prestan sus servicios. La historia demuestra que donde los EE.UU. logra imponer su voluntad y eliminar la presencia de colaboradores cubanos de la salud el resultado es el deterioro en la atención médica y el sufrimiento de la población.

Hoy, mientras el Gobierno de los EE.UU. continúa recrudeciendo su agresión y busca generar una crisis humanitaria al proponerse impedir que lleguen combustibles a Cuba, nuestro heroico pueblo resiste, sabe que no está solo pues cuenta con la solidaridad del mundo y no se rendirá.

marzo 13, 2026 | Mirta Nuñez Gudás | Filed under: #CubaVive, Bloqueo, Cuba, De la prensa cubana, Salud, Salud Pública, Solidaridad |

En la sala de neonatología del Hospital Ramón González Coro, centro de referencia nacional para la obstetricia y la neonatología en Cuba, la vida de los recién nacidos más vulnerables pende de un hilo cuando la electricidad falla. Este, a pesar de ser de los llamados “circuitos protegidos” no está libre de cortes, pero, aun así, la profesionalidad de los galenos se impone.

La doctora Niurka Moreno Obregón, jefa del servicio de Neonatología, no oculta su desvelo mientras describe la compleja y angustiosa rutina que enfrenta su equipo a diario. «El tema del bloqueo nos afecta desde todos los puntos de vista, pero la afectación principal hoy es el fluido eléctrico», sentencia.

El problema no es solo la falta de luz, sino la cadena de fallos que un simple corte puede desencadenar en un área donde la precisión tecnológica es vital. Cada vez que el circuito del hospital sufre una interrupción, una planta eléctrica envejecida debe entrar en funcionamiento. La ventana de tiempo para que lo haga de forma «perfecta» es de menos de diez segundos. ¿La razón? Los ventiladores pulmonares, muchos de ellos en estado de «obsolescencia tecnológica», carecen de baterías funcionales o directamente no tienen.

«Si la ventilación se interrumpe más de esos diez segundos, hay que establecerla de forma manual. Y los resultados no son los mismos», explica la especialista con la crudeza de quien conoce el precipicio al que se asoma.

Pero el daño no termina cuando la luz regresa. Los equipos, extremadamente sensibles a las fluctuaciones de voltaje, sufren un desgaste acelerado. «Los equipos de avanzada, que son costosísimos y tienen nuevas modalidades de ventilación, para un funcionamiento óptimo deben estar conectados de forma continua a la corriente. Con los cambios de voltaje, su batería se afecta y terminan dañándose. Algunos no los hemos logrado recuperar», lamenta.

El problema se extiende como una mancha de aceite por toda la unidad: incubadoras, pesas y más del 95% del equipamiento dependen de un fluido eléctrico que nunca es seguro.

Hoy, la preocupación se ha convertido en una sombra constante que acompaña cada guardia. «Ahora estamos muy preocupados por la situación actual del país. Si se afecta la electricidad, los hospitales tendrán que echar a andar con grupos electrógenos y el consumo de crudo será superior. Nos preocupa mucho», confiesa la doctora.

Detrás de los informes técnicos y los diagnósticos médicos, emerge el rostro humano de quienes libran esta batalla diaria. «Sentimos, por lo menos en lo particular, temor, angustia, todo. Son niños que están en nuestras manos. Nosotros somos los máximos responsables. La vida de ellos depende de lo que nosotros podamos ofertar. Da mucho temor, da angustia, da impotencia».

A pesar de los cortes eléctricos, el personal del Hospital Ramón González Coro ha logrado un milagro silencioso: ningún niño ha perdido la vida por estos fallos. Esta estadística no oficial es el más grande de los triunfos, y solo se explica por la profesionalidad a prueba de balas de médicos y enfermeras que, cuando la tecnología falla, ponen sus manos y su vocación al servicio de la vida.

El hospital sigue siendo centro de referencia nacional por el cuidado que le ponen sus responsables que sacan los recursos de donde no existen y por la legión de batas blancas que sostienen en sus manos lo más sagrado: la vida que apenas comienza. Mientras la luz vacila y los ventiladores luchan por no apagarse, ellos permanecen firmes, demostrando que siempre habrá un médico cubano dispuesto a encender la luz con sus propias manos.

Fuente: CUBAHORA